Construir una casa

Por Ricardo del Búfalo

@RDelBufalo

 

 

 

El viernes pasado una noticia me hizo llorar de tristeza. Porque recordemos que hay noticias que hacen llorar de alegría, como el nacimiento de un hijo. Pero el 6 de febrero me topé con todo lo contrario, con la muerte de un gran venezolano, el caricaturista Pedro León Zapata. Fue entonces cuando me llegó la idea perfecta para escribir este artículo que debía tratar sobre la “reconstrucción de Venezuela”.

 

Si nos atenemos al enunciado, la palabra reconstrucción implica que algo estuvo construido y luego se destruyó. Eso da la imagen de que Venezuela es como una casa que estaba construida y luego se demolió. En principio, con esa idea estoy en desacuerdo. No creo que se pueda decir que esta casa se llegó a construir. Yo diría, en cambio, que se hizo el plano y se reformó una y otra vez, se levantaron las columnas, se hicieron algunos cuartos y baños, pero nunca se llegó a culminar.

 

Entonces, creo que la discusión no se debe plantear en términos de reconstrucción, porque eso puede hacernos caer en el error de pensar que la casa estaba perfectamente hecha antes de que fuera demolida. Se engaña el que piense que el proyecto Venezuela fue concluido exitosamente.

 

Si me preguntaran cuál es el primer problema de este país, yo diría que la pobreza. Antes que la criminalidad, la crisis económica o la fuga de cerebros, el problema que impide la convivencia y el progreso de esta casa es que mucha gente se quedó por fuera y reclama su lugar dentro de ella. Por mucho tiempo, se desatendió ese problema, se descartó como prioridad. En consecuencia, nació el chavismo, ese movimiento político de masas populares que prometió meter a los excluidos dentro de la casa. Pero 15 años después, podemos ver que no funcionó la estrategia de entren que caben 100, en parte porque sacaron a los que en el pasado fueron excluyentes. El revanchismo no ayudó a solucionar el problema.

 

Y allí estamos estancados los venezolanos desde hace años: en el revanchismo. Se han formado dos bandos que quieren tomar las riendas del país. Uno dice tener un plano perfecto para construir una casa bella para todos; el otro no parece tener un proyecto, sino una estrategia para quitarle apoyo popular al adversario y así impedir que ejecute su plan de la casa. Y así es como estamos en una constante disputa coyuntural, cuando debería ser estructural.

 

¿Qué tiene que ver entonces Pedro León Zapata con todo esto?

 

Para empezar, Zapata fue un hombre de izquierda toda su vida. Siempre abogó por el derecho de los excluidos. Fue un fuerte opositor de los gobiernos de la cuarta república. Pero su clamor a favor de los pobres no hizo que perdiera la cabeza frente al chavismo. Nunca se dejó seducir por el poder, así se llamara socialista o neoliberal. Antes que nada, Zapata era un crítico cultural. Capaz de observar lo que estábamos haciendo mal y decírnoslo sin piedad.

 

La vida de este gran hombre nos invita a reflexionar. Zapata nunca estuvo con ningún bando, porque estaba consciente de que el problema no era quién tomaba las riendas, sino terminar de construir la casa.

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