Mientras la crisis política venezolana es el centro de los debates, la crisis económica avanza aceleradamente
Editorial #311: El hambre no negocia

hambre

AP/ Fernando Llano

Todo parece indicar que la farsa del diálogo encabezada por el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y acompañada por Unasur, tiene sus días contados.

En el momento en el que se filtró la noticia de que los mediadores elegidos por el gobierno habían auspiciado un encuentro en República Dominicana, al que representantes de cuatro partidos de la oposición asistieron, el engaño comenzó a terminarse.

El motivo fue uno muy simple: lo hicieron a espaldas de Venezuela. Si bien es comprensible que un proceso de negociación tan complejo como éste no sea público, tampoco su procedimiento puede ser en total oscuridad. Una cosa es que sea privado, otra que sea secreto.

Eso, y la poca representatividad de los dirigentes que acudieron a la cita, indignaron a la gente que pasa sus días con hambre y con miedo. Tanto, que los políticos tuvieron que dar inmediatamente explicaciones cantinflescas y, finalmente, alejarse de un diálogo que comenzó herido de muerte por tres razones básicas: i) no cuenta con mediadores confiables (Samper, Zapatero, Torrijos y Fernández son aliados del gobierno); ii) no contiene en su agenda temas fundamentales (como la libertad de los presos políticos y la realización del referéndum revocatorio este año); y iii) no incluía a actores con legítima representatividad del sector opositor.

Sin embargo, el amago de diálogo sí tuvo un efecto en la comunidad internacional. Uno muy negativo. Países como Argentina, que en su momento tuvieron una posición muy firme en relación a lo que ocurre en Venezuela y a la aplicación de la Carta Democrática Interamericana de la OEA, pudieron cómodamente adoptar una posición más débil en “pro del diálogo” al ver que la misma oposición venezolana exploraba esa opción.

No se puede justificar que los gobiernos de la región sean tan indolentes con la tragedia que vive Venezuela, pero también hay que admitir que al recibir mensajes tan confusos, es difícil exigirles que tomen posiciones más firmes de las que la misma oposición venezolana está dispuesta a asumir.

Mientras la crisis política venezolana es el centro de los debates en la región, la crisis económica avanza aceleradamente. En los últimos días se ha hecho evidente que los intentos de saqueo, las protestas y los enfrentamientos entre la gente y los cuerpos de seguridad son cada vez más frecuentes y más violentos.

A eso, se suman las brutales agresiones de hordas chavistas a dirigentes opositores, como la ocurrida el jueves pasado contra varios diputados de la MUD que exigían pacíficamente que el CNE haga su trabajo, entre los que el más dañado fue Julio Borges.

Esto debe preocuparnos a todos, porque se está creando un caldo de cultivo para una crisis social que nadie puede saber cuando comenzará ni cómo terminará, pero sí podemos tener la certeza de que sería el peor desenlace para el país.

Con todo lo que hoy pasa a nuestro alrededor, es cada vez más probable que los tiempos para la realización de un referéndum revocatorio no alcancen, no porque el CNE los altere a conveniencia del Ejecutivo, sino porque el hambre no espera.

Y, a diferencia de los mediadores extranjeros y de algunos políticos locales, el hambre no negocia.

Miguel Velarde
Últimas entradas de Miguel Velarde (ver todo)
(Visited 1.576 times, 1 visits today)

Guayoyo en Letras