Venezuela: regresar al mundo

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Siempre me anima pensar cómo será esa Venezuela que viene; un país ávido de crecer, de prosperar y de recuperar su preciada libertad y democracia. Todos quisiéramos que esa Venezuela llegase pronto, y muchos estamos luchando para que eso ocurra.

Siempre ha habido un área que ha llamado mi atención, no sólo por la formación académica, sino también porque aún anhelo con el día en que pueda formar parte de ella: el Servicio Exterior.

Sí, hoy es un anhelo que se pierde entre la nostalgia de lo que fue nuestra Cancillería y lo que aspiramos que sea muy pronto. Y digo que es un anhelo porque desde el año 2005 en nuestra Cancillería no se hacen concursos de ingreso para el Servicio Exterior. Desde entonces, por culpa de un régimen cuyo gobierno secuestró al Estado, la carrera diplomática se volvió una defensa de la revolución y no de los intereses de un país entero. Diplomáticos a la carrera y no de carrera son los que abundan hoy.

No entraré en los detalles de cómo se fue desmantelando la Cancillería venezolana. Ya mucho tenemos con saber que quedan pocos diplomáticos de carrera, formados en el período democrático, que prestan servicio en este régimen, que los cursos de formación diplomática son apenas de semanas y sin contenidos esenciales de la diplomacia, que las designaciones actuales obedecen a militares, familiares de funcionarios del gobierno y gente pocas veces preparada para representar al Estado venezolano.

Quisiera concentrarme en lo que debemos hacer, o al menos, lo que deberíamos comenzar a hacer, aunque ello implique diversos niveles de acción. Lo primero, por supuesto, es restituir la democracia, adentrarnos en un esquema de sociedad abierta, de libertad, de dinámica global. Ya basta que nuestros aliados sean Cuba, Irán, China o Rusia -cuyas referencias democráticas no son las más positivas-; es momento adentrarnos en los esquemas de desarrollo mundial que grandes países democráticos nos ofrecen. La libertad y el libre desarrollo deben ser nuestro faro, en un escenario de competitividad, porque si algo ha demostrado la libertad es que termina imponiéndose y siendo victoriosa.

En el plano político, urge la recomposición del Servicios Exterior, com esquemas de concursos de ingreso, meritocracia y ascenso. El Insitito de Altos Estudios Diplomáticos «Pedro Gual» requiere de una reforma curricular que avance en insertar a Venezuela en la dinámica del siglo XXI, con diplomáticos capaces y formados para tal fin. Lo mismo a nivel administrativo y de funcionamiento, de departamentos y de áreas estratégica, de defensa de la soberanía y preeminencia de la defensa de nuestra integridad territorial. Debemos recuperar nuestra capacidad negociadora y efectiva; volver a ser el país que éramos en esta materia.

La figura del Canciller debe ser nuevamente la referencia de la representación de nuestro país y su interés nacional, por encima de cualquier partido o tendencia. No se trata de tener una Canciller atorrante y que pegue gritos o amenace, sino que sirva a Venezuela. Los procesos de toma de decisiones deben ser revisados y adaptados a las nuevas demandas del mundo y de lo que el país requerirá.

Debemos repensar la Cancillería en términos de tecnología, geopolítica, estrategia, etc. ¿Cuáles serán nuestros aliados? ¿Hacen falta tantas embajadas o podemos agrupar varias? ¿En cuáles esquemas de integración vamos a permanecer y de cuáles nos vamos a ir? ¿A quiénes vamos a recurrir para que nos ayuden a reconstruir el país? Muchas cosas por pensar, incluyendo la diplomacia parlamentaria, la diplomacia de alcaldías y todo eso que nos hace un país moderno.

También, y sin detenernos, urge una reforma de la Ley del Servicio Exterior, que devuelva su gradeza y profesionalismo a la diplomacia, que hoy sirve al personalismo desinstitucionalizador y destructivo. La Cancillería venezolana debe ser nuevamente una institución de prestigio para nuestra nación.

Y quizás muchos se preguntarán por dónde empezar y con qué motivación, si los jóvenes se están yendo y son ellos quienes deben formarse para retomar la carrera diplomática y volver a profesionalizarla, sobre todo cuando dicha carrera puede tomar hasta 25 años hasta que se llega al rango de Embajador. Pues yo les digo que basta con ver a todos esos jóvenes que hoy participan en modelos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o de la Organización de los Estados Americanos (OEA), para mencionar algunos ejemplos. Allí hay preparación, debate, habilidades y todo lo que conforma una enorme fuerza creadora acumulada dispuesta a servir a Venezuela, por lo que su ingreso a la Cancillería y su formación en ella no serían tareas difíciles.

Empezar a formar hoy a los diplomáticos del futuro que se acerca es un buen punto de partida para recomponer nuestro Servicio Exterior. Todo está en querer avanzar, mientras nuestro país cambia y mientras nuestra realidad nos sigue exigiendo que cambiemos de rumbo.

Imaginemos un país conectado con el mundo y no aislado de éste. Imaginemos un país libre, con una sociedad abierta, con una economía próspera y con todos apuntando al progreso. Venezuela puede eso y más, y con nosotros será posible. Esa es nuestra tarea: hacer que Venezuela regrese al mundo.

Pedro Urruchurtu
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