¡No somos basura!

Indignación es la única palabra que se me viene a la mente después de todo lo que ha pasado en las últimas horas. Han sido días duros y muy importantes para el futuro del país, las protestas se mantienen tras casi un mes de su inicio. Hay caos, desespero, nerviosismo y zozobra, pero bajo toda esa capa de malestar, hay esperanza. El pueblo sabe que pocas son las movidas restantes para acorralar las piezas del oficialismo y hacerle el Jaque Mate a Maduro.

Como en toda lucha, ocurren ciertos sucesos que desafían toda lógica y Venezuela, tierra mágica de lo imposible, nos tiene acostumbrados a este tipo de situaciones. Presos que tienen absoluto control en las cárceles, un motor propagandístico que pinta un hermoso lienzo con una ciudad en la ruina como modelo, y un presidente que asegura un bienestar social proporcionalmente inverso al evidenciable estado de inconformidad y decadencia que muestra el pueblo.

Sin embargo, pese a creer estar preparado para cualquier imagen producida en suelo criollo, ni en mis más paranoicos pronósticos imaginé que el pueblo venezolano se vería en la obligación de introducirse en las contaminadas aguas del Río Guaire para resguardar su integridad física.

Desde que “Caracas es Caracas y el resto es monte y culebra”, el Guaire se ha mantenido como una insignia de la capital. Un río que atraviesa todo el estado, y que las incompetentes mentes del pasado decidieron convertir en el depósito de los desperdicios y desechos de toda la población caraqueña.

Desde el siglo XX, la cuenca ha sido un reflejo del desarrollo social en Venezuela. Cada vez se contamina más y más, sin que a nadie le importe realmente. Sin embargo, todo cambió cuando Hugo Rafael Chávez Frías llegó a Miraflores.

Esta emblemática figura prometió un saneamiento sociocultural junto con el del Guaire. En el año 2005 inició un proyecto junto a Jacqueline Faría, por aquel entonces Ministra del Ambiente y los Recursos Naturales, con el fin de limpiar el río invirtiendo presuntamente una cantidad estimada de 14 mil millones de dólares. Chávez aseguró que el pueblo se bañaría en el Guaire. ¡Ese hombre sí cumplía sus promesas!

El resultado fue el evidente. El dinero se extravió, los equipos se devolvieron y el trabajo se abandonó. La limpieza del río fue una ilusión, con tanto sustento como la verborrea socialista expuesta a lo largo de los últimos 20 años.

Contra todo pronóstico, doce años después de aquel anuncio, el legado de Chávez se cumplió. El heredero del imperio chavista, mediante una represión excesiva e innecesaria, arrinconó a los manifestantes al río que su predecesor no saneó. Empujó a su pueblo a un balneario prohibido e insano, pensando que así se aplacaría la ira y la convicción de un pueblo cansado de él y de su concepto político.

Para adornar la barbarie y darle una connotación aún más preocupante. La prueba de que no se trató de un exceso no autorizado promovido por la saña y la malicia de unos malévolos cuerpos de seguridad, la aportó horas después el mismo Presidente de la República al no repudiar los hechos, sino más bien dar retweet a una publicación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) con la frase: “A Dios lo que es de Dios. Al César lo que es del César. Al Guaire lo que es Guaire”.

No creo que se requiera de experticia en semiótica de la imagen para entender a qué se refería. La interpretación es obvia: El PSUV considera que los manifestantes son excremento, desechos pertenecientes al río Guaire. Lo más preocupante es que el Presidente de nuestro país, querido u odiado, comulgue con este pensamiento y piense así del pueblo al cual representa.

Pero como los hechos tienen más de una manera de interpretarse, yo opto por coincidir con la frase “Al Guaire lo que es Guaire” otorgándole una perspectiva diferente. A diferencia de las mentes mediocres que ven nuestro río como un basurero, yo lo veo como un símbolo de Caracas. Nosotros sí pertenecemos al Guaire y tenemos mucho en común, podemos compararnos con un río herido y maltrecho que ha sufrido las consecuencias de las malas gestiones, pero que no por eso deja de tener la esencia de Venezuela, algo que perdieron hace mucho aquellos que yacen en el poder.

Si Maduro quiere denigrar a un río y a un pueblo porque no le son de utilidad, que lo haga. Eso no cambia el hecho de que lejos de enfriar la calle, el río le otorgó un peso más a la causa. Así como Moisés cruzó el Mar Rojo para liberar al pueblo israelí, hoy la imagen de los manifestantes cruzando el Río Guaire son una postal de la lucha, un futuro recordatorio del recorrido realizado para conseguir el cambio.

Y es que, a partir de ese hecho, todo ha empeorado para el oficialismo. El pueblo cada vez deja salir más a flote esos sentimientos reprimidos tras años de impotencia. El dolor, la tristeza y la rabia se convierten en motivación, en una determinación implacable que ni el Guaire, ni las tanquetas, ni las lacrimógenas, ni los perdigones van a aplacar. Venezuela quiere cambio y no descansará hasta obtenerlo, de la misma forma en la que nada detiene al Guaire cuando se desborda a causa de las lluvias.

Cierro con una frase que leí aquel 19 de abril en una red social: “Hoy la dignidad estaba en el Guaire y el excremento en el poder”.

 

Brian Contreras

Brian Contreras

Periodista en formación. Amante de las buenas historias en cualquier medio. Rockero y Friki. Tengo una ligera obsesión con un equipo de fútbol. Tw/Ig: @DieTurkish
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