¿Libertad o sumisión?

De acuerdo a Aristóteles, el hombre es un ser social, y prueba de esto son su lenguaje e impulso natural hacia la conservación y reproducción de su especie, por lo que procura unirse a otros, en primera instancia formando una familia, y luego con muchos hasta formar una ciudad o polis (en la antigua Grecia, Estado autónomo, constituido por una ciudad).

En este sentido, nos dice Aristóteles, el hombre necesita de la sociedad para satisfacer sus necesidades, por lo que es preferible que viva en comunidad con otras personas; por lo tanto, el Estado es una comunidad de ciudadanos (conjunto de hombres libres) que participan en asuntos políticos, administración de justicia y gobierno que permiten regular la convivencia, y cuya finalidad es promover la felicidad, el bien común.

Si pensáramos en una concepción moderna del Estado, podríamos decir que este consiste en una forma de organización política dotada de poder soberano e independiente, que integra a los ciudadanos de un territorio; una organización social, política, coercitiva y económica, conformada por un conjunto de instituciones, que tienen el poder de regular la vida en sociedad.

En esta línea de pensamiento, si consideramos que el hombre es el sujeto y objeto de la política, podemos afirmar que esta es eminentemente ética, dado que tiene como fin la realización personal y contribuir al desarrollo de los demás. La ética remite al recto obrar de las personas y concierne sobre todo al fuero interno de los individuos, por lo que no depende exclusivamente del orden jurídico vigente; lo que en otras palabras quiere decir, el obrar ético es un acto libre orientado al bien, que consecuentemente implica responsabilidad personal. Por lo tanto, la ética no es algo impuesto desde afuera, ni consecuencia exclusiva de un convenio social, que podría devenir en relativismo, donde lo bueno o malo dependería de las preferencias temporales de la mayoría o las leyes vigentes del momento.

El actuar ético del político implica que este debe actuar con inteligencia, en contraposición a dejarse llevar por impulsos y emociones, y además debe tomar en cuenta los intereses de los demás, en contraposición a actuar de manera egoísta. En vista de esto, la política debe tener como fin supremo el servicio a la persona humana, y por esta razón, los políticos deben otorgar primacía a la verdad sobre el poder, esforzándose por ser coherentes moralmente para hacer el bien y promover la realización del hombre; teniendo presente que las buenas intenciones no son suficientes, por lo que es un deber esforzarse por usar medios eficaces para lograr resultados tangibles; por lo tanto, es imperativo que cuente con una visión clara de los objetivos que desea alcanzar, y en función de estos, contar con una estrategia que le permita ser eficaz en la procura y obtención de resultados. No se puede perder de vista que los argumentos de eficiencia son argumentos éticos, y es erróneo contraponerlos.

En Venezuela, estamos asistiendo a la consolidación del modelo totalitario chavista, tal como lo describe Hannah Arendt, en “un Estado altamente burocratizado, en donde se superponen Estado-Gobierno-Partido; que no se limita sólo a destruir las vías de acción política y el orden jurídico constitucional; sino que destruye también las instituciones que entrelazan las relaciones privadas de los individuos, enajenándolos del mundo y de su propio yo… buscando la opresión total de la población a través del terror” (Los orígenes del totalitarismo); y en este terrible contexto, observamos estupefactos que la oposición política al régimen no cuenta con un plan o estrategia unitaria de lucha política contra el afán totalitario del régimen. Situación que, sin duda se debe calificar como irresponsable e inmoral en algunos casos, si tomamos en cuenta que una parte importante del estamento de oposición política, parece estar colocando sus intereses personales (potenciales cargos políticos a mediano plazo) por encima del bien común, al no mostrar sentido de urgencia, ni la firme disposición de promover o ser parte genuina del equipo unitario, que defina un plan de rescate de emergencia ante el yugo impuesto por la tiranía a millones de venezolanos.

En otras palabras, la situación que viven los venezolanos es similar a la del secuestro de un ser querido. Si Ud. está desesperado, haciendo todo lo posible en las próximas horas, hablando con quién tenga que hablar, buscando los recursos que hagan falta, dedicado en cuerpo y alma a diseñar el mejor plan de rescate que sea posible, sin rendirse ante el secuestrador, con seguridad Ud. quiere la libertad de su ser querido, y está actuando como corresponde, éticamente. De lo contrario está apostando a la sumisión, que en este caso sería no ver más a su familiar, o lo que es peor aún, estaría apostando a su muerte, si se toma en cuenta que el secuestrador en las últimas horas ha manifestado no estar más interesado en el rescate y lo ha amenazado con desaparecer a la víctima; y en ese sentido está dando pasos acertados y sincronizados entre sus miembros, con lo que parece estar garantizando el éxito de su operación.

Hugo Bravo

Hugo Bravo

Profesor de ética empresarial Universidad Monteávila. Candidato al PhD en Economía (Swiss Management Center), Maestría en Filosofía (Universidad Santo Tomás), Maestrías en Administración de Empresas y en Finanzas (IESA), Ingeniero Civil (UCAB).
@hbravoj
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