Aliados en la muerte

Apenas comenzó el debate electoral manifesté que no iba a opinar sobre el tema. Primero, porqué está implícito un falso dilema; también hay que agregar la sospechosa torpeza en la forma que se han asumido y anunciado las decisiones, sumada a la vulgar manipulación del proceso ejecutado en ese nido de víboras que denominan CNE. De manera que dedicarse a esos menesteres, a la par de una pérdida de espacio valioso, implica caer en el juego del régimen. Tal decisión me lleva a señalar otros escenarios, como la silente alianza entre el fundamentalismo islámico y corrientes ideológicas que se consideraban extintas pero que hoy vuelven a sacudir al mundo; en lo que más me interesa, también a Venezuela.

Conjuntamente, el control que ejerce el narcotráfico en el país, el cómplice proceso que ejecuta Santos y sus secuelas en el desplazamiento de disidencias de las FARC hacia territorio nacional, aunados a la presencia de células fundamentalistas patrocinadas por factores dominantes en nuestro proceso, constituyen una poderosísima alianza mortal que condena al fracaso a cualquier intento de restauración democrática.

En pocas palabras, supongamos que se iluminara el entendimiento de la dirección política y se diera una coyuntura de definiciones que propiciaran la salida de Maduro, inmediatamente nos encontraríamos en una encrucijada: Seguir un camino lento de ajustes dirigidos por personeros vinculados al actual proceso de destrucción nacional que seguirían usufructuando el poder; o, un desplazamiento brusco del centro de mando que tendría que afrontar, como prioridad, la brutal violencia de la ”Alianza de la Muerte”. Este último, sería un escenario difícil de describir pero podría semejarse a la guerra particular que asumió Pablo Escobar Gaviria contra el Estado colombiano hasta el día de su muerte.

Ya he escrito sobre la traición implícita en los acuerdos que suscribieron el binomio Santos-FARC y sus nefastas consecuencias para Venezuela. Lo que no parece muy evidente es el tema del fundamentalismo actuante en Venezuela. El autodenominado califato islámico, identifica con las siglas ISIS, es una interesantísima y novedosa formula de organización política con pretensiones de convertirse en Estado que supone una revisión de los más viejos conceptos de derecho constitucional. Sería importante que nuestras universidades ofertaran en sus niveles de post grado, inclusive doctorado, un programa que estudie esta fórmula en la que confluye un poder político, el control de un territorio y “un pueblo” que acepta esa soberanía, como fenómeno político particular con fundamental incidencia en la subsistencia de la democracia occidental. Pero estamos ocupados en debates más relevantes.

Hay que señalar que los que han desarrollado el esquema de terror mundial se apoyan en una militancia suicida que los reconoce como poder político asentado en territorios definidos; específicamente, áreas de Iraq y Siria. Pero el califato ha perdido terreno y está a punto de ser expulsado de sus “espacios de confort”. Las fuerzas de seguridad iraquíes han recuperado la parte mayoritaria de su territorio y cercan al-Raqqah. El gobierno Sirio desalojó a los grupos rebeldes de Aleppo y, al sacudir a ISIS en Palmyra, los desconectan de la frontera Turca. Lo que podría ser considerado un éxito de la coalición internacional que propició el Departamento de Estado de USA, el 22 de marzo de 2017, tendrá inmediatas consecuencias en el desplazamiento de las operaciones de ISIS  hacia Libia, Yemen y Egipto, y no hablar de Jordania por su debilidad económica. Pero el proyecto de crear una completa sociedad musulmana basada en la literal interpretación del Corán y el seguimiento radical de la palabra del profeta Mahoma trasciende el control de los países con mayoría de esa religión.

También parece un hecho consumado la decisión de enfocarse en ataques terroristas en el Medio Oriente y Europa con estilos poco convencionales, como sucedió en Westminster Bridge en marzo de este año y acaba de ocurrir en Barcelona. Tampoco lo que pasó en Paris, Bruselas, Orlando, Estambul y Kabul puede ser considerado como obra de “lobos solitarios”. Ya desde el 2015, ISIS había convocado la “Guerra Santa” contra USA y Rusia por sus campañas para neutralizarlos en Iraq y Siria. Y no hay que desestimar que la profundización de sus ataques tiene como incentivo buscar el predominio sobre Jama’at al-Tawhid wal-Jihad, mejor conocido como Al-Qaeda, de la que es rival desde febrero de 2014. Lo que quedó comprobado con el ataque al Parlamento Iraní de junio pasado.

Lo importante es que la neutralización o derrota de esos grupos extremistas implica el necesario desplazamiento hacia otros territorios. Y así como el narcotráfico instala fórmulas que derivan en Narcoestado, en sociedades que sufren debilidad institucional, el fundamentalismo islámico se inserta en comunidades que sufren el impacto cultural del materialismo consumista o con alto grado de marginalidad. De manera que se hace previsible un cambio de estrategia que implica nueva perspectiva y posicionamiento de la mira en otros blancos, lo que hace que las potencias occidentales estén atentas para contrarrestar nuevas ofensivas del terror.

Y es que, ante la pérdida de sus territorios, ISIS se hace más peligroso e impulsa el activismo de Al-Qaeda. Otro aspecto importante es que necesariamente, entre aquellos que huyen de conflictos como el que se desarrolla en Siria, se encuentran ciudadanos del Califato protegidos con el status de refugiados. Esta simple suposición ha justificado las reservas de países miembros de la Unión Europea en el cumplimiento del plan humanitario, y definitivamente impacta en la política interna de todos los afectados.

Pero parece que en el único país del mundo donde este tema no tiene incidencia es en Venezuela. Y que no se diga que es por la lejanía o lo irrelevante que resulta para nosotros ya que Mike Pompeo, director de la CIA, aseguró que Venezuela representaría una amenaza para el Gobierno norteamericano por la presencia de células cubanas, rusas, iraníes e integrantes del grupo islámico “Hezbollah“, en el programa estadounidense “Fox New Sunday”. No se trata de simple retórica, un desliz o amenazas irresponsables de un funcionario de tercera categoría como sucede todos los días con los teatrales actores de la comedia nacional. Menos aun con el comentario que dejó salir El Pentágono sobre el diseño para la intervención bajo la figura de “Fuerzas de Paz”.

Pompeo agregó que “se están tomando muy en serio” la situación que afronta Venezuela en la actualidad, principalmente porque considera que en el país hay presencia de grupos paramilitares armados. Y para que no quedaran dudas, Mike Pence se paseó por América Latina no para hacer consultas sino para notificar las acciones próximas, una derivación necesaria de la declaración de Donald Trump sobre la posibilidad de una acción militar en Venezuela.

Es elemental, los tenebrosos escenarios que se nos presentan a futuro, por obra y gracia de las acciones de un Estado Forajido que subyuga y aplasta a la sociedad democrática, se encuentran sostenidos no solo por el problema interno que vivimos, ya de por si suficientemente graves, sino por el alerta internacional del alineamiento del régimen de Maduro con formas fundamentalistas moribundas que, por esa misma razón, constituyen el máximo riesgo que hoy corre la humanidad. Mientras existen factores de todo tipo preparándose para convertir a nuestra patria en un teatro de operaciones militares, Maduro y sus secuaces celebran su último fraude mientras una FAN desmantelada asume la autoría. Todos están bailando la danza de la muerte.

Tulio Alvarez

Tulio Alvarez

Jefe de Cátedra de Derecho Constitucional de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV.
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