“La diferencia entre lo que eres y lo que quieres ser se encuentra en lo que haces” Anónimo.
Objetivo: Libertad ¿Cuál es el plan?

Sabemos por la evidencia empírica, y en muchos casos por experiencia propia, que para alcanzar algún logro debemos tener un plan, y, por lo tanto, para maximizar nuestro chance de ser exitosos, hay que planificar.

La planificación es un proceso dirigido a producir un determinado estado futuro, al cual se desea llegar y que no se puede conseguir a menos que previamente se emprendan las acciones precisas y adecuadas para el logro del mismo.  En otras palabras, la planificación es un modelo sistemático de actuación que se elabora anticipadamente para dirigir y encauzar la acción humana individual o grupal, por lo tanto, requiere tanto de la definición de una estrategia como de la ejecución de la misma, para efectivamente lograr el estado futuro trazado de la manera más óptima posible.

Por su parte, se puede entender la estrategia como la determinación de los fines y objetivos de una persona u organización en un periodo de tiempo determinado, la adopción de lineamientos de acción y la asignación de los recursos necesarios para alcanzar esos fines. En otras palabras, la estrategia es el conjunto de objetivos dentro de un determinado plazo de tiempo, alineados con la visión (lo que queremos ser), la misión (lo que hacemos), los valores (en lo que creemos) y los fines (para qué existimos) que tengamos como organización o como persona, que, al ser alcanzados, tendrán un efecto positivo en nuestro desempeño y necesidades.

Dicho esto, y aunque todo lo anterior parezca obvio, es más común de lo que se puede imaginar encontrar personas y organizaciones que no tienen claro lo que quieren y por lo tanto carecen de un plan; o teniendo claro lo que quieren, no tienen claro cómo alcanzarlo, siendo ambos casos motivo de frustraciones e infelicidad. También ocurre que, por el hecho de tener un plan, incluida la estrategia apropiada, muchos piensan que se tiene garantizado el éxito, y es aquí donde se llevan la sorpresa que, sin la efectiva ejecución de la estrategia, no podemos obtener los resultados deseados y alcanzar las metas y logros planteados.

Por estas razones, las grandes ideas o deseos que no se conviertan en pasos concretos para la acción, serán un sin sentido. Sin la ejecución, el pensamiento innovador se desorienta, el aprendizaje no agrega valor, la gente no alcanza sus metas y los cambios profundos fracasan en sus inicios. Es más, lo que obtienes es un cambio para empeorar, porque el fracaso agota las energías personales y las de tu organización.

Más aún, ninguna organización puede cumplir sus compromisos o adaptarse bien al cambio a menos que todos sus líderes practiquen la disciplina de la ejecución en todos los niveles. La ejecución tiene que ser parte de la estrategia y las metas de la organización. Es el eslabón faltante entre las aspiraciones y los resultados; y en ese sentido, es una tarea importante, de hecho, la más importante del líder. Si no sabes cómo ejecutar, todo tu esfuerzo como líder siempre será menos que la suma de sus partes.

Por lo tanto, cuando una persona u organización ejecuta sus planes de la manera correcta, sus miembros no se convierten en víctimas de errores, ya que, de presentarse, se minimizan sus potenciales impactos. Así como tampoco terminan de rodillas cuando ocurren cambios inesperados en el entorno.

El ambiente de los negocios y la política son siempre duros, por lo que es frecuente observar que la diferencia entre un político o una compañía y su competencia, consiste en su capacidad para ejecutar. Si tus competidores están ejecutando mejor que tú, te están derrotando aquí y ahora, y tus consumidores o seguidores no van a esperar para ver si tu elaborada estrategia funciona o no.

La ejecución marca el paso de todo lo demás. Te permite analizar lo que está ocurriendo en tu entorno. Es el mejor medio para lograr los cambios y la transición. Las personas y organizaciones orientadas a la ejecución cambian más rápidamente que las demás, porque están más cerca de la situación.

Pensando en nuestro país y considerando que los ciudadanos venezolanos clamamos a gritos: “queremos libertad”, ya que la realidad para millones de venezolanos es insostenible; y, además, tomando en cuenta todo lo dicho anteriormente, estamos obligados a preguntarnos con toda franqueza: ¿Tenemos un plan para obtener la libertad? ¿Para salir de esta tiranía opresora? La respuesta sin temor a equivocarnos es no; ya que las elecciones regionales, único plan conocido y en ejecución de la oposición, no resuelve ninguno de nuestros problemas como individuos, ni como país. No nos devuelve la dignidad como personas, ni nos ayuda a recuperar la libertad. Peor aún, nos lleva directo a cumplir el plan del régimen opresor: lograr nuestra sumisión; que, a la luz de los acontecimientos de los últimos días, sí está siendo ejecutado exitosamente.

De ahí que hagamos el llamado a no esperar más. Tenemos, como seres humanos, el imperativo moral de luchar por nuestra libertad, por nuestra sobrevivencia, y para esto debemos organizarnos y definir nuestro plan de acción; que por un lado no es otro que retomar el camino de la resistencia civil, que sabemos ha sido exitoso; y por el otro, seguir sumando toda ayuda internacional que nos ayude a aislar a la tiranía y a recuperar la libertad; en otras palabras, a salir de este secuestro en que vivimos en la actualidad.

Hugo Bravo

Hugo Bravo

Profesor de ética empresarial Universidad Monteávila. Candidato al PhD en Economía (Swiss Management Center), Maestría en Filosofía (Universidad Santo Tomás), Maestrías en Administración de Empresas y en Finanzas (IESA), Ingeniero Civil (UCAB).
@hbravoj
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