¿Por qué no votaré en las Regionales?

En las vísperas del pasado 16 de julio fue publicado un escrito en el cual explicaba las razones que me llevaron a participar en el plebiscito. Fue menester para mí hacerlo por razones diversas, pero sobre todo para justificar mi decisión de votar aun cuando me parecía un sinsentido organizar una consulta popular para respaldar una serie de mandatos que la sociedad civil ya había dado en las elecciones de la actual Asamblea Nacional, de forma explícita e inequívoca,

Hoy nos vemos en una diatriba muy distinta. Más bien una encrucijada, para la cual de entrada manifiesto no seré partícipe.

A manera de prolegómeno

Llegan momentos en los cuales cualquier constructo del intelecto se hace inútil frente a los clamores de la consciencia. Hoy yo no sigo más lo teóricamente conveniente, sino sólo aquello que me permita dormir en las noches. Avalar algo que sabes malo en busca de un supuesto bien superior ni ha funcionado, ni funcionará.

Con el plebiscito dimos un mandato desoído

Si es por votar, yo ya voté. Lo que tenía que decirle a la dirigencia ya se los dije, y doblemente: votando en las elecciones de diputados, y participando en el plebiscito. Mi mandato como ciudadano fue, en resumidísimas cuentas, desconocer toda autoridad emanada de un gobierno que considero ilegítimo y criminal. Sin medias tintas. Sin letras chiquitas. Me lo han preguntado mil veces, y mil veces lo he dicho. Lo reafirmé con las tres preguntas plebiscitarias, como si en vez de diputados tuviéramos tarados; y como ciudadano grité mi posición, mostré mi bandera, y le exigí a mis representantes que me cumplieran ¡Y mi mandato, nuestro mandato ciudadano, fue ignorado, de manera esquizoide, burlesca y canalla!

Cuando dije que estaba en 350, no mentí

Siempre me escandalizaron los efectos que tendría en la moral del país una estrategia muy castrista que Chávez uso constantemente: la mentira descarada. La primera enorme fue cuando en entrevista con Jaime Bayly (año 1.998) dijo que él no era comunista, y criticó duramente al castro-comunismo y al régimen de Fidel. Las mentiras descaradas fueron de las mellas chavistas que más socavaron la moral de la sociedad, y nos malacostumbraron a aceptar como natural la deshonestidad de nuestros dirigentes.

Como ciudadano, no me dejé acostumbrar¹. No tolero la mentira. Cuando la dirigencia en la figura de los diputados se declaró en 350 yo lo hice también. Pero en mi caso no fue de la boca para afuera.

Realmente desconozco a este régimen. Están usurpando el poder. No deben estar allí. Todo aquello emanado desde el Ejecutivo y los demás poderes es ilegal. El sistema se encuentra al margen de la Constitución.

Y en este orden de ideas, unas elecciones convocadas por el Consejo Nacional Electoral carecen de legitimidad. Tibisay se encuentra usurpando un cargo. En pocas palabras: en CNE es un barco pirata.

«No podemos abandonar los espacios…»

He escrito sobre la polarización como herramienta de manipulación de las masas hasta la saciedad.

Cuando nos ponen en la diatriba de si hay que votar o no votar, nos entrampan. Igualmente cuando nos piden escoger entre «abandonar» o «conservar» los espacios. Entre luchar o no luchar (la bendita manida matriz de que votar es hacer, y no votar es quedarse en la casa).

En una tiranía, los planteamientos de esa naturaleza buscan sólo una cosa: paralizar a la sociedad. Generalmente se aplica esta estrategia cuando las masas se salen de control y amenazan con desplazar del poder a los gobernantes. El otro momento en el que es ampliamente aplicada es durante procesos electorales: se obliga a las masas a escoger entre dos muy malas opciones².

Si conserváramos algo de cordura y tuviéramos un poco de consciencia nos daríamos cuenta que no hay dilema alguno entre votar o no votar. Es como si nos preguntaran, después de más de tres meses de despiadados ataques desde el Régimen a la sociedad civil, si es mejor el quesillo o el bienmesabe.

La respuesta a la falsa diatriba debe venir de la cordura y de la ética. La respuesta a la pregunta es una afirmación y una orden ¡Vete YA! (a Maduro y su combo) y ¡Obedezcan el mandato que dimos con el plebiscito YA! (a los MUDiputados). Cualquier atajo a estos dos imperativos es producto de la manipulación de las masas por parte de los dirigentes políticos, y prospera en el (por cierto) lógico desequilibrio mental en el que nos ha sumido (más aún) la dictadura castro-chavista.

«Pero es que los intelectuales dicen que…»

Los intelectuales son seres humanos. Parece una afirmación tonta, pero necesarísima en un país en el que el mesianismo es mal endémico.

Como buenos seres humanos, los hay grandes investigadores, y mejores personas. Pero también los hay rastreros e interesados. Y a veces incluso falsos intelectuales.³

Pero hay que entender que las luces no siempre son cordura. Un muy letrado puede equivocarse. Y no siempre el error se deba a una minusvalía ética, pero otras muchas veces sí.

…pero no podemos traicionar a nuestros dirigentes

Nuestros dirigentes no son nuestros nada, empezando por ahí. Ellos son de ellos mismos y de sus propios intereses. Otra cosa muy distinta es cuando ha habido concordancia entre sus acciones y nuestros intereses.

Está más que demostrado que el grueso de la dirigencia no está con sus electores. Un dirigente electo para ser diputado, si estuviera comprometido con su alta investidura, no tendría el descaro de lanzarse a gobernador ¡Sin más! Sobre esto no hay nada que discutir. Cada quien es libre de fantasear y serenarse con afirmaciones imaginarias, con afectos inventados, de confiar en quienes le han fallado. De allí a defender lo indefendible hay un abismo que separa la cordura de la locura.

Ok. Pero si votamos será más difícil que hagan trampa

Ese es otro argumento manipulador. Es especulativo decir que si la gente vota masivamente es más difícil para el Régimen hacer trampa.

Lo que no es especulativo y sí está demostrado hasta la saciedad es que esto es una tiranía. Y pase lo que pase, votemos o no votemos, el Régimen permanecerá en el poder.

Si usted «elige» a un candidato para que sea gobernador votando masivamente, estará escogiendo al candidato que Maduro aceptó como válido (es decir, usted estará eligiendo no al candidato de su preferencia, sino a uno impuesto, al «menos malo» de entre varios). Este personaje, que NO ES el que usted quiere o hubiese querido, por más enferma que esté su psique pensando lo contrario, gobernará no para usted, sino para Maduro y Raúl, según sus reglas y directrices. Y si se sale de la línea le quitarán las migajas de poder que le habían dado, o lo enjuiciarán, o lo desterrarán.

Realmente usted no elegirá a nadie, no tendrá representante alguno, no tendrá nada.

¿Y «qué propones»? ¿Que no haga nada?

Hay algo que yo no haré: alcahuetear a una dirigencia podrida, y a Maduro.

Votar, en estas elecciones en particular, es arrodillarse al Régimen.

Resistirse, aunque usted no lo vea, es hacer algo.

Resistirse es negarse a ser parte del sistema. De la dictadura. De la tiranía.

Y más allá de todo esto, aunque usted no lo crea, ser ético es una forma de resistencia.

¹Quizá el mayor acto de resistencia ciudadana sea el no dejarse acostumbrar, el no dejarse imponer un antivalor.

²¿Por qué creen ustedes que Ismael «Maisanta» no termina de desaparecer?

³El Prof. Elías Pino fue el que más me costó aceptar en su enorme dimensión intelectual, y su insignificancia moral, arrodillado por la promesa de un ministerio en el gabinete imaginario del eterno candidato Capriles. Ejemplos, sobran.

Jose Arcadio Hernandez
Jose Arcadio Hernandez

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