Economía para la gente
¡Pues que nos aumenten el salario! (I)

Es muy común escuchar que el salario no nos alcanza para vivir… y es cierto: no nos alcanza para cubrir nuestras básicas necesidades y menos para ahorrar persiguiendo alguna meta familiar o de negocio.

Entonces, ¿Cómo lo resolvemos? ¿Qué garantiza que la remuneración que percibimos por nuestro diario esfuerzo, nos alcance para cubrir nuestras metas personales y familiares?

Podría pensarse que una forma, muy sencilla además, de resolver el problema que nuestro salario sea insuficiente es que el gobierno decrete un aumento salarial en el mismo porcentaje en que el costo de la vida suba. Es decir, por ejemplo: si la inflación de un período determinado fuese 100%, entonces el gobierno con simplemente decretar un aumento salarial del 100%, para el mismo período, haría que mantuviéramos nuestra capacidad de compra. Ilustrémoslo con unos sencillos cálculos:

Supongamos que sólo compramos un único producto, cuyo precio sea 10 bolívares cada unidad, y que nuestro salario inicialmente equivale a Bs. 1.000 mensualmente. Con estos datos nuestra capacidad de compra mensual se traduce en 100 unidades de este producto. Dicho de otra manera, mi salario sólo me permite adquirir 100 unidades al mes de dicho producto.

Ahora imaginemos que el precio del producto pasa de Bs. 10 a Bs. 20 en un período determinado, es decir, se da una inflación de precios del 100%; se duplicó el precio. Esto hace que nuestra capacidad de compra se reduzca a la mitad: ahora sólo puedo adquirir 50 unidades del producto al mes. Por lo tanto, para mantener mi capacidad de compra sólo haría falta que el gobierno decretara un aumento del 100% de nuestro salario, pasando este de Bs. 1.000 a Bs. 2.000 mensual, duplicándolo, haciendo que nuestra capacidad de compra retorne a su posición inicial de permitirme adquirir 100 unidades del producto.

A simple vista se ha resuelto el problema, sencillamente. Pero es eso: a simple vista y a cortísimo plazo.

Hagamos algunas consideraciones a ver si realmente se ha resuelto el problema, ya que es muy común escuchar esta propuesta entre nuestros amigos, familiares y conocidos.

Lo primero es que realmente el índice de inflación, o de variación de precios, que emite la autoridad monetaria de cualquier país (por ejemplo un banco central) es una inflación que es de todos y de nadie a la vez; es decir, se trata de la variación de un precio promedio ponderado de una cesta de productos a los que se le sigue el comportamiento, pero, como es de imaginarse, esa cesta de productos lo más probable es que no coincida con la cesta de productos de cada uno de nosotros, con nuestra individual o familiar cesta de consumo. Esto pasa con los promedios, que son de todos y de nadie a la vez.

Por lo tanto, si el gobierno aumenta el salario según ese índice de inflación, algunos estarán satisfechos y otros no; a algunos su capacidad de compra más que se les repondrá, y a otros no les alcanzará el nuevo salario.

Pero obviemos esta realidad, sobre todo porque argumentaríamos que eso, el promedio, es mejor que nada.

Pero lo fundamental es que esa muy sencilla propuesta no soluciona el problema realmente; sólo en un cortísimo plazo, si acaso. Y la razón es porque el salario ahora más alto, a su vez representa mayores costos para las empresas, es decir, se ha encarecido el trabajo, por lo que las empresas tenderán lógicamente a trasladar esos mayores costos a los precios de los productos que venden, causando un alza en los precios, es decir, se materializa la inflación, se encarece la vida.

Otro efecto pernicioso de esto es que al encarecerse el trabajo y las empresas no poder aumentar sus precios para mantener rentabilidad, estas pierden estímulo a contratar más personas y al contrario, tal vez tendrían que cargar con más trabajo a los empleados, en busca de eficiencia, o peor, reducir personal materializándose el desempleo.

El aumento del salario por decreto, muy probablemente termina causando desempleo y desestimulando la contratación; o en el mejor de los casos, no hay despidos pero se alienta la exigencia a los ya empleados.

Pero uno pudiera decir que para evitar los despidos el gobierno reacciona decretando la inamovilidad laboral, o sencillamente que no se pueda despedir a nadie. Esta decisión encarece aún más al trabajo, desestimulando la contratación.

Como se ve, en el proceso a corto plazo hay ganadores y perdedores: ganan los que ya están empleados, porque son beneficiados y protegidos, pero pierden los que están buscando trabajo, los ya desempleados. Ganan los ya empleados porque el gobierno obliga legalmente a que las empresas les paguen más, pero pierden los que salen cada día a buscar trabajo, pierden las empresas, y los que pretenden emprender y generar empleo, son desincentivados. A largo plazo, perdemos todos.

Suelen verse los beneficios de los que resultan favorecidos, pero son más difíciles de ver las consecuencias a mediano y largo plazo.

Entonces, ¿no hay salida? ¿Viviremos eternamente en ese círculo vicioso inflación-caída del poder adquisitivo-demanda de mejores condiciones salariales-aumento de salario-inflación?

… intentemos desarrollar la respuesta a esta interrogante, en la próxima entrega.

Bueno amigos, por razones de espacio detengámonos en este punto, por los momentos. Continuaremos reflexionando sobre el mercado laboral, en el próximo artículo.

 

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
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