Cómo se levanta un choque en Venezuela

El otro día me chocaron. La única razón por la cual no terminé agarrando una rabieta, fue por la cantidad de material que me dio para este artículo. Todo sucedió así (y les juro algo: nada es inventado). Un Corolla busca cambiarse de canal, se lleva a una moto 650, la moto pierde el control y me da a mí por detrás (sí, chinazo). Desde ya les advierto. No choquen contra una moto 650. Aunque ganes el choque, lo pierdes. El carro queda destrozado. Es como chocar con una tanqueta. Ahora entiendo por qué los escoltas usan estas motos. Si se quedan sin balas, pueden tirarle la moto al agresor y listo. De hecho, el Estado Islámico podría hacer su próximo ataque terrorista nada más tirándole motos 650 a la colectividad. Y ya que toco el Islam, pobre de un carro iraní si choca contra una moto 650. Queda listo para lata de refresco.

Pero volvamos al cuento. Acontecido el choque múltiple, los tres implicados decidimos esperar a tránsito. Ese día entendí que la Real Academia Española debería publicar un diccionario Español-Motorizado/Motorizado-Español. La señora del Corolla es una alta ejecutiva. Al ver que choca con un motorizado, llama a un escolta empleado en su compañía. El susodicho llega y más que protegerla, sirve de traductor simultáneo. “Coño, papá, yo venía pasito, pero ella se me lanzó”, dice el motorizado. “Jefa, el amigo dice que venía a una velocidad prudencial y usted cruzó para cambiar al canal rápido sin ver el retrovisor”.

Como yo soy una consecuencia del choque de ellos, ambos deciden ponerme a mí como la OEA del choque. “¿Quién tiene la razón?”, me preguntan. Yo les digo: “El librito dice que los motorizados no deben ir por la división de los canales, pero en la práctica ya eso es ley natural. Esperemos a ver qué dice Tránsito”. Acto seguido llega Tránsito. Dos efectivos en una moto, sin casco, rodando por la división de los canales. Es como un CNE con rectores del PSUV… ¡ah, no!… verdad que eso no pasa.

Al oficial lo dejan botado ahí y de inmediato comienza a tomar medidas para dibujar el croquis. La verdad felicito su habilidad para el dibujo técnico. Lo trazó en un papel especialmente hecho para estos casos: la última página de su libreta de ahorros del Provincial. Es un funcionario digno de admirar. No pide abiertamente para el café. Él va más allá. Insinúa que su cuenta de ahorros es tan insignificante, que la libreta sirve para dibujar croquis de choques.

Posteriormente, el oficial nos retiene los papales a todos y nos pide ir al Módulo de La Trinidad para terminar el trámite. La señora se monta en su Corolla, el motorizado en su tanque de guerra de dos ruedas y el oficial queda ahí. ¿Quién se lo lleva? El más bolsa. El tipo se monta en mi carro, arrancamos, vamos llegando a un cruce para dirigirnos hacia La Trinidad y me dice: “¡No, no, no! Sigue hasta Las Mercedes. Déjame por El Tolón, que hay otro choque allá”. En ese momento hice lo que hace cualquier ciudadano conocedor de sus derechos. Lo llevé. Al dejarlo, le pregunto: “¿Qué hago cuando llegue al Módulo?”. “Pregunta por La Catira”, me dice. Arranco y me voy, pero sintiéndome mal. Se me olvidó dejarle mi chequera para que dibujara el otro croquis.

Pasados unos minutos, llego al Módulo, estaciono, me bajo y veo a una oficial catira falsa con las cejas tan tatuadas, que parece un muñeco de ventrílocuo. “Buenas”, me dice ella con cara seria. “Disculpe, pero me dijeron que preguntara por La Catira”. Ella sonrió con la típica cara de “ese coño ‘e madre le anda diciendo a todo el mundo el sobrenombre que me pusieron desde que me pinté el pelo”. Inmediatamente le pregunto si me puede prestar un baño y me dice: “Está allá. Ve a ver si está abierto”. Voy y está trancado. Me devuelvo, ella me ve la cara de sufrimiento y bajo el protocolo de asistencia al usuario del Instituto Nacional de Tránsito Terrestre me dice: “Bueno, ve pa’ trás, pa’l monte”. Voy al monte a orinar a la orilla de una quebrada, cuidando no resbalarme para no caerme y cuando siento, La Catira me pasa por detrás y se mete en un baño. ¿Por qué pago yo el karma ajeno de quienes tratan mal a los funcionarios?

Pasada una hora, finalmente llega el funcionario que levantó el choque. Llena todos los papeles y me llama: “¡Morales!”. Entro a la oficina y me dice: “Firma ahí y listo, pero dame mil bolos porque la copia la tuve que sacar con mi dinero”. Le entrego un billete de dos mil y le digo: “Pero dame cambio, por fa. Sabes cómo está la situación con el efectivo”. Él me responde: “Berro, chamo, ¿te vas a poner a llorar por mil bolos?”. En mi cabeza pensaba: “¿¿¿Te vas a poner a llorar tú???”. Me quedé sentado ahí con mi cara de Papa Francisco cuando le piden una opinión de Venezuela. En eso el oficial se batuquea, abre su billetera y me dice: “¡Ay, toma tu mil bolos, chamo! ¡Dale ya!”.

Al día de hoy, aún no sé quién ganó el choque entre el Corolla y la moto. Por mi parte, ahora otro funcionario quiere cobrarme cien mil Bolívares por el peritaje. Me dice que es una nueva disposición oficial del Instituto. Cuando le pido la cuenta para hacer la transferencia, me da la suya (porque él después y que le pasa el balance a Tránsito). Ahora entiendo por qué es perito. Porque su libreta de ahorros no debe tener páginas disponibles para dibujar un croquis.

Reuben Morales

Reuben Morales

Humorista. Ejerce su labor de hacer reír a la gente a través de varias facetas. Es comediante, libretista, actor cómico, improvisador, payaso de hospital y profesor de stand-up comedy.
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