Economía para la gente
El Proteccionismo y sus mitos (VII)

En el artículo anterior continuamos esta disertación sobre el Proteccionismo, básicamente argumentando a favor del libre intercambio, revisando sus loables consecuencias, y en contra de la autarquía y sus terribles resultados. También continuamos listando y analizando brevemente una serie de mitos que existen en torno al Proteccionismo, y justifican y fomentan su práctica:

Mito #1: Las importaciones (y los déficits comerciales) son malos; Las exportaciones (y los superávits comerciales) son buenos.

Mito #2: Ser una “nación deudora” es económicamente perjudicial.

Mito #3: Las importaciones están destruyendo empleos nacionales.

Mito #4: Debido a la competencia internacional, el sector manufacturero del país está disminuyendo.

Mito #5: Debido a la competencia internacional, muchos puestos de trabajo recién creados son de baja remuneración.

Mito #6: La mano de obra extranjera barata es una ventaja injusta.

Mito #7: La protección es necesaria para contrarrestar el “dumping”.

Ahora continuaremos nuestras reflexiones en torno a este importante tema.

Mito #8: La protección temporal es necesaria para “comprar tiempo” y adaptarse a la competencia.

“Protégeme por un tiempo mientras hago músculo para competir”, sería la petición de una empresa doméstica, que ilustra este mito. Pero generalmente este “tiempo”, que en principio sería corto, se va prolongando porque siempre habrá una excusa para argumentar que aún no se está preparado para competir con las empresas foráneas. Y en esta prolongación de tal “tiempo”, se beneficia a la empresa doméstica a expensas del consumidor doméstico.

Esa ayuda comercial temporal es como estar “un poco embarazada”. Hay industrias que recibieron un apoyo comercial “temporal” hace 25 años y aún siguen siendo “apoyadas”. Esta racionalidad admite que el proteccionismo es una mala idea, dado que es etiquetado como sólo “temporal”. Algo que sea bueno no debería ser “temporal”; debería ser permanente. Que sea en un principio “temporal” ya dice que no es bueno que se quede permanentemente, y que debería cesar en poco tiempo; sin embargo, se va quedando haciéndose “permanente”. La razón por la que se va prolongando puede hallarse en la economía política del asunto: identificando ganadores y perdedores. Aunque se prolongue en el tiempo, esta “protección” está obligada a empeorar las cosas para la industria, no a mejorarlas.

Al reducir las presiones competitivas, el proteccionismo tiende a sofocar la innovación. Las empresas son menos propensas a invertir en ingeniería y tecnología, cuando los beneficios se pueden obtener con mayor facilidad mediante el cabildeo (lobbying) por protección.

Hay mucha evidencia, además, de que la protección “temporal” no revitaliza las industrias, y probablemente incluso es contraproducente. En el paper Midiendo los Costos de la Protección en Venezuela, los autores estudian el proteccionismo en las industrias textil, del acero, agrícola y del automóvil, y concluyen que en ninguno de los casos estudiados la protección revitalizaba la industria “beneficiada”. La protección no ha mejorado sustancialmente la capacidad de las empresas nacionales de competir con los productores extranjeros. El estudio mostró que las inversiones a menudo disminuyen durante los períodos de protección, lo que hace que las industrias protegidas queden aún más alejadas de la competencia.

Tal evidencia explica por qué un argumento proteccionista estrechamente relacionado, también es ficción. Específicamente, si una industria es importante para la defensa nacional, supuestamente debería estar protegida de la competencia internacional. Pero dado que la protección hace decaer los incentivos para la innovación, lo que resulta en bienes de menor calidad y de mayor precio, se debilitará la defensa nacional debilitando las industrias en las que se apoya la fuerza armada.

Bueno amigos, dejémoslo en este punto por los momentos. Seguiremos disertando sobre el Proteccionismo en el próximo artículo. Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
Rafael Avila

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