No soy Delcy. Soy Lord Gladstone… y ¡esto es Halloween!

>Increíble< es un adjetivo que no alcanza a simbolizar la tímida decisión que han tomado algunos partidos políticos de la oposición venezolana, de concurrir (nuevamente) a un proceso electoral, para elegir en esta oportunidad a alcaldes en todo el país.   

Con su asistencia a la votación de gobernadores del 15 de octubre pasado, la Mesa de la Unidad Democrática dio por terminado el breve y casi insignificante impasse que se generó el 30 de julio de 2017, cuando el chavismo (en poder del arbitrio electoral) se auto adjudicó la módica suma de SÉIS (6) millones de votos más, de los que había sacado originalmente.

David Copperfield, Criss Angel y David Blaine, no han podido dar con la misteriosa técnica de Tibisay Lucena que, en lugar de sacarse ases bajo la manga, logra como por arte de magia una lluvia monumental de votos ante la mirada atónita de una hambrienta y abatida población. Lo cierto del caso es que, a pesar de aquella grosería de fraude electoral, que además tuvo segunda parte (por aquello de que al que no le gusta el caldo se le dan dos tazas, claro), todavía existe un sector, que no se sabe si es minoritario o mayoritario, pero que asistirá de nueva cuenta a unas elecciones, organizadas cual fiesta de Halloween por el chavismo. Y aclaro que realmente no importa si los dirigentes que deciden, recogen la opinión y el sentir de la mayoría de los demócratas, porque esa nunca ha sido la dinámica de la MUD.

A todo ello, se le agrega la jugada magistral del chavismo de subordinar, someter y obligar a los 4 sujetos que resultaron electos gobernadores por votación universal (aclaro que no directa, libre y mucho menos secreta) a juramentarse ante una Asamblea Nacional Constituyente, que vale la pena recordar las veces que sea necesario, es De facto, surgido de una ruptura del orden constitucional y de una metamorfosis institucional y meta-legal que avanza a toda prisa. Lo insólito nunca han sido los planes del chavismo; por el contrario, su norte ha sido muy claro: la nueva geometría del poder que se logrará con la concreción del estado comunal y que se recoge en esa especie de biblia chavista que fue el Plan de la Patria, que ya cumple 5 de los 7 años que fueron planificados para ejecutarlo. Entonces, ¿qué es lo que todavía no entienden del otro lado?

Cuando en el Siglo XIX a Lord Gladstone (un eminente estadista por entonces Miembro de la Cámara de los Comunes y cuatro veces Primer Ministro del Reino Unido) se le preguntó sobre cuáles eran las competencias y el alcance del Parlamento, éste respondió: “El parlamento lo puede hacer todo, menos convertir un hombre en mujer”.

Salvando años luz de conocimiento y categoría, pareciera entonces que Delcy Eloina, la típica aduladora >habla mucho y dice nada< que tienen a su servicio todos los dictadores, acogió como propia esa frase cuando: defenestró el poder parlamentario; socavó las bases de la república; revirtió la lógica del poder constituyente y su carácter originario; anuló cargos y nombró otros con extraordinario talante absolutista; subrogó las leyes y se adjudicó una atribución del poder electoral para convocar elecciones; se adjudicó una potestad del Supremo Tribunal de la República al declarar la falta absoluta de un gobernador electo que no quiso asistir al triste y bochornoso espectáculo de tener que hacer una reverencia y jurar el cargo, en presencia de tan desagradable dama.

En suma, ¡Lord Gladstone tenía razón! dirá Delcy Eloina maravillada, ¡el parlamento lo puede todo! y si es de facto muchísimo más. Acto seguido, se pintoretea la cara, se acomoda su peluca y ya está lista para asistir a la fiesta de Halloween, porque en Venezuela todos los días son el día de los muertos. ¡Y lo que falta!

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