La generación emigrante

Venezuela siempre se ha caracterizado desde el inicio de la democracia, en ser un país receptor de extranjeros, la belleza de sus mujeres se debe a su variopinto mestizaje: españoles, italianos, portugueses y otros extranjeros vinieron escapados de la pobreza y las guerras para iniciar de cero, para encontrar en una tierra llena de calor caribeño, oportunidades.

La cultura venezolano es una mezcla y adaptación de otras culturales, muchas de sus palabras son malas pronunciaciones del inglés, como “Macundales” de “Make and Dalls”, “Birra” de “Beer” y así sucesivamente solo por citar unos ejemplos. El venezolano es reconocido por su idiosincrasia, echador de broma por no decir la palabra de la jerga cotidiana, tanto que hasta de su desgracia se ríe, colaborador, y la gran mayoría trabajadora y echada pa’ lante como decimos, con un gran talento humano formado en sus distintos Universidades e Institutos, integro, el venezolano es ese profesional que sabe de su área y si no sabe resuelve.

Hoy al venezolano le ha tocado por primera vez en su historia invertir su papel, le toca el roll del emigrante, hace días compartía una publicación en Facebook, la cual fue compartida ampliamente y solo dos personas criticaron el contenido de la misma, en la imagen se podía apreciar un muñeco con una gorra tricolor en diferentes cuadros, en el primero le gritaba a un colombiano “narco”, en otro, al portugués “que el precio era exagerado y era un ladrón”, el tercer cuadro a un chino le decía “¿Esto es comida? Chino cochino” y al cuarto cuadro salía sentado en un bar llorando, explanando que no entendía el ¿Por qué? de tanta xenofobia con ellos afuera, reflexionemos la imagen.

Como en todos los países, siempre existen personas que rechazan los extranjeros y Venezuela no es una excepción, lo digo con propiedad, ya que yo he visto el otro lado de la moneda, a mi papa en varias oportunidades cuando llego a Venezuela se le llamo “muerto de hambre” que “debía devolverse” o el famoso “Musiu”, y a otros cuantos extranjeros les paso lo mismo. La misma idiosincrasia que comentaba más arriba también trae consigo un ego abismal, donde nos consideramos y digo “nos” porque nací en esta tierra y ella ha sido quien me ha criado y me ha permitido crecer, pero nos creemos la tapa del frasco y que el mundo gira alrededor de nosotros, creando un chovinismo diabólico, señores somos un país como cualquier otro, con cosas buenas y malas, personas buenas y malas, etc.

La llegada de la revolución con su destrucción y sembradío de odio, trajo consigo que las personas le dolieran más su país y no crítico para nada al que sale en busca de algo mejor, lo apoyo y le deseo lo mejor, pero creo debemos es evaluar lo que estamos proyectando afuera, ¿Queremos demostrar que somos buenos o dar lastima? Yo hasta donde me da la memoria, no recuerdo ver un extranjero vestido del color de su bandera de cabo a rabo solo porque viene refugiado de una guerra. Reflexionemos sobre lo que queremos proyectar y entendamos que los chovinismo no son buenos, ¿Se le ha abierto las puertas a miles de extranjeros? Sí, es cierto, pero no es que todos fueron tratados con bandeja de oro, seamos sinceros.

Dentro de nuestro país, nos adaptamos y adaptamos rápido al extranjero, mi familia es una que hace hallaca, pan de jamón, celebra tradiciones a lo venezolano pero mantiene sus tradiciones también, se han adaptado y venezolanizado por decirlo de alguna forma, pero debemos entender que si vamos a otro país, no es aplicar: “Es que en Venezuela se hacía así” perfecto, la cosa es que ya no estas acá, adaptarse a la cultura, respetarla, cumplir las normas y entender el orden ajeno es lo primero para convertirse en el buen migrante, emigra con tu mejor carácter, lo gentil, lo humilde, tu conocimiento, pero no te lleves contigo el desorden y la viveza criolla que forma parte de nuestra idiosincrasia actual.

Ahora, ¿Lo positivo de que tanto venezolano este fuera y muchos otros se prepararen para ello? Sencillo, está entendiendo el otro lado de la moneda, lo difícil de dejar todo atrás, de empezar de cero, de que puedo tener tres títulos pero que si debo limpiar piso lo hago porque debo comer, esta inmigración tiene cosas buenas, aunque muchos no quieran verlo, el que se fue, está formando carácter, se está transformando así mismo, está valorando lo que tiene, se está renovando y mejorando su grado de humildad, yo veo este éxodo como algo positivo y en ese sentido puedo llegarlo a ver como una bendición, ¿Por qué? Porque cuando esta tormenta roja pase, y nuestros hermanos vuelvan a la reconstrucción, entenderemos el valor del trabajo, de que las cosas no se regalan, y sobre todo no volveremos a vernos entre nosotros mismos por encima del hombro, sino, por iguales, que solo miraremos a otro hacia abajo cuando sea para brindarle la mano y ayudarle a levantarse.

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