Economía para la gente
Del rol del emprendedor y el mercado (III)

Ilustremos con un sencillo ejemplo lo que venimos comentando. Supongamos que en un pueblo está todo funcionando bien: suficiente provisión de bienes y servicios, precios estables, y servicios públicos funcionando. Imaginemos también que en ese pueblo, en estos momentos, hay bienes como velas, linternas, baterías, alimentos enlatados, carpas, balsas, que tienen precios relativamente bajos porque se necesitan poco. Supongamos que de repente, la tranquilidad de este pueblo se perturba: llega una tormenta eléctrica de proporciones inesperadas, y se producen inundaciones y suspensión del servicio eléctrico. Repentinamente, aquellos bienes que eran poco necesarios en una situación normal, comienzan a demandarse (porque se necesitan) cada vez más. ¿Qué se espera ocurra con sus precios? No debería sorprendernos que si tales precios se pueden mover libremente, tiendan a elevarse, según el exceso de demanda sobre la oferta dada; comienzan a escasear estos bienes. El cada vez más elevado precio de los mencionados bienes, funge de señal para un emprendedor: hacen falta estos bienes en el pueblo. Por ejemplo, un empresario de un pueblo vecino al ver dicha señal, puede enviar un lote importante de tales bienes, para aprovechar la oportunidad que se ha generado. Por una parte, él se beneficia, y por otra, el pueblo también se beneficia reduciendo la escasez de dichos bienes, y estabilizándose el precio, que hasta podría descender. Tal como ocurre en los intercambios libres y voluntarios, ambos (vendedor y comprador) ganan; ambos mejoran su bienestar y así el de la sociedad como un todo, si no se generan externalidades negativas por este intercambio.

Pero si el precio de esos bienes hubiese estado controlado, es decir, legalmente no pudieran ser vendidos a un precio superior al fijado por la regulación, la señal no se habría podido dar con la nitidez necesaria, no se habría visto la oportunidad para el emprendedor, éste no habría producido (u ofrecido) mayor cantidad de esos bienes, no los hubiese enviado al pueblo, y no se habría satisfecho la demanda, ni reducido la escasez, prolongando la penuria.

De lo anterior, la importancia que tiene para la sociedad que los precios puedan ajustarse libremente. Dicho de otra forma, la importancia que tiene entender lo perjudicial de los controles de precios. A su vez, para que la señal de los precios sea lo más diáfana posible, es importante que el entorno sea competitivo, y que las barreras de entrada a cada sector sean las naturales y propias del mismo; no sean estas barreras más altas debido a la intervención del gobierno o la regulación. Por ejemplo, el precio de un bien o servicio producido por un monopolio o un oligopolio, no tiene la calidad de la señal que da un bien o servicio producido en un mercado competido.

El emprendedor está atento a señales de precios, a descalces entre precios vigentes y los que deberían reflejar correctamente lo que está pasando. Esta perspicacia la tiene el emprendedor, y su beneficio surge como algo enteramente nuevo (Kirzner, Market Theory and the Price System, 2013). Y por el riesgo que asume, es tan dueño de sus ganancias como de sus pérdidas.

Para Kirzner, el emprendedor debe permanecer alerta a los cambios y condiciones del mercado, anticipándolas de la mejor manera posible. En su posición sobre la naturaleza del emprendimiento, afirmó que “en toda acción humana está presente un elemento que, aunque es crucial para la actividad economizante en general, no se puede analizar en términos de economía, maximización o con criterios de eficiencia” (Kirzner, Competencia y Empresarialidad, 1998). Kirzner identifica al emprendedor como el elemento empresarial que hace que la acción humana sea algo activo, creador y humano, siendo fundamental en su razonamiento, la función empresarial, el papel del descubrimiento o creatividad empresarial, y la competencia vista como proceso de rivalidad.

Según Kirzner, una de las razones más importantes para la existencia de mercados abiertos y competitivos es que los individuos tengan el incentivo de beneficios económicos y la posibilidad de resultar favorecidos con ese “estado de alerta”. Pero el “estar alerta” significa notar algo que otros no han visto ni pensado antes. Significa ver “más allá” del conjunto de oportunidades y formas rutinarias de hacer las cosas. Es el proceso de descubrir conocimiento y posibilidades que nunca antes nadie había imaginado o visto.

Bueno amigos, por razones de espacio detengámonos en este punto, por los momentos. Continuaremos argumentando sobre el rol del emprendedor y el mercado, en el próximo artículo.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
Rafael Avila

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