El atentado al Presidente

-Yo sabía que el país había entrado en una etapa de violencia y de desafío permanente contra las instituciones democráticas y contra el Estado de Derecho y me preparaba para afrontar las dificultades con mayor firmeza.-

Con la anterior frase comienza una capitulo titulado “La violencia y la crisis” de la biografía de Rómulo Betancourt escrita por Alfredo Tarre Murzi “Sanin”, narrada en forma de entrevista imaginaria.

Así ha debido pensar el fundador del partido Acción Democrática a principios del año 1960, cuando estalló una serie de protestas callejeras que terminaron por convertirse en sangrientos roces con las fuerzas del orden público. El día 21 de enero, el Ministro de Relaciones Interiores Luis Augusto Dubuc le informó al Presidente Betancourt que la policía política había descubierto una conspiración organizada por civiles perezjimenistas y un grupo de militares retirados con apoyo financiero del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Tras escuchar la noticia, el Presidente de la República convocó Miraflores a los líderes de la coalición, al alto mando militar, al gabinete ejecutivo, a las organizaciones sindicales y empresariales, así como también a los representantes de distintos medios de comunicación social para hablarles sobre la situación política que atravesaba en aquellos momentos Venezuela. En su discurso denunció, en tono categórico, la existencia de una campaña de incitación a las fuerzas armadas a llevar una guerra civil contra los millones de civiles que habían votado por él en unas elecciones libres, universales y secretas. Entonces enumeró las medidas tomadas por el Gobierno Nacional para sofocar la conspiración y les aseguró a todos los asistentes y a la nación que la actuación de las autoridades sería rápida y enérgica.

-Sobre los destinos del gobierno surgido del voto popular ningún riesgo grave se cierne. Los enemigos de la paz pública y de la felicidad nacional serán reducidos progresivamente a la más cabal impotencia.-

Pocas semanas después de aquella reunión en el Palacio de Miraflores se produjo la primera fractura dentro del partido AD. Intentó infructuosamente de hablar con Domingo Alberto Rangel para limar asperezas y solicitó a Rómulo Gallegos que hablara con los disidentes rogándoles que abandonaran la discordia y aceptaran la disciplina partidista. Tanto las conversaciones con Rangel como el discurso de Gallegos empeoraron el asunto y se produjo la división.

El 12 de abril el tribunal disciplinario de Acción Democrática expulsó definitivamente del partido a Domingo Alberto Rangel y todos aquellos quienes lo apoyaban.

-Los conspiradores castrenses y los alborotadores izquierdistas no me dejaban gobernar en paz. Yo deseaba dedicarme a fondo a las solución de los problemas administrativos, económicos y sociales, pero la agitación y la conjura pretendían llevar a Venezuela al caos. Me preguntaba a menudo si acaso era yo la fuente de los problemas, por mi estilo de gobernar, pero cada vez me persuadía más de la convicción de que no había otra forma de ejercer el poder en medio de las sacudidas y tormentas provocadas por grupos distintos de la oposición subversiva. Había entonces una teoría conspirativa a diestra y siniestra. Por supuesto, poco a poco, los agentes de Fidel Castro se encargaron de promover disturbios en universidades y liceos, y más tarde, con la creación de focos de guerrillas y aparatos de violencia urbana.-

La mañana del 24 de junio, fecha patria por conmemorarse los 139 años de la Batalla de Carabobo, mientras el Presidente se dirigía por la avenida “Los Próceres” de Caracas para presenciar el desfile militar que se celebra todos los años en ocasión del aniversario de la fecha que se selló la independencia, se produjo un atentado contra su vida.

-Yo iba con el carro presidencial con el Ministro de la Defensa y su señora; y con el Jefe de la Casa Militar coronel Ramón Armas Pérez. Cuando nos desplazábamos en aquella avenida, muy lentamente, pasamos al lado de un vehículo estacionado en la vía, y allí estalló, en el preciso momento cuando estábamos muy cerca, una enorme bomba de gran poder explosivo destrozó el carro presidencial. Mi edecán quedó muerto en el acto y los demás salimos malheridos.-

Betancourt sufrió serias quemaduras en el rostro y en las manos, pero tuvo suerte para incorporarse a tiempo, abandonar el vehículo y ayudar al Ministro de la Defensa López Henríquez y la esposa de este a salir del Cadillac presidencial que se encontraba envuelto en llamas. Aturdido por el impacto y abordado por intensos dolores en el cuerpo fue trasladado inmediatamente al hospital clínico de la Universidad. No permitió que los doctores le aplicaran anestesia al momento de sanarle las heridas pues quería estar en sus enteros cabales al momento de dirigirse a la nación.

Todo su entorno le aconsejó que tomara reposo y se acostara a dormir, pero el no cedía, sus enemigos podían circular el rumor que estaba muerto y con el asunto de la bomba estallaría también otra cosa. Entonces llamó a su Secretario Ramón J. Velásquez para decirle: -Tráeme a los periodistas que consigas en Miraflores y anda preparando una audición por televisión, quiero que la gente me vea vivo y coleando.

Poco después apareció, con las manos vendadas y rodeado del alto mando militar el Presidente de la República para decir lo siguiente:

Quiero decirle al pueblo de Venezuela que debe tener confianza en la estabilidad del gobierno y en la decisión del Presidente que el eligió para cumplir su mandato, como he venido diciendo y hoy reitero, hasta el 19 de abril de 1964.

No me cabe la menor duda de que en el atentado tiene metida su mano ensangrentada la dictadura dominicana. Existe una conjunción de esfuerzos entre los desplazados del 23 de enero y esa satrapía, para impedir que Venezuela marche hacia el logro de su destino final, pero esa dictadura vive su hora preagónica. Son los postreros coletazos de un animal prehistórico, incompatible con el Siglo XX. Debo decirle al pueblo de Venezuela que estoy profundamente conmovido por su actitud de repudio al atentado, manifestada en todos los estamentos sociales y económicos.

Es absurdo que las fuerzas económicas democráticas vuelvan a la discordia y a entre devorarse, cuando el enemigo acecha. Si algún esfuerzo y si algún sacrificio he hecho para una mejor vida de mis compatriotas, en nombre de ese esfuerzo y ese sacrificio les pido que hagamos en este momento un tiempo de examen de conciencia, que volvamos al espíritu del 23 de enero, que cesen las luchas acerbas y que busquemos formulas de entendimiento para trabajar juntos por la Patria de Todos.-

 

Jimeno Hernández

Jimeno Hernández

Abogado (Universidad Monteavila) Máster en dirección de entidades deportivas (Universidad Europea de Madrid) Conocedor de la historia de Venezuela, escritor y columnista.
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