Emboscada en la Mata Carmelera

En el libro “Castro y Gómez: importancia de la hegemonía andina” del escritor Carlos Siso, se puede leer una crónica publicada el 22 de abril de 1898 por Antonio Luisi. Resulta curiosa la nota ya que narra los últimos instantes de vida del general Joaquín Crespo, fallecido una semana antes de la publicación de este escrito en una refriega en Cojedes.

Según Luisi, testigo de los hechos, el 15 de abril llegó Crespo con sus fuerzas a San Carlos, allí acampó junto a su Estado Mayor en la Jefatura Civil.

-A las 3 de la mañana del 16, el general Crespo hizo llamar a un muchacho desertor del coronel Elías Maduro, que la noche anterior, al entrar al pueblo, fue reducido a prisión porque huía. Lo interrogó por segunda vez, no satisfecho de las respuestas del muchacho la noche de su captura por estar éste asustado. Tranquilo el desertor contestó al General que en el sitio denominado “Mata Carmelera” se había peleado el día anterior desde las dos hasta las cuatro y media.-

Aseguró a Crespo que las fuerzas de Maduro derrotaron al faccioso José Manuel Hernández y este último abandonó el campo con su ejército destrozado. Fue por ello que, con el “Tigre de Santa Inés” a la cabeza, salieron las tropas del gobierno a las 6 de San Carlos con el objetivo de perseguir al enemigo, supuestamente desorganizado.

-A las siete y cuarto llegamos a la funesta sabana “Carmelera” y el desertor enseñó como a seis cuadras la mata donde había peleado el día anterior. El General ordenó inmediatamente al general José María Montenegro, jefe de caballería, que acompañado de varios de sus lanceros inspeccionara el terreno; éstos avanzaron y divisaron una bandera amarilla que creyeron ser perteneciente a las tropas de Maduro, que allí acampaban, pero pronto se cercioraron de la verdad, pues fue cambiada por el pabellón blanco acompañado de algunos disparos.-

Así empezó la refriega en la Mata Carmelera. Uno de los lanceros de Montenegro, llamado Encarnación Rivero, llevó ante Crespo un par de prisioneros y éste les preguntó quién era su jefe, a lo que ambos respondieron que obedecían al “Mocho” Hernández.

La posición ocupada por el enemigo era un bosque de arboles corpulentos y tupido. Las tropas del gobierno, en cambio, se encontraban en una sabana  expuesta al certero fuego de los “mocheros” que disparaban amparados por su ventajosa ubicación. Tales circunstancias hacían imposible una maniobra militar efectiva para enfrentar a los alzados.

A las siete y media sonaban tiros de lado y lado, Crespo apenas podía hacer escuchar sus ordenes en mitad de aquel escandalo. Así estuvo sobre su corcel durante una hora dirigiendo la batalla. El fuego continuaba sin cesar cuando, a las ocho y diez minutos, una bala enemiga acabó instantáneamente con la vida del caudillo.

Según Luisi, quien se encontraba a pocos metros del General al momento de su fallecimiento: -Al recibir la herida se fue hacia delante y cayó del caballo. Su asistente José Vicente Sarmiento, que estaba a su lado, le separó el pie del estribo al caer… Después de cerciorarnos que había dejado de existir, cargamos el cuerpo diez pasos, bajo de un chaparro.-

Durante media hora buscaron manera de sacar cuerpo de aquel sitio, pues no había vara para colgar un chinchorro. Comisionaron a David Capriles a que consiguiera unos soldados para colaborar con el traslado.

-El cadáver fue colocado convenientemente sobre su caballo. Al momento de salir, la caballería enemiga pretendió cortar la retirada, pero simultáneamente se vio también la caballería del general Montenegro, que con toda oportunidad contribuyó a frustrar el propósito del enemigo.-  

Llegaron a Acarigua aquella noche y el cuerpo fue colocado en el salón de la Jefatura Civil. Allí le realizó autopsia el Dr. Isaac Capriles.

-El proyectil entró por el segundo espacio intercostal derecho, en línea perpendicular a la tetilla del mismo lado, saliendo por la punta del ángulo inferior de la escápula izquierda. Atravesó en su trayecto el lóbulo superior del pulmón derecho, y rama superior de la arteria pulmonar, médula espinal de la octava vértebra dorsal. La aorta torácica se hallaba lacerada por la parte posterior. Dicha herida causo la muerte instantánea.-

Terminada la autopsia, a las 6 de la mañana del 17, fueron solicitados los ingredientes necesarios para la conservación del cadáver y se mandó a fabricar una urna especial, pues la que estaba a la orden era muy pequeña y el general Crespo hombre alto y corpulento. -Esto después de mil dificultades para encontrar la madera y el zinc. Por fin, a las 6 p.m., trajeron la urna terminada.-

El mismo Luisi se presentó en la iglesia para solicitarle al presbítero Caiz que practicara los oficios religiosos. Luego procedieron a meter el cuerpo en la urna, prepararon una mezcla de sal, cera y cal que vertieron dentro del féretro para conservar los restos en su largo viaje a Caracas, hasta la cripta de su mausoleo familiar en el Cementerio General del Sur.

El 18 iniciaron la marcha hasta Tucacas, donde llegaron el 21 y los esperaba el vapor “Augusto” para llevarlos a La Guaira. Amanecieron el 22 en aquel puerto y: -A las nueve y media a.m. se colocó la urna en uno de los vagones rigurosamente enlutado de un tren expreso que había de conducirnos a la capital;  a las once y media llegamos. Caracas entera se había trasladado a la estación y puntos vecinos. Allí se hallaba, profundamente conmovido, el Presidente de la República, General Ignacio Andrade, amigo sincero del difunto.-  

Jimeno Hernández

Jimeno Hernández

Abogado (Universidad Monteavila) Máster en dirección de entidades deportivas (Universidad Europea de Madrid) Conocedor de la historia de Venezuela, escritor y columnista.
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