Los cantantes del déspota

Los cantantes del déspota

“(…) las palabras están siendo devoradas por el gran silencio”.                                                                                               

   Leola    

Sobre el río colgaron luces de navidad, debajo de ese alumbrado vive la tragedia.  Así es la revolución: adorna para ocultar. Un acto de insensibilidad profunda. El agua, tierra, aire del lugar están absolutamente contaminados. Cantidad de personas habitan en escondrijos o abajo de los puentes.  Buscan diariamente subsistir revisando minuciosamente los desechos. Penuria grande, hambre inmensa, desesperanza total. La muerte acecha. La tenebrosidad socioeconómica y el ecocidio son la fatalidad presente. El palacio de gobierno está cerca. A la élite socialista le es indiferente dicho infortunio. En nada le inquieta. Su objetivo y meta es dominar, subyugar, explotar, apropiarse. La palabra pueblo ha sido abusada, se encuentra agotada. Se utiliza como medio para obtener dividendos políticos.

En un escenario del centro del poder, en un  salón han montado una obra teatral. Un grupo de cantantes, los llamados “comprometidos” le hacen loas al dictador.  La consorte acompaña haciendo gala de su eterna media sonrisa. ¿Mueca? En función de mostrar ingenuidad  el tirano está junto a infantes a quienes toma de la mano. Tararea, abraza, ríe, bailotea, camina, aplaude. El seleccionado público asistente se desborda de alegría.  La propaganda política ofrece una épica de  amor.  Los compositores han elaborado una letra con música pegajosa. Quieren cautivar. Se exalta el personalismo, la acción del régimen, la unión. Es canto maquillaje. Ornamento. Contribuye con el afianzamiento del sistema expoliador.  Detrás del retoque cosmético prevalece la verdad: pobreza, desempleo, carencia, desamparo, desolación, corrupción.

Lo realmente sublime tiene una vibración sensible. Es espiritual. Cuando se asocia al ejercicio del poder pierde al instante su esencia.

En la Historia del Rey Transparente de Rosa Montero encontramos, “Los tiempos crueles son siempre mentirosos (…) Pocas cosas envejecen tanto como la adulación (…) Llegó un momento en que en aquella tierra torturada sólo se podían escuchar las sucias mentiras que asesinan. Los pueblos ardían, las cosechas se perdían, los niños morían”.

Hay un giro deplorable, ¿canción necesaria o entreguista? ¿Rebelde o laudatoria del estado de cosas? ¿De protesta o acomodaticia? ¿Sincera o enajenada? Revolución barniz, pintura por encima. Farsa. Inevitablemente la perversión está expuesta a la intemperie.

Se lee en Isaías, 58,1: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta y anuncia a mi pueblo su rebelión”.  Y decimos, la auténtica irreverencia, la que cuestiona a la barbarie y su vileza. También se afirma en Isaías, 58,10: “De las tinieblas nacerá tu luz”.

Adelante, Venezuela, mi tierra querida.

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