Ex presidente preso y deportado

El 31 de diciembre de 1912, a las nueve y media de la mañana, el vapor francés “Touraine” llegó al puerto de Nueva York. Uno de sus pasajeros, quien al momento de enterarse del triunfo del candidato demócrata Woodrow Wilson había decidido viajar a Norteamérica para residenciarse en los Estados Unidos, fue detenido en el acto.   

La llegada del diminuto, enflaquecido y avejentado personaje se convertiría en una verdadera pesadilla gracias al procedimiento empleado por las autoridades de inmigración. Fue así que terminó encarcelado durante 14 días en Ellis Island y más tarde se decretó su expulsión del territorio.

Se trataba nada más y nada menos que del general Cipriano Castro, ex presidente de Venezuela, quien luego de ser derrocado por el General Juan Vicente Gómez en 1908 cuando viajó a Berlín para someterse a una intervención quirúrgica, vivía una vida errante en el destierro.

Al momento de preguntar el motivo de su detención y maltrato no se le dio mucha explicación, fue unos días mas tarde que se enteró del motivo de todo aquello. Era por imputársele complicidad en el asesinato del general Antonio Paredes.

Dejemos que se el protagonista de este relato, el mismo general Castro, la persona que nos cuente lo sucedido aquel día y cómo empezó a darse cuenta que estaba metido en algún tipo de problema.  

-El inspector me examinó en el barco y me dijo que podía montarme en el vagón que lleva a hacia la estación de Inmigración. Ninguna razón fue dada por el inspector que me examinó… Primero me llevaron al hospital de la Estación de Inmigración, que según se me informara está en la isla Ellis, en el Condado de la ciudad y Estado de Nueva York. El médico cirujano del Hospital de la Marina de los Estados Unidos que me examinó me informó además, a través del inspector Moore, que actuaba como interprete, que me encontraba en perfecto estado de salud, por lo que el asunto conmigo no se refería a mi condición física.-

A la una y media del mismo día, lo llevaron al despacho directivo de la Estación de Inmigración. -Antes de abandonar el hospital fui informado por el inspector Moore que estaba detenido. No se me dio ninguna explicación.-

El agotamiento del viaje, prolongado a causa del episodio matutino, comenzó a empeorar con el paso de las horas. Lo metieron en distintos cuartos durante varias horas y en ninguno de ellos había una silla en la cual tomar asiento. Todo una tortura física y psicológica hasta que finalmente lo pasaron a una oficina.    

-A despecho de mi cansancio, fui llevado de cuarto en cuarto del gran edificio. El inspector Moore me ofreció un asiento en un ancho despacho. Le pidió a mi secretario las llaves de mi equipaje y que fuera con él a determinado sitio. Permanecí allí por diez minutos. Cuando el inspector Moore retornó solo, me pidió que lo siguiera a otra habitación, donde había cinco personas, incluyendo al mismo inspector y una mecanógrafa.-

Allí se le hizo jurar, colocando la mano sobre una biblia y levantando la otra con la palma abierta, que respondería las preguntas con la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad.

-Después de ser juramentado, se mi hicieron preguntas relativas a mi edad, negocios, estado civil, mi destino y mis propósitos al visitar los Estados Unidos y la cantidad de dinero que poseía… Luego se me preguntó sobre mis negocios con el Cable Francés, la Compañía de Electricidad, ambas de Venezuela, y si algún extranjero había tenido alguna vez sus propiedades confiscadas en Venezuela –

Según el testimonio del interrogado, éste respondió amplia y llanamente, las preguntas sobre los asuntos relacionados a su persona. Dijo que deseaba visitar los Estados Unidos por un corto tiempo para conocerlo, sin ninguna idea de convertirse en residente, que tenía dinero suficiente para costearse la su estadía en el país y también para comprar su pasaje en un barco para marcharse con rumbo a otro destino.

-En cuanto a los de las compañías en Venezuela y la situación de los extranjeros, contesté que no estaba obligado a responder dichas preguntas, pero que si a ellos les interesaba esos asuntos podían dirigirse al representante del Gobierno de Venezuela.-

Luego del interrogatorio fue llevado a un cuarto sin baño. -El cuarto, de siete pies por doce, me sirve de dormitorio y de comedor. A la puerta hay constantemente un guardia, de día y de noche.-

Castro se movilizó de inmediato, pues su secretario, quien si pudo ingresar a Estados Unidos sin problemas, contrató un abogado y logró se le concediera una petición de habeas corpus. Al comparecer frente al tribunal, explicó lo sucedido al juez.

-Mi deseo era visitar los Estados Unidos y en una corta temporada conocer sus monumentos. No tengo ninguna intención de hacer otra cosa, y doy mi palabra de honor que no interferiré de ninguna manera con en los asuntos internos o externos de este o de otro país.-

Luego de dos semanas preso finalmente fue puesto en libertad bajo fianza. Eso sí, con la condición que pagará un pasaje de inmediato para abandonar el territorio, pues el general Cipriano Castro era “huésped indeseable” de aquella nación. Los Estados Unidos no estaba dispuesto a recibir al asesino del general Antonio Paredes.

Jimeno Hernández

Jimeno Hernández

Abogado (Universidad Monteavila) Máster en dirección de entidades deportivas (Universidad Europea de Madrid) Conocedor de la historia de Venezuela, escritor y columnista.
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