Política Visceral

Pintura de Jorge Pizzani titulada: Corte Masivo.

Después de lo sucedido el 23 de enero en Venezuela, me queda muy clara la madurez política de nuestra sociedad. La población está profundamente consciente de las trayectorias y derroteros de cada uno de los actores de la escena política Nacional e Internacional. A veces pienso que son los expertos, asesores y generadores de contenido quienes, en su afán por generalizar, no atinan a comprender las profundas aguas que movilizan a nuestra gente.


Escuchar declaraciones en las cuales ‘pensadores’ contemporáneos explican porqué fue fundamental defender el voto como única práctica democrática, -incluso en momentos en los cuales la legitimidad del CNE era absolutamente inexistente-, confirma la separación que existe entre sus ideales e intereses y la realidad. Incentivar y movilizar al voto en las elecciones del pasado 20 de mayo (2018), califica para mí como una gran irresponsabilidad, una traición.


Pero dejemos a un lado el pasado 2018, este nuevo año ha comenzado preñado de retos, el más importante de todos, sin duda, es la reconstrucción de una república democrática, próspera, incluyente y justa. Y se me ocurre que en esa tarea los psicólogos tenemos mucho que aportar, no sólo en la reconstrucción y anclaje de la memoria histórica de nuestro país, sino en la divulgación a la sociedad de conocimientos básicos en torno al funcionamiento de la psique y su relación con la política. Divulgar nociones básicas de psicología que nos permitan mirar con mayor transparencia los discursos de quienes nos dirigen y de quienes generan las matrices de opinión más leídas.


Y es que, la llegada de Chávez al poder y el fenómeno en el cual se convirtió, desde mi perspectiva, tiene mucho que ver con el manejo del complejo de exclusión. Con esto quiero decir que, gran parte del discurso del caudillo se anclaba en la siguiente estructura: aunque nadia te haya reconocido, para mí tú existes y no solo existes, tú y yo somos iguales. Y aunque él siempre se encargó de afincar su poder a quienes disentían y su comportamiento nunca fue horizontal, sino absolutamente jerárquico. La performance de Chávez producía en el otro una identificación inmediata y fue así como el hechizo del ‘ahora es de todos’ surtió su demoledor efecto.


¿Qué fue lo que generó ese enganche tan visceral entre Chávez y sus seguidores? ¡La rabia! Ese resentimiento ancestral que genera el sentirse excluido desde el origen. Chávez le hablaba a esa raíz y fue así como una población que ciertamente, había vivido en condiciones deplorables, encontró en el líder el placebo para su dolor. Fue así también como todo un universo cultural y político quedó reducido a la dicotomía: escuálido/chavista. Fue así como todo un país comenzó a dividirse desde las entrañas a causa del veneno de la rabia.


El dictador se inventó una ficción que gran cantidad de la población digirió e incorporó al pie de la letra. Y ese venenito seguirá multiplicándose si no hacemos el trabajo de nombrarlo, desmenuzarlo y desnudarlo ante todos. Porque la política es recreada por humanos y los humanos somos, en gran medida, emociones, conocer las emociones que nos llevaron a donde ahora estamos, es un camino para no repetirnos. Y yo, lo que más deseo en este momento es crear una historia para la libertad.

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