Los tiranos son asquerosos

Humo en todas partes, hierba seca quemada, calor, fuego, aridez, bolsas de basura ardiendo.  Gente con carretillas cargadas de pimpinas, botellones, pipotes. Andan largos trechos, cruzan la autopista, suben escaleras, se internan en las veredas. El asfalto refleja la intensidad del sol, brilla como un espejo dando la sensación de agua en la distancia. La ilusión de la mente con sus juegos. Cada día un plan, un esfuerzo. El eterno desasosiego. Aún las chicharras no hacen ruido, están sin visitar a los árboles, se mantienen sin sonar, no muestran señales de existencia. La lluvia continúa sin anunciarse, el reverdecer tardará.

Va saliendo el último del grupo, han sido años de trajinar. Nos reunimos a comer en la penumbra. Hablamos, recordamos, queremos compartir, expresar nuestro afecto. Por momentos en la reunión el silencio invade el lugar. La mesa se encuentra callada, la palabra escondida.  Cada cuerpo sabe su sentir. Nos miramos, recogemos las cosas. Se organizan los morrales de aquel que se va, también del que se queda.  Cada uno conoce su carga particular en la inclemente memoria.

Sacamos de las ollas la poca agua que contienen. No sabemos cuándo vuelve el flujo de nuevo a recorrer las secas tuberías. Nos arropa la incertidumbre. ¿Cuándo nos volvemos a ver? ¿Dónde vivirás? ¿Cómo llegarás? ¿Y el trabajo? El mundo es ancho, el viajero se diluye en los cambios del aire universal. Estamos apocados, sensibles, angustiados. Cada paso pesa. Nunca imaginamos tanto adiós seguido. Allá te espero, organizo, arreglo, te vienes. Un decir del migrante como queriendo llevarse al otro de una vez en el mismo plan, y así transmitir alivio a los suyos en medio de tanto sentimiento encontrado.

¿Dónde queda el futuro? ¿En cuál lugar se ubica la esperanza? La maleta está en la puerta de la casa esperando. La risa nerviosa se activa. Alguna lágrima se escapa, corre, es disimulada. Los animalitos tienen días inquietos. Es un asunto de piel familiar. Los perritos han estado alterados. Saltan de la cama, se suben, bajan, acuestan, rascan. Han dormido menos. La gata observa, maúlla, ronronea.

La luz es ausencia. Los tiranos son asquerosos, representan la podredumbre a la cual puede llegar el ser humano. La inmoralidad, bajeza, matanza, tortura. Ese lado oscuro que se destapa plagado de ambición, lujuria, ansias de poder, inmundicia. Aplastan, ahogan, asfixian. Parásitos del devenir, chupan la energía social. Sacralizan a delincuentes pertenecientes a fuerzas parapoliciales o paramilitares. Sicarios. Escorias al servicio de la crueldad.

Se insiste en luchar, protestar, manifestar la disconformidad. Una señal profunda de que vivimos. No te rindas, nunca lo hagas, resiste, nos besaremos de nuevo, espera, ten paciencia.

Camino por la calle devastada, ya viene la noche. Me acompaña el pensamiento. Las brasas, sus cenizas, las nostalgias y el ambiente desierto con sus restos se confunden conmigo, nos abrazamos. Al amanecer otro acontecer nos cubrirá, seremos una nueva historia. Avanzaremos.

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