Humor y dolor en la adolescencia

CULTIVAR EL HUMOR SANO EN LOS NIÑOS  Y ENSEÑARLOS A REÍRSE DE SÍ MISMOS, PUEDE REDUCIR LOS IMPACTOS DE LAS TÍPICAS BROMAS  EN LA ADOLESCENCIA

Nuestra cultura venezolana es reconocida por su necesidad de hacer bromas, el famoso chalequeo es recurrente y además  tiene la capacidad de conectarnos con un humor fluido y eficiente.

Tuve la oportunidad de ver el reencuentro de unos adultos jóvenes con motivo de la boda de uno de ellos, evento que como muchos de los venezolanos se realizó fuera de nuestras fronteras. Fue una demostración de cariño y lealtad hacia ellos como grupo pues se trasladaron desde diferentes lugares, con viajes que iban desde 2 horas por tierra hasta 9 horas por avión, quedándose todos en el mismo hotel y por supuesto las 24 horas no alcanzaban para compartir sus historias presentes y pasadas, ya con sus parejas afortunadamente integradas,  y manteniendo la misma dinámica que cuando estaban en bachillerato. Las bromas no paraban, con las características propias de los grupos donde siempre hay el chico serio que se limita a verlos como niños, pero que al mismo tiempo les da el balance emocional y obviamente formando parte de la agenda grupal. Los invitados que no eran venezolanos observaban curiosos esa dinámica que emanaba alegría y humor, aunque no podríamos siempre calificarla como humor sano y respetuoso, sin embargo era la herramienta de comunicación que los une y consolida.

Las actividades a compartir fueron variadas y abundantes pero la que me llamó la atención fue la despedida de uno de ellos, que dicho sea de paso, cuando era niño fue blanco de esas famosas bromas.  Este joven aprovechó su despedida para hacer toda una historia donde involucra a otro compañero creando un falso rumor. El objetivo se cumplió a cabalidad y el novio cayó redondito en ella, pero una vez percatado de la broma se rió de sí mismo y lo compartió con todos sus compañeros quienes disfrutaron del episodio como un una anécdota más para sus vivencias.

Eso me lleva a preguntarme si cuando somos objeto del humor de otros, lo que  nos duele se origina en la poca posibilidad que hemos tenido de saber reírnos de nosotros mismos. Las bromas siempre buscan la debilidad del otro pero cuando van acompañadas de inclusión atención y solidaridad se puede decir que es uno de los precios de tener amigos.

Cuando las bromas se convierten en una forma de comunicación aislada, descalificante y no permiten la inclusión, se pasan al terreno del maltrato ya que  no generan dinámicas alegres ni constructivas.

En lo personal creo que enseñar a los niños a reírse de sí mismos, les da una herramienta para amortiguar las bromas y disfrutar del precio de socializar con personas de diferentes estilos.

La línea entre el humor sano y dañino es muy delgada ,siempre hay que estar vigilante de no herir irresponsablemente, ni permitir que nos hieran. Sin embargo una buena dosis de humor siempre nos hará la vida más fluida y llevadera.  UD. ¿Qué opina?

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