La banalización del conocimiento o demasiada cultura pop

A mediados de los años cincuenta del siglo pasado, surgió la televisión como medio masivo de comunicación y entretenimiento en Venezuela. Al principio, sólo unos pocos privilegiados podían acceder a este invento, pero paulatinamente se fue democratizando hasta entrar en todos los hogares; así el televisor se convirtió en un artefacto infaltable en cada casa.

Décadas después  llegó la televisión por suscripción, que igualmente se hizo presente en un porcentaje mayoritario de hogares y con ella,  se dieron a conocer series que alcanzaron gran popularidad.

En la actualidad, muchos de sus fanáticos se identifican de manera tan intensa con los personajes de esos programas televisivos, que parecieran ver el mundo a través de sus ojos.  Cuando se anuncia el fin de alguna serie, no se habla de otra cosa, bien sea en las reuniones, redes sociales e incluso en los medios de comunicación.

Ese acontecimiento puede adquirir tal importancia que promueve la realización de análisis comparativos entre las tramas de los programas y los procesos políticos o las características  psicológicas de personalidades públicas y los personajes de ficción. Adicionalmente, muchos de quienes no conocen estos programas, pueden llegar a experimentar sentimientos de exclusión.

Los sociólogos señalan que el cine y diríamos que por asimilación, también las series de televisión, son medios usados para construir el discurso social, esto es, todo lo que se dice o se piensa en una determinada época y que resumen la visión del mundo. En el mismo sentido, el psicoanalista Jorge Assef, afirma que toda obra participa de una red simbólica  que produce y es producida por el discurso social; por ello es representativa de su tiempo y añade que según miremos el mundo, lo vivimos.

Siendo así ¿Qué dice de nuestro tiempo, el que las personas se conecten con una serie de televisión de la manera descrita? Evidentemente, dependerá por un lado del contenido de la serie y por otro, de las características personales de cada individuo pues este fenómeno no le ocurre a todos y de ninguna manera caben generalizaciones. Sin embargo, algunas respuestas podrían relacionarse con sentimientos de vacío, necesidad de pertenencia, aprobación o mera evasión.

Hay quien se queja de las personas que, por no tener el hábito de la lectura, se enteran de ciertos hechos históricos a través de estas series de televisión, para quienes  resulta mucho más fácil y entretenido este medio, que un libro o un periódico; estas personas a su vez, argumentan que lo importante es obtener la información sin importar el medio. ¿Información es lo mismo que conocimiento?

Una película, una serie de televisión, una novela o un documental de cualquier tema, incluso histórico, es simplemente la visión de su autor, sin contar con las limitaciones muchas veces  inevitables como la censura, los aspectos legales o los motivos comerciales, que terminan afectando la narración de un hecho; aunque ella pueda estar fundada en un buen trabajo de investigación, difícilmente podría reemplazar al conocimiento especializado. La historia, la psicología y la política son algunas de las muchas disciplinas que se estudian en la Universidad durante cinco años, como mínimo, sólo para alcanzar una comprensión y experticia básicas.

Quienes hacen los análisis comparativos antes señalados ¿Banalizan el conocimiento? ¿O a manera de pedagogos buscan introducir a la gente en temas relevantes? ¿Acaso se  subestiman las series de televisión como narrativas de eventos?

Es indudable que ver estas series puede reportar, además del disfrute, información sobre problemáticas de otras culturas; pero pareciera importante distinguir entre el enriquecimiento intelectual, el entretenimiento y la inserción en las llamadas burbujas ideológicas, como sería ver la serie de moda, con el único objetivo de pertenecer a un grupo.

En todo caso, resulta útil recordar las palabras que sobre el tema nos deja el gran comediante Groucho Marx: “La televisión es muy educativa. Siempre que alguien la enciende, voy a otra habitación y leo un buen libro.”

Mariela Ferraro

Mariela Ferraro

Psicóloga.
Mariela Ferraro

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