Reportaje Especial
Vivir con VIH: entre mitos y verdades

vivir con VIH

Andrés Graterol recibió el diagnóstico de ser portador del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH positivo) el 16 de marzo del 2015, a un mes de terminar sus estudios de Comunicación Social en la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín de Maracaibo. El mismo día del diagnóstico, Andrés intentó poner fin a su vida al atravesarse en una vía con carros en circulación. Aún guarda el recuerdo de ese instante: el llanto, los gritos; el frenazo de un automóvil y las bofetadas de su amigo para sacarlo del tránsito. “Me tenía asco a mi mismo; no quería que me abrazaran, ni  que me tocaran”, dijo Graterol a Guayoyo en Letras.

Andrés se contagió de VIH por medio de su antigua pareja, quien le ocultó el estar infectado con el virus. La relación fue larga, duradera. Nunca usaron condón. “Pensé que mi vida había acabado, que iba a morir”, continuó el Comunicador Social. Los días posteriores al diagnóstico fueron los más difíciles. Tenía miedo de infectar a otros; ya no besaba, no compartía bebidas, cubiertos o  tacto. Andrés vivió bajo el estigma del seropositivo.

“No es posible infectarse por saludar de mano, abrazar, usar el mismo sanitario o beber del mismo vaso”, explicó Sergio Álvarez, médico de la Universidad de Antioquia en Colombia a Guayoyo en Letras; además aclaró que la exposición a secreciones de tos y estornudo tampoco representan un foco de transmisión para el VIH.

La depresión y el tiempo que el cuerpo de Graterol necesitó para asimilar el tratamiento antirretroviral le hicieron tener alucinaciones, vómitos y fiebre. “Yo soñaba que el VIH me mataba; yo era mi propia destrucción”, confesó con tranquilidad, con sus ojos verdes bien abiertos. Las cosas cambiaron. Dijo sentirse normal, generalmente.

“El VIH no es una sentencia de muerte. Mi vida no ha cambiado demasiado”, insistió Andrés. Actualmente en Venezuela es más probable morir de un ataque al corazón (20,58%) y por homicidio (7,24%), que fallecer por alguna enfermedad derivada del VIH/SIDA (1,46%).

El vaso de café estaba vacío, eran las 6 de la tarde. Graterol sonrió. Solo su hermana sabe de su condición, para los demás familiares es un secreto; comentó que Venezuela es un mal lugar para decir que tiene VIH.

“Me gustaría que la gente entendiera que no se van a quedar solos por tener el virus. Yo tengo novio desde hace tres meses”, confesó. Su vida sexual no sufrió grandes cambios; junto con la dosis diaria del tratamiento antirretroviral, el uso del preservativo es obligatorio. Hoy, el virus en la sangre de Andrés se encuentra indetectable; goza de buena salud y  tiene un 96% de posibilidades de no transmitir la infección a su pareja.

Según el doctor Álvarez, el uso del preservativo es mandatorio cuando se va a tener contacto directo con los fluidos o secreciones genitales. Por otra parte, recomendó los besos, caricias y masajes eróticos por ser prácticas sexuales seguras y sin riesgos de infección. “Dado a la gran variabilidad de prácticas sexuales que puede realizar  una pareja, vemos como no es necesario que una persona se prive de tener vida sexual sólo por estar infectada con el VIH”, comentó el galeno.

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Graterol jugaba con su vaso de café. Miró al reloj de su celular: 6:30 PM. Los locales bajaron las santamarias. Empezó a hablar de los mitos más comunes sobre el virus. “La gente habla de la famosa gota de SIDA en el jugo o café; que si yo me pincho un dedo puedo transmitir el virus a alguien más, también está eso de las agujas con VIH en el cine…, todo es una mentira”, explicó.

El Virus de Inmunodeficiencia Humana necesita de los fluidos del cuerpo para sobrevivir, por lo que muere rápidamente al entrar en contacto con el aire o agua. En una herida abierta y expuesta al ambiente el virus pierde su capacidad de infectar y tiene un rango de vida de 10 minutos. El VIH tampoco puede ser transmitido por vía oral debido a la poca carga viral de la infección en la saliva (a menos que existan heridas abiertas y sangrantes). Ni los besos profundos, ni los pitillos compartidos son una vía de escape para el microorganismo.

“Todavía muchas personas creen que el VIH es una especie de castigo para los varones homosexuales, trabajadoras del sexo comercial y usuarios de drogas inyectables”, dijo Johan Reyes, Director la organización Azul Positivo.  Las fuentes concuerdan; para el doctor Álvarez es peligroso pensar que el Virus de Inmunodeficiencia Humana no alcanza a las personas monógamas y heterosexuales. Existe menos riesgo de infección para una persona con varias parejas sexuales y que usa condón, que aquella que practica la monogamia sin el uso del preservativo.

36.9 millones de personas viven con VIH/SIDA alrededor del mundo, y 2.6 millones son niños

Según un informe de ONU SIDA, el primer caso de VIH en Venezuela fue reportado en 1982. La mirada de Andrés se tornó seria; las mesas del local estaban casi vacías. “Yo no soy un sidoso, ya no estamos en los años 80.  A mi nadie me va a discriminar”, dijo tajante. Los medicamentos evolucionaron, y de 20 pastillas diarias, ahora solo se requiere una para mantener la huella del virus indetectable en el cuerpo; con mínimas posibilidades de infectar a alguien.

Andrés pidió colocar un nombre ficticio para la redacción de este reportaje. Miró al techo, sacó cuentas: Ya pasaron 13 meses desde el diagnóstico. Hoy tiene 24 años. Su condición de seropositivo es un secreto para su trabajo y familia. “Mi madre no lo soportaría, se echaría la culpa de todo”, confesó. Los exámenes médicos de requisito laboral no revelaron rastros del microorganismo en la sangre. El Virus de Inmunodeficiencia Humana duerme, no crea copias de sí mismo. “Estoy sano, mi vida es normal y el VIH no me va a matar”, concluyó.

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O. Rendón Azuaje

O. Rendón Azuaje

Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Santa María, con especial interés en los temas de sociedad, conflictos, y la narrativa de historias individuales que hacen a la ciudad.
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