Doctor-paciente: la delgada línea entre la ética y el deseo

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“En la séptima sesión de nuestros encuentros terapéuticos, T.S.,de treinta y nueve años, me declaró casi al finalizar el tiempo: déjame decirte algo muy importante …estoy enamorado de ti”, La psicoterapeuta María Bordes recordó esta experiencia como un  instante de sentimientos confusos, interrogantes y dudas. Ella reconoció en las páginas de su trabajo de investigación “El enamoramiento en la relación terapéutica” que el romance y el deseo erótico dentro de las paredes de los consultorios clínicos es una realidad tabú, escabrosa y sin mayores referentes dentro de la literatura médica. Bordes dedicó su escrito a T.S.

La literatura deontológica sobre el enamoramiento en las condiciones de “doctor-paciente” es escasa; sin embargo, existen otras formas para explorar ese deseo de sexo y romance del que tan poco se habla y que María Bordes relató en su trabajo. El buscador pornográfico Pornmd mostró 7.757 resultados para la visualización de contenido sexual con la palabra clave de “médico”. Una de esas tantas fantasías gratuitas montadas en la red. “Lo bueno del porno es que no tienes que imaginarlo; son ficciones embotelladas, fáciles”, comentó el sexológo Joserra Landa.

En la web, la fantasía sexual “médico-paciente” adquiere otras formas. El anonimato protege. Relatos sin autor, cartas, quejas, confesiones de pacientes (y médicos). Ficciones que devienen en lo real. En las películas eróticas los preámbulos son cortos y el desnudo llega rápido. Estas escenas pornográficas incluyen el juego con la parafilia de Latronudia (cuando una persona se excita sexualmente al desnudarse frente a un médico) y el uso de objetos fetiches como estetoscopios, yesos, gasas, camillas e instrumentos de exploración ginecológica.

“Estos fragmentos de fantasías y deseos que tengo con el doctor  están por doquier. Pasan por mi mente en cualquier momento, estoy estudiando y de la nada llega él.  En las cosas más simples, como estar pensando, aparece una idea fugaz que me dice: esta tentación sigue aquí, y  de pronto estoy imaginando sus labios sobre mi piel, sus manos jugueteando. ¿Qué pasa conmigo?, pensé que este deseo por el doctor ya estaba superado, yo solo soy su paciente, y  muero por cerrar una puerta y ser de él sin pensarlo.”

Una tal escritora.

capture-20160423-163423Anti, un médico que no dejó muchos detalles de su identidad en la red, envió un mensaje en busca de ayuda en la columna digital de la psicoterapeuta Isabel Menéndez:

“Soy médico y desde hace cuatro meses tengo una paciente de la que creo que me he enamorado. Por mucho que parezca imposible, creo que a ella también le caigo bien, pero no sé nada de ella. ¿Lo intento?”

 

María Bordes continuó con el relato académico dentro de las páginas de su documento. El enamoramiento “paciente y terapeuta” que ella describió no explora el fetiche y se aleja de las parafilias.  El amor, según ella, se da como resultado de la vulnerabilidad y desnudez emocional que invita el proceso terapéutico. El paciente se encuentra en un espacio donde es comprendido, valorado y se siente seguro. Como en el vientre de una madre o en una cuna. Bordes recomendó aprovechar la atracción que siente el paciente para profundizar el tratamiento y observar detalles nunca antes vistos (en el caso de los profesionales de la salud mental). Por otra parte, si la atracción es bilateral, es decir, tanto médico como paciente se tienen deseo, lo mejor sería detener las consultas.

guayodocSegún la encuesta de la revista ética Medscape, 68% de los médicos está en contra de mantener relaciones con sus pacientes

La psicólogo Yohana Hernández comentó a Guayoyo en Letras que no conoce casos de enamoramientos o atracción sexual de sus colegas o médicos con sus pacientes. “Mira, eso es algo muy delicado, pasa con muy bajo perfil; pero de que sucede, sucede”, dijo. Según Hernández una posible explicación para los amores furtivos de consultorio podría ser el proceso transferencia y contratransferencia que expuso Sigmund Freud en su teoría psicoanalítica, que consiste en la interacción o el traspaso de emociones, reacciones y sentimiento del paciente hacia el especialista y viceversa. “Por ejemplo, si me llega a consulta una persona con una historia de infidelidad en su casa y también resulta que mi esposo me engaña, entonces eso podría generar cierta atracción. Si eso sucede, el profesional debería dejar de tratar al paciente, remitirlo con otro especialista y el doctor por su parte empezar a recibir terapia”, concluyó.

“Hizo falta un año y medio para darme cuenta que de verdad lo quería. Periódicamente nos sentábamos uno frente al otro; y a veces yo lloraba o me reía, a veces me hablaba sobre su vida. Él era sigiloso, como un gato y tibio como un abrazo, una coraza, una cueva. Estoy seguro que él también contaba los días del calendario, aunque nunca me lo dijo. Mejoré, las sombras se fueron, mis mejillas engordaron. Escupí cada una de sus pastillas, no las necesitaba. Una tarde, cuando el reloj le indicó que ya no nos quedaba tiempo, empujé la puerta tras de mí y él se quedó congelado, como en una fotografía. Y lo abracé, lo abracé tan intensamente que lo sentí como un beso, una erección. Él me acarició la espalda, respiró tranquilo cerca de mi cuello, entre los cabellos. Y  tardó  año y medio en darse cuenta que de verdad me quería. Me convertí en la coraza, en el gato y en la cueva de mi doctor. ”

Anónimo.

O. Rendón Azuaje

O. Rendón Azuaje

Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Santa María, con especial interés en los temas de sociedad, conflictos, y la narrativa de historias individuales que hacen a la ciudad.
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