La historia como fuente de libertad, moral y ciudadanía

 

 

En el discurso La historia como fuente de ciudadanía, pronunciado con motivo de su incorporación a la Academia Nacional de la Historia de Venezuela (21 de Julio 2016), el doctor Tomás Straka, nos hace una serie de planteamientos, de los cuales quisiera rescatar sólo algunos, para efectos de esta breve reflexión.

Nos dice el doctor Straka, por un lado, que “la historia, en tanto disciplina, es en esencia un asunto de hombres y mujeres libres que buscan en ella referencias para guiar sus vidas”, y, por otro, nos resalta que la responsabilidad social del historiador es “la búsqueda indeclinable de la verdad, (que) aunque a veces no nos guste, aunque en ocasiones nos duela, […] como ciertas terapias dolorosas nos ayudará a ser libres”; razones por las cuales, la historia tiene una función de “educadora moral”, ya que nos ayuda a tener presente que “nuestros problemas están íntimamente asociados a nuestros valores, es decir que han sido nuestras propias decisiones las causas fundamentales de los mismos”.

Si analizamos estos planteamientos, sobre el estudio de la historia como guía, educadora moral y ejercicio de libertad, desde el punto de vista personal y filosófico, nos damos cuenta, por experiencia propia, que el hombre siempre se ha interesado por la historia, su historia. Algo lógico, si se considera que la auto experiencia antropológica, consta de una serie de circunstancias y factores en los que el sujeto-objeto de la auto experiencia -el hombre- se halla inmerso, siendo dos de las más importantes: el espacio y el tiempo, pero no en cuanto circunstancias del individuo aislado sino en la medida en que constituyen condiciones generales, por lo que el tiempo es historia y el espacio es ámbito geográfico.

En este sentido, la historia se nos ofrece como un curso de acontecimientos –hechos- vinculados con lo que el hombre es, lo que hace, con el sentido y con el fin último de su existencia. Donde hay avances, retrocesos, tensiones, contradicciones, crisis, rupturas y continuidades que plantean al hombre la necesidad de buscar un sentido de este mismo curso, ya que es imposible no buscar algún elemento unificador que otorgue, precisamente sentido a lo que, de otro modo, no estaría demasiado lejos de la experiencia de un simple fluir del tiempo. De alguna manera, nuestra conciencia advierte que la historia es a su vez tiempo que fluye, pero, y, sobre todo, tiempo que fluye conforme un sentido.

Desde otro punto de vista, la historia nos permite salir de nosotros mismos y descubrir una realidad que de otra manera nos resultaría no sólo ajena, sino desconocida. Elevar la mente a épocas distintas, lo que equivale a conocer mundos distintos. Nos permite alcanzar y ponderar con el conocimiento realidades diversas, mundos diferentes. Por lo tanto, la historia es una rica fuente de conocimientos para nuestra formación intelectual, propia de nuestra condición de ser humano, sujeto y objeto de la moral.

Inciso aparte, vale destacar que algo similar ocurre con la geografía, ese espacio habitado por el hombre, y con el cual existe una relación dialogal dado que el hombre lo modifica, lo transforma y lo humaniza; mientras que el espacio, a su vez, aunque no determina, sí condiciona al hombre, sobre todo si se tiene en cuenta que el espacio geográfico no es solamente espacio físico. Al ser habitado por el hombre, el espacio físico se hace ámbito cultural, político, económico y religioso. De ahí que nuestra geografía haya tenido y siga teniendo influencia importante en quién somos, en nuestro acervo histórico, y definitivamente la seguirá teniendo en quién seremos como sociedad, como nación.

En todo caso, de acuerdo a lo planteado por el doctor Straka y las breves reflexiones precedentes, como sociedad debemos asumir el estudio de nuestra historia y el rescate de la verdad histórica como un compromiso moral, un compromiso con la verdad y ejercicio de ciudadanía. Venezuela debe rescatar todo lo bueno de su pasado y además entender y aprender en qué ha fallado. Estudiando la historia y entendiendo que no hubo nada inevitable, tal vez cobremos la lucidez y el coraje necesario para no resignarnos a la inevitabilidad del presente, a las peores amenazas del porvenir.

Por lo tanto, los historiadores, sobre todo la nueva generación que ya se hace presente, debe preocuparse por rescatar la verdad histórica de nuestro país, eliminando las banderas partidistas e ideológicas, visibles no sólo en las dos últimas décadas de nuestra historia, sino desde antes, aunque cueste creerlo  o aceptarlo; mientras tanto, por otro lado, los venezolanos nos debemos comprometer a aprenderla y a difundirla, para que como sociedad siempre tengamos presentes nuestras victorias y fracasos, avances y retrocesos, y podamos mantener vivas nuestras tradiciones, en lo que podemos llamar un verdadero ejercicio de ciudadanía, que nos permita cultivar y preservar nuestra memoria como nación.  Considerando que, el conocimiento histórico será clave para retomar el cauce perdido, y nos ayudará a dar ese necesario cambio, o, mejor dicho, ese rescate cultural, imperativo para salir de la situación -retroceso- en la que nos encontramos, y evitar que volvamos a caer en una situación similar en un futuro.

En palabras del doctor Straka: “las evidencias apuntan a que tanto nuestros aciertos, que no han sido pocos, como los errores que nos han traído adonde estamos y que en el tráfago actual no nos dejan ver lo mucho de alentador y esperanzador que también hay en nuestra historia, han sido básicamente nuestra responsabilidad. Seamos por fin adultos que responden por sus actos y enmiendan sus desatinos”, al tiempo que nos recuerda que “ser ciudadanos es ser libres” y que la historia nos ayuda a “educar para la ciudadanía”. En palabras de quien suscribe, si queremos ser libres, debemos ser responsables y comportarnos como verdaderos ciudadanos, y eso será posible, entre otros, siempre y cuando nos preocupemos por entender y preservar quienes somos y de dónde venimos, y partir de ahí nos encaminemos a lo que estamos llamados a ser como nación.

Hugo Bravo

Hugo Bravo

Profesor de ética empresarial Universidad Monteávila. Candidato al PhD en Economía (Swiss Management Center), Maestría en Filosofía (Universidad Santo Tomás), Maestrías en Administración de Empresas y en Finanzas (IESA), Ingeniero Civil (UCAB).
@hbravoj
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