Mujeres de película

Hay inmensa cantidad de relatos de mujeres en el cine y la televisión.

Pero hoy quiero dedicar unas líneas a las desazones y sinrazones vividas por las mujeres participantes de diversos seriados y películas, no necesariamente protagonistas en ellas, pero que muchas veces llevan sobre sus hombros el peso de toda la trama.

Luisa Lane

Ejemplo de la mujer persistente y asertiva, aunque poco observadora. No nos explicamos cómo no hubo un alma caritativa alrededor que le recomendara hacerse un examen visual, o por lo menos ponerse lentes. Pero eso sí, para sospechar estaba mandada a hacer, pues cada vez que aparecía Superman, se le pegaba atrás para ver dónde iba, lo que hacía y hasta lo que pensaba, cuando el camino más corto hubiera sido consultar sin rodeos a su compañero del escritorio de al lado.

Uno de sus peores defectos, era una proverbial habilidad para meterse en problemas, que la hacía blanco fácil de todos los supervillanos que querían acabar con el hombre de acero. De paso, cuando la atrapaban, terminaban chantajeando a Superman para que la rescatara a ella, que en teoría no tenía ninguna filiación con el héroe, pero algo habría por allí, pues el hombre literalmente salía volando cada vez que ella pedía auxilio.

Vilma Picapiedra

Se trata del típico modelo de la mujer hogareña: lo mismo se cuidaba de mantener una casa impecable (con las limitaciones de la época, claro está), que velaba por una niña de meses, o mantenía a raya al perro aunque su rasgo distintivo siempre fue su pericia como cocinera, que la hacía capaz de preparar gigantescos y humeantes bistecs de brontosaurio, además de servirlos sin derramar ni una gota del caldo.

Y así digan lo contrario, en realidad quien llevaba los pantalones en la serie era Vilma, que reprimía oportunamente y sin piedad las alocadas manifestaciones de entusiasmo y ego desaforado de Pedro Picapiedra, que hubieran dado al traste con el matrimonio.

La Sra. Ingalls

La Sra. Ingalls hacía todo bien, y eso es más que meritorio para una mujer que vive en una localidad del medio oeste estadounidense a finales del siglo XIX. Por igual alimentaba a las gallinas, ordeñaba, sembraba, cuidaba de las chicas y todavía se sentaba en las noches para tejer o coser, a la luz de la chimenea. Nunca faltaron las distracciones de las idas dominicales a la iglesia y la visita semanal a la tienda de abarrotes. En fin, el colmo de la diversión.

Otro tanto eran las escenas de cama con su señor esposo; ha de entenderse que las tales “escenas de cama” eran en realidad tomas cerradas de los personajes enfundados en una especie de sayos o mortajas, cuya función principal era matar la pasión, o por lo menos diferir las ganas, todo esto mientras hablaban de la cosecha o recitaban pasajes de la Biblia.

Ya sabemos por qué el Sr. Ingalls se la pasaba metido en el aserradero.

Candy Candy

Siempre hemos creído que al autor de esta serie, la historia se le fue de las manos. No es para menos, pues aunque la trama pintaba bien al principio, paulatinamente se fue convirtiendo en un enredo que no tenía nada que envidiarle a cualquier culebrón latinoamericano.

¿Cómo explicar que una chica criada por las monjas en un orfanato ubicado en la cima de una colina, haya tenido esa inmensa cantidad de novios y pretendientes a lo largo de la serie, sugiriendo un perfil de personalidad rayano en la ninfomanía? Además, siempre había un caballero dispuesto a ofrecerle un boleto para un viaje en barco, o posada en algún viejo castillo con paseo a caballo incluido. Si a ver vamos, ¿a cuenta de qué?

Batichica

Definitivamente, uno de los talentos más desperdiciados en toda la literatura referente al hombre murciélago. Mientras Batman se la pasaba con Robin para arriba y para abajo, Batichica representaba a la parte seria de la película, pues era la que se encargaba del verdadero desarrollo de la trama.

Y como si el trabajo fuera poco, de vez en cuando se le cruzaba Gatúbela, que evidentemente le tenía ganas a Batman, y siempre presta a meterle la zancadilla en lo que respecta a las preferencias, porque si a ver vamos, la gata no se andaba con remilgos a la hora de echarle los perros al murciélago, cosa en la cual le llevaba una morena a la recatada Batichica, que por ser políticamente correcta, se las veía en aprietos para remontar la cuesta erótica que le llevaba Gatúbela, enfundada en un glorioso traje de cuero negro que la silueteaba magníficamente.

¿Y Batman? Ay sí, con Robin.

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