(ARGENTINA) Una victoria de Cristina Kirchner

Las crisis son siempre consecuencias de un fracaso de la política. La diagonal que funcionó durante más de dos años, entre el gobierno de Macri y un peronismo racional, se atascó esta vez. O nadie pudo trazarla.

De esas frustraciones sacan provecho las propuestas extremas. ¿No fue, acaso, Cristina Kirchner la primera que, a principios de abril, presentó un proyecto para retrotraer el precio de las tarifas de servicios públicos a enero de 2017?

No fue ese el proyecto que terminó votando el Congreso, pero ningún peronista pudo sustraerse al ímpetu que la expresidenta le había dado al tema. Lo que salió no es, de todos modos, muy distinto.

Cuando se dice que las tarifas de gas y luz deben retroceder hasta noviembre del año pasado, como estipula el proyecto aprobado por el Congreso y vetado por Macri, en rigor se están retrotrayendo los precios a abril de 2017, que fue la última vez que aumentaron.

Massa fue también ahora el que hizo un boceto más presentable (comparado con el populismo sin medidas de Cristina) del proyecto de tarifas. No obstante, el exalcalde de Tigre no puede ignorar que retrotraer el precio de las tarifas a noviembre significaría que las tarifas volverían a tener el valor de hace más de un año en un país carenciado de energía. Cristina es Cristina y ya sabemos que a Massa lo mueven solo las encuestas. La pregunta inevitable es por qué el resto del peronismo se dejó llevar por esa sublevación demagógica. Si fue cierto que diputados y senadores peronistas decidieron sin importarles la opinión de sus gobernadores, entonces deberá concluirse que el peronismo pasó de la fragmentación a la anarquía. Cualquiera hace ahí lo que quiere. Un caos. Pero ¿fue realmente así? Las versiones más insistentes en el Congreso sostienen que los gobernadores dejaron hacer, con la excepción de Juan Manuel Urtubey, que presentó un proyecto alternativo y sus senadores votaron en contra de la iniciativa que venía de Diputados. Los otros mandatarios apoyaban en público el proyecto de Urtubey, que significaba una reducción de la carga del IVA en las tarifas, pero deslizaban en los oídos de los senadores que no se entusiasmaran con esa iniciativa. El IVA es un impuesto coparticipable y, por lo tanto, cualquier reducción significa menos recursos para las provincias.

Cuatro gobernadores, además, estuvieron en Tailandia la semana previa a la crucial votación. Nadie se priva de nada. Los gobernadores se ocuparon, sí, de que el proyecto aprobado y vetado comprendiera en el caso de la electricidad solo a Edenor y Edesur, que distribuyen la correspondiente a la región metropolitana; es decir, la Capital Federal y el conurbano. Defendían, así, a las empresas de electricidad provinciales, muchas de ellas estatales. Provincia de Buenos Aires (en toda la región no comprendida por el conurbano), Mendoza, Salta, Neuquén, Entre Ríos y Córdoba tienen tarifas eléctricas mucho más caras que las que cobran Edenor y Edesur. ¿Los gobernadores se preocupaban por lo que deberán pagar los que habitan en la Capital y el conurbano y no por lo que ya pagan los ciudadanos de sus provincias? La pregunta interpela incluso al presidente del radicalismo, Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza, y el primero en llevarle a Macri la crítica por el aumento de tarifas.

Como se ve, las crisis las incuban no solo las conspiraciones, sino también la frivolidad. ¿O no fue igualmente frívolo que en esos días algunos radicales (no todos, es justo aclararlo) plantearan sus pretensiones de más cargos para las elecciones del año próximo? Solo sonámbulos políticos podían hablar de esas cuestiones cuando la oposición organizaba en el Congreso una batalla política en la que el Presidente podía salir perdidoso. El peronismo ha insistido en que las primeras quejas por el aumento de tarifas surgieron de los aliados del Gobierno, de Elisa Carrió y del radicalismo. Es cierto. Pero una cosa es acordar un prorrateo en el pago de las futuras facturas, como pactaron Macri y Carrió, y otra cosa es borrar todos los aumentos desde abril del año pasado, que es lo que aprobó el peronismo.

La gravedad de la situación debe inscribirse en un determinado contexto. Al país lo sacudieron en los últimos meses cuatro plagas. La sequía que afectó la producción del campo y dejó pérdidas por 8000 millones de dólares; la insistente suba del precio del petróleo para un país que es importador neto de petróleo; el fortalecimiento del dólar y la suba de las tasas de interés en los Estados Unidos, que se llevó inversiones financieras de todos los países emergentes, y las convulsiones internas de su política. También hay que peguntarse si la dramática crisis política de Brasil y sus consecuencias en la economía no se convertirán en la quinta mala noticia para el país. A su vez, la tranquila Europa se estremeció en estos días por profundos conflictos políticos en dos países importante, España e Italia, que tienen un porte mucho mayor que Grecia, cuya crisis puso en jaque en su momento la estabilidad de la comunidad europea.

Las trastornos de la política local y las versiones fáciles sobre el contenido del próximo acuerdo con el Fondo Monetario (que se terminará más rápido de lo previsto) espolearon el precio del dólar. Nicolás Dujovne tiene el mérito de ser uno de los economistas que mejor conocen los pasillos y despachos del FMI. Fue el negociador argentino con el organismo en tiempos de Roque Fernández. Ahora le tocó volver en representación de Macri. Funcionarios económicos confían en que la ansiedad por el dólar se calmará cuando se firme el acuerdo con el Fondo y pueda verse que no habrá ninguna imposición para subir el tipo de cambio. La economía volverá a crecer en el último trimestre del año y crecerá durante el año próximo a un ritmo lento del 3 por ciento. Hay funcionarios que reconocen que la propuesta electoral del Gobierno deberá ser, con tales pronósticos, más política que económica.

La crisis y el contexto dejaron un resultado raro. El Gobierno estaba más entusiasmado después de la votación que antes. Había quedado claro para la sociedad, se escuchó decir, quiénes son los responsables y quiénes los irresponsables. El peronismo advirtió un saldo parecido. El influyente senador Miguel Pichetto, que hizo un perceptible esfuerzo discursivo para diferenciarse de Cristina, pidió después de la votación que se dé vuelta cuanto antes esa página lamentable y se renueven los esfuerzos para buscar acuerdos entre el oficialismo y la oposición. “Solos no pueden, y juntos es difícil”, aceptó, pero se manifestó dispuesto a negociar el presupuesto del año próximo. Pichetto necesitará del compromiso de los gobernadores peronistas, que han sido siempre su fuente de poder en el Senado. Un próximo fracaso político no será ya una casualidad ni un malentendido. El peronismo habrá dejado constancia de que se convierte en un animal político depredador cuando cree que el poder está a la vuelta de una esquina incierta.

Crédito: La Nación 

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