Localicé la tumba orientado por un viejo sepulturero, de raigambre shakespeariana
De finales

Fred Archer, el mejor jinete del siglo XIX, cinco veces ganador del Derby. HULTON ARCHIVE / GETTY IMAGES

Hace un par de meses me paseaba por el cementerio de Newmarket, Suffolk, Inglaterra. Para los aficionados al turf, Newmarket es como Jabugo para los aficionados al jamón o Lourdes para los devotos de la Virgen María. He ido muchas veces a Newmarket para cumplir mis obligaciones de aficionado, pero nunca me había acercado al cementerio, donde está enterrado el santo patrón y mártir de los jockeys,Fred Archer. Si preferimos la leyenda a la historia, como dice John Ford que ocurre en el Oeste y en cualquier tierra romántica, Fred Archer, a finales del siglo XIX, fue el mejor de los jinetes que en el mundo han montado. Ganó las pruebas más importantes en Inglaterra y Francia, en lucha constante contra la báscula porque era demasiado alto para su oficio y le costaba mantener el peso requerido. Para perder rápidamente kilos tomaba un espantoso purgante de su invención, que destruyó su salud. Se casó por amor, cosas que pasan, y su mujer murió al dar a luz. Entonces se pegó un tiro. Tenía 29 años y utilizó una pistola semejante a la que medio siglo antes y casi a la misma edad empleó Larra con idéntico fin.

Localicé la tumba orientado por un viejo sepulturero, de raigambre shakespeariana. Allí reposaba la pareja infeliz de enamorados. Pregunté a mi guía si había enterrado algún otro jinete. Tras dudar, me llevó a la de Arthur Robert Freeman, que ganó un Grand National y otras pruebas de obstáculos. En su lápida ponía: “Always strong in the finish”. Ser recordado por la energía en los finales, sea de carreras, de amores o de la vida misma, es un insuperable elogio. Lamenté no haberlo merecido y saber que nunca lo merecería. Las tumbas enseñan humildad.

Crédito: El País 

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