¿Alguna consultora económica avisó en enero que en julio el dólar iba a valer $ 30?
Una propina para Sampaoli

Mauricio Macri y Jorge Sampaoli, en un encuentro en la Residencia de Olivos, en junio del año pasado. (DYN/Presidencia)

Harto de que todos le pidan que explique el desastre que dejó el kirchnerismo y le reclamen que convoque a un gran acuerdo político, el Gobierno ha tomado una sabia decisión: no van a contar nada ni piensan acordar un corno con nadie.

Y lo bien que hacen. Al fin y al cabo, salir ahora en 2018 a contar lo que nos dejó el kirchnerismo en 2015, es de llorones.

Tampoco insistiría con que tienen que hacer un gran acuerdo político. Terminemos con este asunto de la Moncloa de una buena vez. No quieren. No lo sienten. No la ven. No les vibra. No creen en esas cosas. No está en su naturaleza. No podemos pedirle a un gobierno que le gusta pararse con tres volantes y un enganche, que juegue con dos líneas de cuatro bien apretaditas. Es inútil. Olvidémonos.

Además, en el fondo el Gobierno tiene razón. Hacer un gran acuerdo político con la oposición peronista lo mete en un problema chino: ¿con qué peronismo van a acordar?

Hoy en día, el peronismo se divide básicamente en cinco grandes grupos:

1. Los que están con Cristina

2. Los que estuvieron hasta el último minuto con Cristina, pero ya no están.

3. Los que hacen como si nunca hubieran estado con Cristina.

4. Los que ni siquiera se acuerdan de que al principio estuvieron con Cristina, pero bien que estuvieron.

5. Los que se acuerdan perfectamente de que estuvieron con Cristina, pero apuestan a que somos todos unos boludos que ya nos olvidamos.

Dar pronósticos públicamente es de chanta, como bien podemos ver todos los días por televisión, ya sea en política, en economía o en fútbol. Sin embargo, uno puede sospechar que todos estos grupos del peronismo, tarde o temprano, confluirán en un único gran grupo: el peronismo lauchita a los que CFK se va a devorar, cual Diana en la serie “V Invasión Extraterrestre”. Es una referencia un poco ochentosa, pero vale.

Curiosamente, esto es lo que quiere el Gobierno porque suponen que, si no se les cruza ningún cisne negro, competir contra Ex Ella les va a permitir seguir gobernando hasta el 2023 y más allá.

Entre todos los peronistas se destaca el Compañero Massa que otra vez intenta despegarse de esta situación. Reconozcamos que el tipo le pone onda.

De hecho, esta semana presentó un plan económico alternativo de emergencia realmente espectacular. Incluye las siguientes 10 medidas principales. Anote amigo lector porque no tiene desperdicio (esto es posta y salió en todos los diarios):

1. Bajar la inflación (no entiendo como ni a Macri ni a Cristina se les ocurrió).

2. Sacar el IVA de los alimentos de la canasta básica (al pedo porque cuando le saques el IVA a algo que vale 120, el almacén te lo va a seguir cobrando 120 y se van a guardar los 20 del IVA, igual que ahora).

3. Las tarifas sólo se actualizan con los aumentos de sueldo (o sea, mantenemos los subsidios. ¿Qué le hace una mancha más a Tigre?)

4. Promover las Pymes con créditos a tasa fija subsidiada (un subsidio más, total).

5. Bono de emergencia para 4 millones de jubilaciones mínimas (o el bono es de 100 pesitos o esta gente se quiere meter en un baile de novela).

6. Aumentar programas sociales (último intento de Massa para ver si Francisco lo recibe de una buena vez)

7. Liberación de paritarias (no problem, total paga Rattazzi)

8. Suspensión de embargos de la AFIP por 180 días. (quien dice 180, bien puede decir 360, no sean amargos).

9. Flotación administrada del dólar (como Sturzenegger, pero supongo que un poco mejor)

10. Exigir a las empresas razonabilidad (sí, les hablé con el corazón, dale) y proporcionabilidad (vaya uno a saber que quiere decir esto).

Lo único que Massa no explicó es de dónde piensa sacar la plata para financiar todo esto. Extraoficialmente trascendieron algunas opciones que estarían evaluando. Anote amigo lector:

Plan A. Secuestrar a Donald Trump y pedir un rescate de 100.000 millones de dólares para financiar este genial plan de emergencia económica.

Plan B. Contratar al Gordo Valor, que esta semana salió en libertad, para que abra un boquete en la Reserva Federal en Washington y traiga todos los dólares que hagan falta.

Plan C. Viajar a Kentucky, ir a Fort Knox, donde los americanos guardan el oro, y ocuparlo con caretas de Salvador Dalí.

Plan D. Reabrir Ciccone Calcográfica y darle ATR (a todo ritmo).

¿Seguimos con la joda de la política o vamos derecho a lo importante?. O sea Chiqui Tapia / Angelici / Moyano / Sampaoli. Ok, sigamos con la política un poquito más.

Todos colaboran para mantener calentita esta nueva serie original de Netflix llamada “Argentina es un quilombo”.

Como si el Compañero Mauri no tuviera suficientes problemas, le crecieron los enanos del circo: Lilita y los radicales se pelearon públicamente, tanto como para que el ritmo de esta tragicomedia argentina no decaiga.

En realidad, eso es bueno para la miniserie porque si el conflicto dramático se limitara solamente a Moyano, Baradel, Moreno, los piquetes, la Patria en peligro, Macri Gato, etc. etc., sería todo muy reiterativo. Por ahí te da para 13 capítulos, pero no mucho más.

En cambio, un giro en la trama donde la socia de Cambiemos enloquece, propone solucionar la economía dejando propinas y verduguea a la UCR, le da otro impulso y la gente se vuelve a enganchar. ¿Y si se pudre todo? ¿Y si el radicalismo se divide como pasó con Frondizi y Balbín? Habría que ir hablando con los guionistas.

¿Cómo sigue esta historia? No me pida pronósticos, amigo lector. No es de gente seria. ¿Alguna consultora económica avisó en enero que en julio el dólar iba a valer 30? Ahora aparecen economistas explicando que a fin de año la inflación va a estar entre 28,7 y 31,2 y que el dólar podría estar entre 31 y 33. Ponen cara de poker y cobran.

Lo mismo pasó con el fútbol. “Es un mundial loco”, repiten los periodistas por el sólo hecho de que no salió como ellos pronosticaban. Nada más. No hay mundiales locos. Hay partidos de fútbol que se ganan y se pierden.

En el último aliento del partido contra Francia, Di Maria puso el pie y le sacó de la cabeza la pelota a Fazio que venía entrando solo y hubiera clavado el 4 a 4.

Cuando ellos estaban 4 a 2, el DT francés se confió y sacó de la cancha a sus máximas figuras Mbappé y Griezmann. Sin ellos, y motivados por la hazaña del empate agónico, íbamos a un alargue con todas las chances de ganarlo. Afuera Francia.

Después nos encontrábamos en cuartos con un Uruguay debilitado por la salida de su goleador Cavani. Afuera Uruguay. Pasábamos a semifinales contra Bélgica a quienes los tenemos de hijos. Nos enfrentamos 5 veces y les ganamos 4 (Olímpicos 1928 / Amistoso 84/ Mundial 86/ Mundial 2014). Afuera Bélgica.

Jugábamos la final contra Inglaterra (los pronosticadores dicen que llegan ellos). ¿Justo íbamos a perder después de toda esta epopeya? Imposible. Hubiéramos sido los campeones de un “Mundial en su sano juicio” y nadie estaría pidiendo que lo rajen a Sampaoli.

Ahora para echarlo hay que poner 8 palos verdes (exactamente 8.624.000). ¿Lo decimos en dólares porque somos un país de locos? No. Simplemente evitamos angustiarnos pensando que hay que darle 244.921.000 pesos (28,40 dólar vendedor Banco Nación al cierre del viernes).

Para decirlo en idioma kirchnerista: son casi 2.500 kilos de pesos. Bien acomodados, en un Juncadella te entran.

¿Incluirá el plan de Massa chorearse con el Gordo Valor ese camioncito de caudales para financiar su genial plan económico?

No lo sé. Sería un buen capítulo de “Argentina es un quilombo”.

Crédito: El Clarín

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