La república golpeada por el populismo

El concepto clásico de república proviene del romano res- publica que significa la cosa pública. Este concepto define a la estructura política donde se establecen leyes para convivir dentro de una comunidad política. La república ha sido analizada por filósofos, juristas y políticos durante el trascurso de la historia. Desde Platón hasta Montesquieu, han brindado aportes teóricos a la construcción del concepto.

La república busca resguardar al cuerpo político mediante la justicia y el imperio de la ley. La república clásica o modelo francés, establece que el poder ejecutivo es central, pero con la separación del poder ejecutivo, legislativo y judicial. En el caso de la república americana, la Constitución federal establece que el poder lo tienen los Estados que conforman la Federación. En ambos modelos la separación de los poderes públicos y la justicia, son el eje central del republicanismo.

En su afán de convertirse en una república, Venezuela fundó su propio modelo republicano al separarse de la corona española durante el proceso de Independencia. Durante las discusiones del Congreso, se debatieron ambos modelos republicanos y se llegó a la conclusión de hacer una república híbrida.

Desde nuestra formación como república, los venezolanos han tenido que cargar sobre sus hombros el peso del caudillismo y populismo. Un líder puede definir las reglas del juego político, dejando a lado las leyes y los intereses de la comunidad política. El imperio de la ley está sujeto a una persona o un grupo político que gobierna en un momento determinado.

El imperio de la ley, donde la justicia y la Constitución está por encima de todos los ciudadanos, siempre ha estado bajo la sombra del gobierno de turno. La separación de poderes es articulada por el poder ejecutivo y ha usurpado la función de los otros poderes que le deberían colocar el peso en la balanza. Como república moderna, experimentamos la inclusión de dos nuevos poderes, el poder ciudadano y electoral. Pero tener más poderes públicos no implica que la república no esté enferma y desgastada.

Venezuela ha sido gobernada por dictadores, en dos ocasiones el país ha vivido gobiernos dictatoriales como lo fueron Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Luego llegó la democracia partidista, que sentó las bases de un gobierno con nuevas reglas. La institucionalidad y alternabilidad del poder eran la base del Pacto de Punto Fijo, pero luego el proyecto se fue desviando y salpicar a la república de otra enfermedad. Ese problema de las repúblicas latinoamericanas llamado corrupción.

Al venezolano le gusta hablar y que le hablen bonito, una frase o palabra puede encantarle hasta cegarlo por completo. Siempre justifica la existencia de un líder o el héroe que lo salve de su propio destino. El primer héroe fue Bolívar, el centro de una historia de batallas y culto al líder militar. Pero lo civil, lo ciudadano es casi olvidado en nuestra historia republicana. Porque históricamente el venezolano busca la defensa de sus derechos, pero siempre omite o evade la responsabilidad y deberes que se tienen con la república.

Hace más de 20 años apareció en la opinión pública un encantador de serpientes, un líder que le hablaba bonito a quienes necesitaban una palabra de aliento. Ese líder llamado Hugo Chávez, representaba para unos la esperanza y para otros la llegada al poder de un populista. El populismo

de Chávez se afianzó cada día con sus discursos frontales, políticas sociales y capacidad de convencer a sus seguidores.

Luego de su muerte se cambió el culto a Bolívar por el culto a Chávez. Pero qué paso con los vestigios republicanos heredados en 1998, la respuesta es sencilla, fueron borrados por el Socialismo del Siglo XXI. Un proceso revolucionario que encargó de golpear a la república y concentrar todo el poder en un grupo político.

El imperio de la ley se convirtió en la bodega de la revolución, donde las leyes se adaptaron a su manera y la separación de poderes solo quedo en los recuerdos. El venezolano de ahora, golpeado por la crisis estructural del país, ya no cree en la justicia porque la inseguridad y la corrupción forman parte del país.

Todos los días la república recibe golpes, pero intenta resistir y dejar un espacio para cuando la barbarie deje de gobernar. La Constitución, la ley madre, ya no sabe cómo defender a sus ciudadanos porque la han violado tanto que ya se olvidó el propósito de su existencia.

Vivimos tiempos complejos donde estudiar sobre la política se convierte en un reto, porque todo está politizado y todo el mundo cree conocer sobre el tema. Porque somos un país de opinadores y jueces en las redes sociales.

Aunque la sigan golpeando y vejando, llegaran tiempos mejores para construir una nueva república y un nuevo venezolano que deje a un lado la viveza criolla y respete las reglas de convivencia ciudadana. El populismo dejó graves golpes a la república, pero pronto esas heridas sanaran, aprendiendo de los errores y tomando en cuenta que esta Venezuela de ahora no es lo que queremos a futuro.

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