Economía para la gente
De la corrupción y su economía (II)

No hay almuerzos gratis: La legalidad cuesta

Creemos que las leyes son gratuitas, neutrales. Creemos que estar en la legalidad no cuesta. No es así: la ley no es gratis, no es neutral: tiene costos y beneficios. Es parte de la estructura de incentivos para el comportamiento de las personas. La estructura legal modifica los medios puestos a disposición de las personas para tomar decisiones en los mercados.

“Lo que se intercambia en el mercado no son, como suelen suponer los economistas, entidades físicas, sino los derechos para realizar ciertas acciones; y los derechos de los individuos son establecidos por el sistema legal” (R. Coase)

Cumplir la ley acarrea costos y beneficios. Su vigencia no es independiente de su costo: que una ley sea respetada depende de la cantidad de tiempo y de información, necesarios para cumplirla; y este costo no necesariamente es medible en dinero.

Y aquí aparece el importantísimo concepto en economía del costo de oportunidad: lo que sacrifico para cumplir la ley. Cuando se produce una ley se le está diciendo a los ciudadanos que necesitan una cantidad de tiempo y de información determinados para ser protegidos por el sistema institucional. ¿Qué ocurre si se exige mucho tiempo o información para cumplir con una ley? Esta ley no se cumple, por “costosa”. Ley que cuesta mucho cumplir, no se respeta.

Costo y beneficio

Sólo se cumplen las leyes cuyos beneficios sean mayores que sus costos…. Como en toda decisión; beneficios y costos que no necesariamente son cuantificables. Cuando se decide cumplir una ley es porque hacerlo implica un beneficio mayor que el costo de respetarla, incluido en estos costos el costo de oportunidad. Y por supuesto que las valoraciones morales forman parte de la estructura de costos y beneficios de cada ciudadano. Es una decisión basada en la utilidad individual. Así, la ley se convierte en un medio puesto a disposición del ciudadano para tomar decisiones. Si la ley demanda mucho tiempo o información, la gente no la cumple.

Legalidad y riqueza

También se ve una relación directa entre la legalidad, entendida como cumplimiento de la ley, y el nivel de riqueza de la población: el costo de la legalidad es inversamente proporcional al ingreso de la población.

“Una mejor información es más fácil de obtener, con un riesgo correspondiente menor, conforme aumenta el nivel de ingresos”. (D. North y R.L. Miller)

Como el costo de oportunidad es menor, entendido éste como lo que se sacrifica para estar en la legalidad, a las personas de altos ingresos (llamémoslas ricas) la ley les cuesta menos que a los de bajos ingresos (llamémoslos pobres). Los pobres sacrifican más cosas significativas para cumplir con la ley: más tiempo e información.

Dado lo anterior, el aumento de la legislación favorece a los ricos y perjudica a los pobres; la ley tiene efectos asimétricos sobre los mercados: discrimina. No afecta por igual a todas las personas: afecta menos a los ricos y más a los pobres.

La economía de la ley es fundamental para entender la corrupción

Cuando el costo de la legalidad excede a su beneficio, la ley se incumple. Esto resulta de un análisis microeconómico personal de cada individuo, en función de su propia escala valorativa.

Ejemplos de esto pueden ser: 1) Sobornar no es lo mismo para dos personas: para algunas personas el beneficio producto del soborno no compensa el costo que representa faltar a sus valores, mientras que para otras personas puede ocurrir lo contrario, para las que el costo de faltar a su moralidad es menor al beneficio resultante de sobornar. 2) Economía informal: un sistema tributario engorroso y de elevados impuestos, puede llevar a muchas personas a la decisión de conducir su actividad económica informalmente.

Legalidad y moralidad

Las convicciones morales forman parte de la estructura de preferencias que alteran la percepción de los costos y beneficios. Son parte de la valoración subjetiva: alteran el costo y el beneficio de tomar determinada decisión. Las decisiones morales se adoptan dentro de condicionamientos institucionales. El problema no es si la gente es mala o buena, sino a qué precio decide ser mala o buena.

Bueno amigos, dejémoslo en este punto por los momentos. En el próximo artículo continuaremos desarrollando este interesante tema.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
Rafael Avila

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