El control de las emociones

En escenarios donde los precios de los bienes y servicios ascienden constantemente; donde los salarios se estancan y el poder de compra real está limitado y continuamente vulnerado por la escasez y especulación; es necesario tomar medidas conductibles, que condicionen el pensamiento con estrategias racionales para evitar que nuestras finanzas echen raíces en tierra infértil.

Pero, ¿cuáles son esas estrategias que pueden ayudarnos a adoptar un pensamiento preventivo y a su vez estimular el crecimiento económico y financiero personal? 

Debemos entender que para obtener un resultado óptimo y concreto a nivel financiero en economías inflacionarias, hay que iniciar por el dominio de las emociones.

Las emociones son reacciones subjetivas al ambiente en el que el individuo se desenvuelve. Éste a través de la experiencia, busca adaptarse a un estímulo originado por factores externos. De ellas nacen los sentimientos y diferentes sensaciones en el comportamiento humano. Es por ello que el factor emocional en términos financieros no puede dejarse a un lado, porque psicológicamente hablando, las mismas tienen el poder de crear patrones conductuales que muchas veces se relaciona con el estado anímico de la persona.

En el caso de las finanzas personales, hay emociones que si no aprendemos a dominar en escenarios económicos desfavorables, pueden desestimular el ahorro, agravar en mayor proporción los pasivos, destruir el patrimonio y en definitiva encaminarnos al consumo excesivo, como por ejemplo: la tristeza.

Un individuo que padezca de ella puede buscar en el consumo (gastos desproporcionales), atender un placer de forma inmediata, tomando decisiones muchas veces caprichosas y desesperadas que a corto plazo afectarían directamente su estado económico. Es menester que en este tipo de comportamientos, la persona ejecute un análisis psicológico de las causas que generan su tristeza, ansiedad y otras emociones negativas (medida preventiva). Si el motivo proviene por factores externos, tales como: desmejoramiento de calidad de vida, deterioro del ambiente, desaliento por economías deficitarias, desempleo, y cualquier otro motivo de peso que repercuta en la conducta,  entonces se deben crear patrones o estrategias racionales que blinden a la persona ante este tipo de escenarios.

Al crear estrategias financieras en pro de mejorar el uso de nuestro dinero, debemos destacar que son medidas que se ejecutan con la intención de generar resultados positivos a largo plazo, ya que a primera vista el resultado que se obtendrá no es financiero, sino psicológico. ¿Por qué?, porque el individuo se está habituando a un comportamiento que requiere disciplina y constancia, y la misma surge por la voluntad originada a través del análisis interno, donde se reconoce la falla conductual.

Una de las estrategias que pudiese aplicarse para el mejoramiento de las finanzas, desde el punto de vista racional, es adoptar la costumbre del ahorro o inversión en elementos fuertes que puedan cubrirse de procesos inflacionarios, tales como: divisas, bienes, minerales (oro), compra de acciones en bolsas de valores. Asimismo, el reconocimiento y corrección del alto consumo, muchas veces ocioso y ralentizado por estados anímicos, puede mejorar nuestro flujo de caja para aquellos planes o proyectos donde deseamos incorporarnos con la intención de diversificar nuestros ingresos.

Es necesario concienciar en la conducta y emociones que estamos llevando, porque muchas veces nuestros fracasos financieros radican en no mantener un dominio emocional ante escenarios inhóspitos y al aplicar patrones de consumo que solo deterioran nuestras disponibilidades y comprometen nuestro futuro económico.

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