De un país de “mineros” a uno de “agricultores”

El propósito del presente artículo es inducir a la reflexión de cómo nos estamos comportando como sociedad y qué valores son los que hoy día predominan. Llamó “minero” a esas mentalidades que lamentablemente prevalece en la actualidad, ganadas al dinero fácil, a los resultados “rápidos” con mínimo esfuerzo, el enriquecimiento por la vía que sea sin ningún escrúpulo moral, las ganancias exageradas que rayan en la usura justificadas en la “crisis” como si esta no fuera general y afectará a todo el mundo; el menosprecio del trabajo digno y la fe en “golpes de suerte” que serían la envidia de cualquier líder religioso, como lo evidencia el éxito de los locales de venta de lotería y las ventas de “animalitos” que causó furor hace un tiempo.

En el paradigma del “minero” las personas actúan como langostas, arrasan con todo sin pensar en el día después, porque lo que interesa es su conveniencia personal, son perseverantes pero para buscar ganancias fáciles, saltan de una actividad económica informal a otra según sea de atractivo el “margen de ganancia”, nuevos “oficios” han nacido: bachaqueros, mototaxistas, marcadores de colas de productos de venta regulada, estas personas quieren un nivel de vida e ingresos alto pero no vinculados al ejercicio de un oficio o profesión que requiera estudio o experticia técnica, y para completar, su manera de “ganarse la vida” es de una cuestionable “honradez”. Son los “póngame donde haiga” y “yo mismo soy aunque no sepa nada del trabajo”. La improvisación e irresponsabilidad que ha asesinado lentamente al país.

En cambio, los países que son social y económicamente desarrollados, con economías pujantes y estables, prosperan sobre el paradigma totalmente opuesto, lo que llamo “agricultor” por ser este oficio la labor de alguien que trabaja con paciencia, perseverantemente cada día, vigilando su terreno para al final del proceso obtener una cosecha producto de su esfuerzo. No obtiene ganancias súbitas ni espera cosechas de donde no ha sembrado.

Venezuela necesita más “agricultores” y menos “mineros”, más gente que la quiera y que trabaje con mística en su propio beneficio pero sin dejar de lado en bien colectivo, más visión de futuro y menos inmediatismo. Personas que piensen al país con un horizonte amplio, dispuestos a trabajar honradamente y desmontar la negativa costumbre de la “viveza criolla” que tanto daño nos ha hecho como sociedad, que respeten y reconozcan a las otras personas como su igual, que no sean oportunistas y abusadores.

Reconstruir Venezuela requiere de mucho esfuerzo, el trabajo más difícil será recomponer el tejido social. Ojalá no se convierta en una colcha de retazos remendada con los mismos vicios, resentimientos y complejos que nos trajeron a la actual situación. El país nos necesita a todos/as pero sobre todo, necesita que sus habitantes recuperen la integridad y la honradez como valores fundamentales. Para lograr el país que queremos y nos merecemos, tenemos cada quien que ser  y actuar diferente: ser cada día las mejores personas que podamos ser, lo demás vendrá por añadidura a través de la presión social y el ejemplo.

En este sentido, no pretendo que quienes toda su vida se han comportado como pillos y patanes vengan a cambiar por obra y gracia de un milagro, mis esfuerzos se dirigen a quienes son gente trabajadora y esforzada, a quienes han construido lo que tienen a través del trabajo digno. El malo hace porque el bueno deja hacer, es una dura verdad, y nos ha ocurrido muchas veces, el preferir callar ante el patán para evitar problemas o molestias, el dejar pasar agresiones para no vivir enfrentados a gente que no sabe convivir en paz… Es hora de que cambiemos nosotros/as, quienes queremos un mejor país, un país de respeto, de primera, y sin “molestia” o incomodidades nunca lo obtendremos. Esto solo se logrará con la participación aplicando la teoría de “Tolerancia 0”.

Es hora de salir de nuestras zonas de confort y empezar a exigir respeto a nuestros derechos, poner en su lugar al vecino malviviente, exigir colaboración activa de todos los llamados a participar en la reconstrucción, cada quien desde su área de influencia, esto significa bajar a las reuniones de condominio, asistir y participar en las actividades de la comunidad donde residimos o trabajamos, incluso, hasta tener la iniciativa de las cosas que se deben hacer, entre otras situaciones a nuestro alcance.

Venezuela no es un país rico, si es un país con mucho potencial que se está desperdiciando porque hay demasiado minero y muchos agricultores arrinconados en sus parcelitas vitales. Los buenos somos más, eso es verdad, pero tenemos que unirnos y organizarnos para tener influencia e incidir, solo así podremos recuperar un nivel de vida y bienestar vivible, porque lo que hoy experimentamos no es vivir, es apenas sobrevivir como acto de rebeldía, a pesar del régimen que nos oprime.

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