Entrevista a Margarita Lampo

Foto Carmen T. Torres

Margarita Lampo es individuo de número electo de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (AFICMAN) y hasta hace muy poco, investigadora del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas.

– Dra. Lampo su trayectoria académica le ha hecho merecedora del sillón XXII de nuestra Academia de Ciencias. Ha sido investigadora del IVIC por casi tres décadas, tal vez en la etapa de mayor excelencia académica y libertad en Venezuela. ¿Qué resalta del IVIC de sus inicios de carrera en los años 90?

En los años noventa, el IVIC era una institución que ofrecía todas las oportunidades que un científico podía soñar. Recién se había implementado una política para la incorporación de jóvenes científicos, que conformarían la generación de relevo. El IVIC gozaba de prestigio internacional, y el Commonwealth for Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO) de Australia lo había escogido como institución base en Suramérica, para desarrollar un programa de control biológico.  El sapo marino, una especie autóctona de Suramérica introducida en Australia en los años 30, se había convertido en una plaga. A través de ese proyecto ingresé en el IVIC. Tuvimos muchos recursos que nos permitieron responder preguntas fundamentales sobre el control de esta especie invasiva y consolidar un laboratorio que se convertiría después en el Laboratorio de Ecología y Genética de Poblaciones.

– Usted había obtenido su grado de Bachelor of Science de la University of Maryland y regresó al país para doctorarse en la Universidad Central de Venezuela. En aquellas décadas Venezuela era pujante también en la ciencia. ¿Recuerda sus planes y las oportunidades que había entonces?

Obtuve mi Bachelor of Sciences en Zoología, y no tenía duda de que quería ser ecóloga en Venezuela. La ecología tropical era en aquel momento un tema sumamente atractivo y Venezuela, con su variedad de ecosistemas, era el lugar ideal.  De niña había conocido con mis padres muchos de sus Parques Nacionales. Por otro lado, la Universidad Central de Venezuela, entre las mejores de Latino América para aquel entonces, ofrecía un postrado en Ecología. En fin, tenía todas las herramientas para continuar mi formación y comenzar a insertarme en la comunidad científica del país.

– Su ámbito de investigación en ecología ha incluido temas relevantes que van desde la salud humana hasta el cambio climático. Por ejemplo, su estudio sobre la estructura poblacional de flebótomos asociada a la leishmaniasis. A propósito de esta terrible enfermedad que ha repuntado en los últimos años ¿Cómo ve hoy la incidencia de la investigación científica en las políticas públicas de control de enfermedades tropicales en Venezuela?

Mi ámbito de investigación parece variado pero ha girado principalmente en torno a un tema: el manejo de poblaciones de animales. Lo diverso han sido las aplicaciones.  He modelado poblaciones de plagas agrícolas, he estudiado poblaciones de insectos vectores de la leishmaniasis para entender cómo reducir la transmisión de esta enfermedad, he modelado poblaciones de especies invasivas y la epidemiología de enfermedades emergentes en fauna silvestre. Aunque hace ya años que no trabajo con enfermedades humanas, es evidente como el desmantelamiento de la red de investigación, vigilancia y control de epidemias que existía en el país ha devenido en una catástrofe epidemiológica.  Aun cuando las cifras epidemiológicas que el Estado publica esporádicamente no coinciden con la casuística real, algunas redes de investigadores y médicos que se dedican a recabar de forma más transparente esta información para algunas enfermedades. Por ejemplo, en un artículo reciente en la revista Science, la Dra. María Eugenia Grilet, junto a otros reconocidos epidemiólogos y médicos aseveran que la incidencia de malaria sobrepasó los 300,000 casos en 2017. Para el 15 octubre de este año, la Federación Médica de Venezuela reportó 650,000 casos. El seguimiento epidemiológico de la leishmaniasis es más difícil porque la enfermedad incluye un espectro muy variado de manifestaciones clínicas, algunas leves e incluso asintomáticas.  El Servicio Autónomo Instituto de Biomedicina Dr. Jacinto Convit no ha registrado aumento en la tasa de incidencia anual en los últimos años. No obstante, expertos aseveran que la leishmaniasis ha venido expandiendo sus zonas endémicas, tradicionalmente rurales, hacia zonas periurbanas y urbanas.

– En otra dimensión de la ecología, también ha investigado las poblaciones de carnívoros a escala global. Tal vez la gente no sabe que los grandes mamíferos señalan una extensión de naturaleza de la que no podemos prescindir, que no debemos transformar porque nos provee de servicios que el hombre no puede suplir.  Es el caso del jagüar en los grandes corredores de la Orinoquia o el Pantanal por ejemplo. En tal sentido, los dueños de hatos privados en Venezuela hicieron grandes aportes en décadas pasadas ¿Cómo estamos hoy en el tema de conservación de áreas naturales, ecosistemas y especies clave?

La caza furtiva ha sido una de las mayores amenazas para los felinos a nivel mundial.  Estudios indican que hasta hace poco, la cacería por retaliación era la causa más importante de extracción de jaguares en Venezuela; se mataban principalmente aquellos ejemplares que incursionaban en las fincas a comerse el ganado. Esta práctica, aunque injustificada, circunscribía el problema de extracción a zonas ‘de conflicto’ en la periferia de las fincas.  Sin embargo, con el colapso económico del país, las motivaciones para cazar jaguares cambiaron radicalmente y también la eficiencia de extracción. Los cazadores buscan específicamente a los jaguares para vender sus pieles, colmillos y su carne como medio de subsistencia. Esta cacería tiene un impacto mucho mayor. En el pasado, algunos hatos privados en Venezuela servían de refugio para estas especies amenazadas, ya que excluían toda actividad de cacería en enormes extensiones de tierra. Con la expropiación desaparecieron los refugios. Pero más importante aún, estos grandes hatos privados servían de estaciones de investigación en donde se generó gran parte del conocimiento que hoy tenemos sobre la flora y la fauna del llano por ejemplo. Hoy, la falta de infraestructura y de seguridad hace que el trabajo de campo para el estudio de especies silvestres sea una tarea difícil y arriesgada.

– También ha dedicado particular esfuerzo al estudio del hongo Batrachochrytium dendrobatidis en poblaciones de anfibios; una infección que confirma los efectos del cambio climático. La sensibilidad de estas ranas andinas nos alertan de lo que en siguientes niveles, puede ocurrirnos ¿Cree Ud. que la gente entiende por ejemplo, las causas y los devastadores efectos de un océano apenas un poco más caliente?

En los últimos años me he dedicado a estudiar lo que se considera una de las mayores pandemias registradas en la vida silvestre. Poblaciones de ranas y sapos en muchas regiones del mundo disminuyeron drásticamente debido a infecciones con un hongo que se diseminó accidentalmente a través del comercio de ranas. Este hongo resultó ser tan letal para muchas especies de anfibios, que se cree causante de la extinción de varias especies. Este fenómeno nos ilustra sobre como pequeños cambios que pueden pasar desapercibidos tienen enormes consecuencias a escalas impensables. Lo mismo ocurre con el cambio climático; un aumento de temperatura casi imperceptible puede generar una cascada de acontecimientos con enormes repercusiones a nivel global.  Creo que el hombre recién ha comenzado a tener conciencia sobre alguno de los riesgos con las recientes devastaciones que han producido huracanes y tifones en varias regiones del mundo. No obstante, muchos de los escenarios que los científicos vislumbran son inimaginables para el resto de la gente. Por ejemplo, los expertos insisten en que reducir el calentamiento global a 1.5 grados, en vez de 2, puede reducir el ascenso del nivel del mar para el 2100 en 10 cm, cambio que parece pequeño pero que puede significar 10 millones menos de personas expuestas a inundaciones y daños de infraestructura.

– El gobierno de Chávez eliminó las agendas de investigación del CONICIT, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas creado en 1967 para estimular y financiar la ciencia y el desarrollo tecnológico con base en la comunidad científica y el sector privado. Desde hace dos décadas se ha ido sustituyendo la investigación y la experiencia acumulada, la ciencia y la tecnología por la “vinculación con el pueblo”.  Así apareció el FONACIT y luego el Plan Nacional de Ciencia Tecnología e innovación 2005-2030, cuya finalidad según se indica literalmente es implantar “un esquema revolucionario de avanzada en tanto su ejecución está planteada en el contexto de la construcción de una democracia profunda…” (FONACIT 2005). ¿Cómo resume ud. el desempeño de la ciencia en Venezuela a partír de estos cambios impuestos desde 1999? ¿Cómo eran nuestros indicadores de desempeño antes y después de estos cambios?

Hasta cierto punto el Estado logró sus objetivos. En el Plan de la Patria está claramente definido como objetivo estratégico, la consolidación de un estilo científico, tecnológico e innovador de carácter transformador para la construcción del Modelo Productivo Socialista, el fortalecimiento de la Ética Socialista.  Es decir, el Estado no concibe la ciencia como una actividad cuyo objetivo fundamental es producir conocimiento sino como una actividad al servicio de un sistema político. No es sorprendente entonces que las agendas que se implementaron buscaban 1) sustituir a los científicos por nuevos “actores” cuyo mérito fuese el compromiso con la revolución, 2) promover actividades de “divulgación científica” a través de talleres y 3) reemplazar indicadores de productividad científica basados en publicaciones, por indicadores de incidencia en la población (población atendida). El resultado inevitable de esta agenda fue el colapso de la productividad en términos de publicaciones científicas. Un trabajo publicado en 2011 del Dr. Carlo Caputo y Dr. Jaime Requena, ambos miembros de la Academia de Ciencias, ya mostraba a partir del 1993 un descenso acelerado del número promedio de artículos por investigador en las ciencias biológicas.  No conozco datos más actualizados, pero con la destrucción sistemática que vemos a diario de instituciones científicas y la inevitable diáspora de científicos venezolanos es probable que el descenso de estos indicadores se haya acelerado aún más.

– “El progreso tiene su ciencia” es el eslogan de ACFIMAN. Científicos bien formados e independientes fueron determinantes en el progreso de Venezuela. ¿Cómo abordar el futuro del país con una generación de relevo desnutrida y privada de educación básica?

No es evidente para mucha gente la relación que existe entre el grado de progreso o bienestar de las sociedades y el esfuerzo que éstas dedican a las actividades científicas.  Hace días el diario El País publicó una entrevista con el economista P.M Romer, premio Nobel de Economía 2018, en la cual aseveraba que el crecimiento económico basado en ideas e innovaciones, a diferencia del que sustenta sólo en factores productivos, es sostenible a largo plazo.  No es sorprendente entonces que los países que han apostado a la tecnología e innovación son los que más han crecido en los últimos años. Si bien es cierto que la destrucción sistemática del sistema educativo por parte del Estado ha repercutido muy negativamente sobre toda una generación de jóvenes, existen todavía relictos académicos desde donde se ejerce una enorme resistencia.  Si el país se enrumba de nuevo en la ruta del progreso, habrá todavía recurso humano para la reconstrucción. A los ecólogos a veces nos sorprende la resiliencia de algunas comunidades naturales frente a catástrofes; bastan unos pocos colonizadores para que poblaciones devastadas se recuperen en poco tiempo. Dentro y fuera de nuestro país hay un recurso humano calificado y jóvenes que se están formando. Nuestro reto actual es vincularlos al país de manera tal que cuando el país cambie de rumbo, se conviertan en “los colonizadores”.

– Pero no solo de ciencia vive el hombre. Ud. también es deportista y tiene formación musical. ¿Qué aportan en arte y el deporte a su vida?

Creo que es todo parte de una búsqueda universal; ¿Quiénes somos, donde están nuestros límites? La ciencia intenta satisfacer esta curiosidad a partir de la razón. Cuando hacemos ciencia, buscamos entender. El arte también responde a la misma inquietud, pero desde la irracionalidad. No requiere explicaciones, sólo aceptación.  He dedicado muchos años al piano. Tanto la investigación científica como el piano me han enseñado el valor de la disciplina, la paciencia y la dedicación. Cada una a su propia cadencia. En la ciencia, el tiempo corre vertiginosamente. El avance es lineal. En la música, el tiempo es más pausado. Es necesario reiterar para avanzar.

El deporte es el enfrentamiento a nuestros límites y miedos. He practicado el velerismo y los deportes ecuestres. También fui piloto de parapente. Los expertos dicen que cuando se libera adrenalina también se producen dopaminas que generan placer.

– Ud. ha sido tutora de muchos estudiantes en las últimas décadas ¿Encuentra diferencia en las aptitudes y actitudes de los investigadores jóvenes de hoy?

Durante casi tres décadas formando estudiantes en el IVIC he encontrado muchos tipos de estudiante, mejor o peor formados, menos o más disciplinados, menos o más comprometidos.  Lo que ha cambiado sustancialmente son las oportunidades que se les ofrece. Años atrás, los estudiantes del posgrado del IVIC podían dedicarse a tiempo completo a estudiar y desarrollar una tesis.  Se les garantizaba alojamiento, comida, equipos de laboratorio y de campo, e insumos para sus investigaciones. Hoy día es casi una proeza desarrollar una tesis y graduarse. La mayor parte de las instituciones no pueden garantizar la infraestructura mínima para la investigación y no se vislumbra un cambio a corto plazo. Bajo estas condiciones, no resulta atractivo para los estudiantes continuar su formación en los posgrados nacionales. En el IVIC por ejemplo, 83 estudiantes ingresaron en sus posgrados en 2014.  Este año solamente dos. De los 25 posgrados que la institución ofrecía, sólo 13 se mantienen abiertos. Sin embargo, los pocos estudiantes que están ingresando en estos momentos tienen una virtud, a pesar de adversidad mantienen una enorme motivación.¿

– Para el progreso que nos falta en Venezuela ¿Cómo debe ser la ciencia en el país?

La ciencia debe ser libre y autónoma, sin otros límites mas que los que imponga la propia mente humana.  Creo que esa es la clave del progreso.

Gracias Margarita.

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