Los treinta vasos con agua

Hoy, cuando me desperté, curiosa fui a mirarme en el espejo, como siempre lo hago. Lo que vi, no me gustó , así que decidí tomar cartas en el asunto. Me puse a brujear en youtube, para buscar alternativas y conseguí un youtuber que ponía, sobre la mesa,  treinta vasos llenos de agua, para luego agregar que cada uno era un día y, representaba un ayuno. Luego  añadió que, personalmente, había aguantado 21 días. Asombrada,  coloqué mi dedo angular en mi mejilla. Esa podría ser mi solucion, mi salvación para destruir la conducta del espejo y, al mismo tiempo, pensé, pobre tipo pretender engañar a todos sus seguidores con una mentira tan evidente.Era algo tan estúpido, como imposible, pero él se mostraba muy convincente, y acto seguido dijo, lo he logrado. He tomado agua, pero muchísima agua. Eso me hace dichoso, no es para menos, admití.

Su logro, en el caso de que fuera cierto, no habría sido fácil,  pero era tan pretencioso que, con seguridad, después  de esto, perdería a muchos de sus seguidores. Como soy piadosa senti  tristeza. Su esfuerzo  despertaría dudas, daba la impresión que estuviera vendiendo una mentira, aunque eso era fácil en este mundo de pecadores. Era difícil creer que este hombre, de aspecto rosagante, acababa de pasar 21 días. Pura paja, pensé al tiempo que me entraba la duda. Puede ser que esté  en lo cierto. Me propuse hacer lo mismo que ese cretino que había terminado por embaucarme,  pero mi decisión estaba tomada. Lo haría.
Empecé muy juiciosa, puse los treinta vasos con agua, sobre la mesa del comedor de mi casa, con un movimiento propio de  un verdadero ritual, Era como si empezáramos  una conchupancia, una tarea que íbamos a hacer en conjunto. como estaba tan decidida no vi las consecuencias de este acto,
No me fue difícil,. Era agarrar todo y echarlo al pipote de basura. Debo reconocer que fue un impulso del momento, sin medir las consecuencia, A quien se le ocurre botar la comida en un país con tanta escasez. Me esforcé para que todo saliera bien y me tome mi primer vaso con agua para darme fuerzas. Debo reconocer que no me fue fácil, aunque era poco lo que tenia en aquella cocina desfallecida. Habia sacado,  medio kilo de queso y un litro de leche que me había costado tanto conseguir.  acumulando todo en una bolsa todo lo que tenia, un cuarto de kilo de café, medio litro de aceite que esta alli por obra y gracia del Espirito  Santo, media  docena de huevos que me vendió una vecina que los produce, un poco de cacao puro que una catitativa sobrina me regaló, seis naranjas californianas, dos platanos, unos cuantos limones que usaba con recato porque estaban muy caros, así como tres tomates, una cebolla,tres bananas, unas hojas de acelga y una auyama que creció sola en el patio.
No pasó mucho tiempo cuando mis deseos de consumir solamente un vaso de agua al día se desvanecían. En poco más de doce horas empecé  a desfallecer. Salí corriendo a rescatar la bolsa de los alimentos, pero el camión  del aseo había pasado a recogerlos, cosa que es muy difícil. A veces el mal funcionamiento de los servicios públicos puede ser de gran ayuda. Desconsolada volví a la casa y pensé en ir a la frutería mas cercana donde, por lo general, hago mis compras. Se consigue toda clase de vegetales, pero muy costosos.  Agarré mi bolso cargado de eso que se usa para comprar, segura de poder hacerlo. Por lo menos eso pensaba una ingenua como yo. Ninguna de las tarjetas de crédito, que funcionaban antes del cambio de la moneda, servían. En el mostrador se las entregaba al cajero quien las iba pasando por el punto una por una. Antes de eso me miraba con lástima para reflejar el no con su mirada. Saqué la tarjeta de débito y no funcionó por falta de fondos. Lo que tenía no alcanzaba para comprar una lechosa. Así que me fui a la casa muy triste, me senté en la mesa frente a los vasos,  agarré uno y, acto seguido, me lo
tome, arrepentida de haber tenido esa conducta tan débil. Subí  a mi cuarto y lo cerré con llave, para protegerme de seguir tomando agua, porque solo me estaba permitido un vaso.
Quería agradecer al tipo de youtube,  todo lo que me estaba enseñando, pero cuando abrí el computador se había ido la luz. Al día siguiente me desperté con una gran ilusión, pensaba en mi tercer vaso. Extranaba mi café recién hecho, mi vaso con jugo de naranja, ni que decir de los  huevos revueltos. eso es pasado, me dije. Es producto de algo que dejé a un lado por seguir las recomendaciones de un tipo desquiciado. Para darme consuelo que quizás pudiese haber dado resultado, me  planté frente al espejo que, como siempre, se mostraba implacable. Lo odiaba a muerte, sin duda era una masoquista que no entendía que para salir de esto, sólo  tenía que olvidarlo, o , en su defecto, taparlo con una sábana blanca. Desesperada, busqué nuevamente al tipo del video, quizás había pasado por lo mismo. A penas pude abrir el youtube, porque el internet, cómo siempre, estaba con la señal muy baja. No tenía ninguna ojera, aunque las mías  empezaban a vislumbrarse. Las cosas que tiene la vida, se le puede sacar el jugo a las cosas mas sorprendentes, quizás por eso los bichos que gobiernan siguen en el poder. Consiguen que la gente siga salteando problemas, como el que yo tenía, en ese pequeño  mumdo, reducido a los vasos con agua.
Para pasar el tiempo saqué mi carrito a dar una vuelta, como lo hacía antes, pero corría  el riesgo de gastar la poca gasolina que le quedaba. La había conseguido después de hacer una cola kilométrica de doce horas que soporté gracias a la compañía  por teléfono  que establecí con una vieja amiga, quién vive lejos del país porque salió  huyendo. No aguantaba más  tanta escasez. Me estuve así hasta que se le descargo la batería,  allí con la ventana abierta, con mucho sobresalto, no sea que a un malandro de los malos se le ocurriera ponerme una pistola en la cabeza para quitarme todo lo que tenía, incluyendo la vida. Eso no era nada extraño.
Ese día todo se me mostraba más exacerbado, quizás eran los efectos de los vasos con agua. Luchaba para mantenerme lejos de ellos y del endemoniado espejo. Lo que era común para todos, para mi resultaba inédito ese día. Por  ejemplo, pasar frente a una cola interminable que hacía  la gente para comprar un paquete de harina pan. Eso me parecía raro bajo  la alucinación, los empujones que se daban para evitar que una mala persona se atreviera a quitarle el puesto. Seguí en mi deambular por la ciudad, como si fuera una turista dislocada que se pusiera a hacer esto. El fresco de la tarde me hablaba de todas esa cosas lindas que tiene la grandeza de la vida. Era algo que no se había perdido. Esta maravilla, adornada por un arcoíris que atravesaba el espacio, me hizo olvidar mi propia realidad. Aquel vaso con agua era mi ilusión. Se habia convertido  en la salvación de mi estomago hambriento.
Por estar encerrada en mi casa, para hacerme la loca, me habia olvidado de los enormes cerros de basura que inundaban todos los espacio de esa linda ciudad que usualmente era una de las más limpias del país. No sé cómo pude olvidar algo así, quizás porque mi vida se reducía a eso. toda ella representaba la  imagen desolada que no estaba muy lejos de representar una de esas películas  del futuro que muestran un mundo desolado,  por lo general,  las calles están desiertas, con carros y edificios destrozados, dónde un pequeño grupo de sobrevivientes buscan la forma de luchar para salvarse, buscan comida.
Recordé  que necesitaba  comprar unos clavos  para arreglar una mesa que desde hacía tiempo lo suplicaba. Pasé por calles y calles buscando una  abierta, muchos locales comerciales, de lo que fuera, estaban llenos de polvo, cerrados. Entré en una que conseguí  pero no habían clavos, sólo  escobas de barrer que estaban espaciadas  por todos lados para llenar los espacios . No entiendo como estos negocios sobreviven así, con empleados que usan su tiempo para conversar. Pensando en estas cosas me distraje y casi me llevo por delante uno de esos zancudos metálicos que se atraviesan por aquí y por allá. Esas motos.
Mis 27 vasos con agua se me mostraban como  el único aliciente. Tenían la virtud de llenarme de esperanza.

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