Lo que ha podido ser, no fue.
El asesinato de dos peloteros

Vivimos en un país donde los jóvenes sueñan con ser profesionales, ser los mejores en algo, para las niñas normalmente el sueño es ser miss, para los niños normalmente es jugar béisbol, y por muy estereotipado que se pueda ver esto, son dos moldes en los que a todo padre venezolano le gustaría que su hijo encajara; porque a veces es mejor seguir un molde que perderse en las calles, entre el peligro de andar como presa o la desfachatez de andar como cazador.

Los jóvenes que sueñan con beisbol normalmente tienen dos caminos, la pelota o la pistola, todos apuestan por el sueño bonito de ser firmado, pero las vacantes son pocas y cuando la primera opción no se alcanza, se termina buscando siempre el plan B. Y cómo no soñar con béisbol si cada año son los mejores meses siendo los ídolos de un país, como no soñar con la pelota si la vida se detiene cuando Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes se enfrentan, quién no soñaría con rugir entre los Tigres de Aragua, con levantarse como Águilas del Zulia, ser tan Bravos como los de Margarita, acechar el estadio como un Tiburón de la Guaira, pero, lo que nunca se sueña es con quitarle vuelo a un Cardenal.

Juan José Ávila, presidente de la LVBP declaró recientemente que el accidente podía prevenirse cumpliendo las normas indicadas por la MLB de viajar en los autobuses de los equipos, más allá de su razón, y su afán de pensar que esto ha podido terminar de otra manera, es sabido que no todos los venezolanos pueden subirse a los autobuses de la LVBP, todos, en su totalidad, están batallando diariamente por llegar a algún sitio como aquella pancarta de Génesis Carmona, Miss Turismo 2013, asesinada por el régimen en las protestas del año 2014 “cansados de estar por lo menos vivos”.

La vida es un azar, pero la dictadura ha transformado la de los venezolanos en una ruleta rusa que lo único que nos garantiza es la muerte. Las calles están llenas de vándalos, de asesinos, de maldad, de juventud nacida y criada bajo la doctrina de un régimen que solo asevera que el que tiene más no lo merece, que empuja a la juventud a hacer lo indebido por tener algo que no podrán alcanzar por no tener oportunidades. Jóvenes, asesinaron a los que sin saberlo, eran de esos peloteros que ellos algún día anhelaron ser, esos que los inspiraron a amar la pelota, hoy están muertos por la maldad sembrada en dictadura.

Dos vidas han sido noticia, pero, todos los días son cientos, jóvenes luchando –llegar- a cumplir su sueño bajo la figura involuntaria de presa, y otros  luchando por –llegar- a tener mediante el robo lo que la situación del país causada por la dictadura no le ha permitido y entonces emprende su figura de cazador.

Venezuela necesita una juventud con ganas de hacer el bien, pero también con oportunidades para alcanzarlo. No merecemos seguir justificando muertes con lo que ha podido ser, porque merecemos un país de justicia, de reconciliación, de honradez y de respeto. La respuesta está en las calles, mediante la protesta pacífica, la dictadura sabe que le queda poco, y estamos cerca del día en el que no se espere –por lo menos llegar-.   

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