El pendiente ambicioso

Dibujo de Francisco Grisolia.

Soy un zarcillo. No puedo parecer insignificante, porque no lo soy. De hecho, creo que soy un tipo bien importante, aunque mi vida se debata en una soledad interna, toda vez que mi compañero siempre está fuera de mi alcance. Sólo lo puedo mirar en el espejo o cuando dormimos plácidamente en un cajón, pequeño y coqueto, como ella. Me prefiere, de eso no hay duda, porque siempre tengo trabajo, lo que está muy bien para mí. Me mantiene en la palestra. Sólo me escondo cuando, por lo general, no hace falta que me ande pavoneando. Toda esa vida deslumbrante que lleva, no siempre me la puedo contagiar. Por razones que a veces no entiendo, me siento desdichado y no es porque sea un malagradecido. Recuerdo cuando fui adoptado por esta mujer, siempre tan activa. Ese día tanto mi vida como la de mi compañero, cambio. Se podría decir que dio un giro total. Debo confesar que nos toco ganar un concurso muy difícil, una lucha contra otros que querían ser seleccionados. Lo siento por ellos. A veces me entran delirios de grandeza y siento que soy mejor que los demás de mi especie. La preferencia se mantuvo en aquel cajón donde la lucha entre nosotros era intensa, pero ella no se daba cuenta. Teníamos que brillar, sonreír, brincar Para ser seleccionados. Por más que fuera preferíamos la luz a la oscuridad. Habíamos nacido para lucir, para elevar el ánimo, para destacar. A pesar de ser siempre los favorecidos, me sentía en una confusión constante. Hablo por mí, no sé si mi gemelo piensa igual. El se veía tranquilo, mientras yo andaba indeciso, quizás porque era perezoso. A cómo diera lugar tenía que cumplir con mis deberes, so pena de ser lanzado quien sabe dónde.

Mi existencia se debatía entre sentimientos confusos. No sabía que era lo mejor. Si no me hacía notar y me mantenía quieto, mi vida era miserable, oculta. Pero, si estaba con ella, si prefería andarme batuqueando, con el riesgo de caer al precipicio, sentía que venía una muerte prematura. Quizás era un cobarde. Puedo confesar, sin lugar a dudas, que mi mayor preocupación era eso, necesidad de sobrevivir. eso superaba ese deseo de ser bello para sentir sus manos ajustándome en el lugar donde debía estar. En ese momento y, digamos que en todos, no me provocaba hablar. Sólo lucía, aunque debo reconocer que a veces me ponía tímido, quizás porque tenía que estar en medio de otros que parecían más atractivos, vestían con colores deslumbrantes o sencillamente eran mas elegantes. Eso era un poco duro reconocerlo, aunque no era mi problema. Ella sabría donde se estaba metiendo.

Les puedo decir, con certeza que a veces pienso que mi ocupación no tiene sentido, ese horror a una caída mortal, era algo que no había escogido. Era una especie de deporte a todo riesgo. Pero no todo es malo. Mi estado anímico cambia de repente cuando a ella se le acerca alguien, que me puede ligeramente rozar. Es como para sonrojarme. Es una sensación agradable, a veces perturbadora. Que alguien me diga si no tengo motivos. Juntarse dos rostros, está así de cerca, puede llevar a otras cosas, aunque no hay que ser malpensado. Por lo general son acercamientos sin importancia, de saludos. La cosa cambia si se trata de la misma persona que siempre junta su cara a la de ella. En casos como estos, siento una vergüenza y un sofoco. No puedo evitarlo. Soy algo pazgutato,por decir algo. En momentos así, soy testigo de su alegría, de su sensualidad. Eso puede terminar, válgame Dios, en una mezcolanza de cosas que me da cierta pena decirlas. Soy curioso, pero muy respetuoso, así que prefiero hacerme el loco para no escuchar esos esos sonidos que por lo general, se intensifican. No se cómo, un zarcillo, puede tener tal comportamiento, tan mojigato, eso no debe formar parte de nuestras vidas. Algo extraño tuvo que haber ocurrido cuando me hicieron. Quizás porque soy único, hecho manualmente. Eso, de todas maneras, no es motivo para ser así, tan criticón. Puede ser que mi problema es que soy un envidioso. Este es un sentimiento inevitable, que nos convierte en seres miserables. No puedo ni quiero, darme esos lujos. Eso, me hace sentir, además, muy incómodo. Para nadie tiene importancia, pero a veces pienso que necesito tener alguna comunicación con mi gemelo, que está del otro lado, para compartir estas cuitas y saber si sólo a mí me pasa algo así. En momentos como esos, albergo la esperanza porque ella se ponga exótica y decida unirnos. Mejor no pensar en eso, porque me vuelvo ansioso ante la imposibilidad de que ocurra y eso, sería un problema. Nadie, por especial que sea, va a calarse a un zarcillo ansioso.

Se podría decir que mis sentimientos hacia ella, son ambivalentes. A veces la amo, otras veces la odio. Cuando está acostada sola, siento paz. Cuando está con alguien al lado, me da una cosa rara porque tengo que soportar algunos movimientos extraños, pero, no hay riesgo de nada. Me puedo mover sin ningún riesgo. En todo caso, me siento relajado, seguro de mi mismo. Se podría decir que dichoso, porque estoy ahí, sin peligro de nada. Libre, feliz, porque esos sonidos me producen un sentimiento que me da un no se qué. Me alivio también, porque no me ha guardado en la cajita donde debo permanecer quien sabe por cuanto tiempo. Cuando ella corre, por citar un ejemplo, la odio profundamente, aunque no se que más puedo esperar. Debo aceptar mi condición. Que problema conmigo mismo, !que fastidio!.Es un horror pensar que el final puede llegar en cualquier momento, que puedo caer, que me puedo desprender de esa oreja sudada y caer al piso donde existe la posibilidad de ser estripado por cualquier zapato, que sea bonito o no, es capaz de acabar con mi vida. Soy un indefenso zarcillo, con una vida intensa, que se sujeta con gusto, porque a pesar de todo soy muy responsable. Les pido que por favor, cuando la vean conmigo, no dejen de alabar mi estilo, mi belleza, mi ser único. Eso le da armonía a tu cara, luces muy bien. Esos comentarios me ayudan a estar presente en ese rostro con más frecuencia. Si tienen comentarios negativos, mejor ni hablen. Podrían mejor quedarse callados. Espero que me entiendan. Total, no pierden nada con eso. Recuerden que soy un zarcillo. Nada más, nada menos. Soy lo que soy.

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