Mar del Plata celebra un verano atípico

Este verano no hay grieta en Mar del Plata: tanto los K como los M se muestran eufóricos y hasta amistosos entre sí. Y no solo porque las urnas repartieron el juego entre unos y otros -Nación y provincia, para los primeros; el comando municipal de la ciudad, para los segundos-, sino, particularmente, porque transcurren una impensada bonanza estival. Se nota en la calle el mejor humor de comerciantes, taxistas, gastronómicos y hoteleros que, desde principios de año, vienen trabajando a full y esperan no dar abasto en el inminente fin de semana largo de Carnaval. En enero hubo 1.382.672 turistas, un 7,2% más que un año antes.

El flamante intendente -Guillermo Montenegro, de Juntos por el Cambio, que le ganó por 9712 votos a la actual ministra de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Fernanda Raverta, del Frente de Todos- se ve favorecido en el comienzo de su gestión por el clima de buena onda que invade a la, otra vez, Ciudad Feliz. También aportó para que no estallasen conflictos gremiales con los guardavidas, municipales y recolectores de basura, como en la temporada anterior. Un verano casi perfecto, sin paros y con precios que, en general, se han quedado bastante más atrás que la inflación.

Cierto es que su antecesor y correligionario, que ni los propios macristas toleraban, Carlos Arroyo, había dejado la vara muy baja con su sistemática inoperancia y polémicas de baja estofa. Por eso también gustó a los docentes que, de movida, el nuevo jefe de la ciudad les reintegrara la bonificación que la administración anterior les quitó y se había judicializado.

El fenómeno de repentina reactivación del principal centro turístico del país rompió todos los manuales: ¿no era que Mauricio Macri había dejado «tierra arrasada» y que imperaba el hambre en la Argentina?

¿No era que para que la temporada marplatense funcionara medianamente bien resultaba imprescindible que hubiese fútbol de verano, Mirtha Legrand publicitara las bondades de Mardel en sus programas de fin de semana transmitidos desde un hotel de Playa Grande, se realizaran las fiestas del Mar y de los Pescadores, el Banco Provincia ofreciera 50% de descuento en las compras del supermercado y la ciudad rebosara de recitales gratuitos? Pues bien, ninguno de estos «talismanes» existen este verano y, sin embargo, hay colas de hasta un cuarto de cuadra para entrar en restaurantes céntricos. Creer o reventar.

¿La sola presencia en lo más alto del poder de Alberto Fernández y su heterodoxa coalición es capaz de este abrupto milagro? No sabemos si el mismísimo Presidente lo cree, pero por si acaso llegó rápido a Mar del Plata con su díscolo gobernador bonaerense para fotografiarse con protagonistas de la movida artística, en tanto que la primera dama participa de pequeños actings sociales y playeros. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y otros importantes funcionarios, mientras, se apersonaron en la ciudad balnearia para recibir a la Fragata Libertad. La vidriera marplatense es muy tentadora para la política, particularmente en un verano tan favorable.

No hay magia sin truco que lo explique. En este caso pueden haber confluido el congelamiento de tarifas, combustibles y peajes, los Precios Cuidados ampliados, el bono salarial que algunos recibieron y la expectativa en el imaginario popular de que cualquier administración justicialista incentivará el consumo a cómo dé lugar. Se trata de medidas que tienen fecha de vencimiento y que exigirán un programa más consistente para perdurar. No fue tampoco una decisión menor aplicar un impuesto del 30% a los consumos en el exterior, lo que hizo bajar a pique los viajes a Uruguay, Brasil, Miami y otros destinos extranjeros. Cientos de miles se volcaron así a vacacionar en plazas locales.

Se diría que por ser Mar del Plata un destino preferido por un turismo más popular, este último ítem no lo beneficiaría notablemente, pero se trata de otro molde que también se rompió: en Playa Grande se agotaron las marcas de los champagnes más caros; en enero, un público joven de alto poder adquisitivo, que superó las 200.000 personas, participó de fiestas electrónicas, un fenómeno que viene creciendo año a año. Hasta se vendió en enero un 50% más de preservativos, según la Cámara de Farmacéuticos local. La frutilla del postre: un crucero internacional atracó anteayer en el puerto y están agotados los pasajes en tren desde Buenos Aires hasta marzo.

Ya es un clásico que dos importantes personajes del staff de cada verano marplatense se comploten tempranamente para señalar, uno con precisión matemática, y el otro para difundirla, cuál será la impronta de la temporada, si buena, mala o regular. Por un lado, el productor teatral Carlos Rottemberg, dueño de seis salas en La Feliz, que el 8 de enero último le tomó la temperatura a la taquilla y prenunció el rumbo de su negocio. Por el otro, el subdirector del diario La Capital, Marcelo Pasetti, que publica al toque esa información y desde ese medio de comunicación se distribuye urbi et orbi. Ese número, que empezó siendo un 17% más de entradas vendidas en el circuito teatral comercial este verano respecto del anterior, hoy ya está por encima del 18%. Se calcula que hacia el final de la temporada se habrán vendido 280.000 tickets (40.000 más que en las vacaciones pasadas). El teatro independiente local acusa, por su parte, un 30% más de espectadores.

Los marplatenses tienen la convicción de que el invierno los encontrará con fondos en sus alforjas y se ilusionan con facturar más durante la seguidilla de feriados largos que tapizarán 2020.

Crédito: La Nación

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