Semana de la Patria con Esteroides

Esta semana Nicolás Maduro anunció que los carnavalescos ejercicios militares pasaron de ser excepcionales y anunciados a permanentes e imprevistos. El argumento con el que justifica su risible demostración de poder es que con ello se logra la “paz y la seguridad”, es decir, los ejercicios militares son un disuasivo. La pregunta es ¿disuaden a un potencial ejército invasor, a los grupos guerrilleros y paramilitares que hacen vida en Venezuela o al tráfico de sustancias ilícitas y recursos irregularmente explotados? Pues no. Disuaden al pueblo de no mostrar su descontento en la calle. Si hay ejercicios militares permanentes e imprevistos estamos ante un estado de excepción no decretado en el cual se suspenden las garantías constitucionales. No hay derecho a la protesta, ni a la huelga, ni a la reunión pública.

Para entender la gravedad de estos hechos debemos remitirnos a los elementos fundamentales de una democracia. ¿En una democracia no debe existir conflictos? ¿Todos debemos agarrarnos de las manos, hacernos carantoñas, decirnos mutuamente con ánimo e insistencia enfermiza que “somos el mejor país del mundo” y que “juntos, todo es posible”? ¿”Amor y paz” como decían los ñangaras de los 60s? ¿Qué hierba nos estamos fumando?. 

Para empezar es inherente a la democracia la existencia de conflictos, de lucha entre distintos intereses, todos legítimos, patrones vs. trabajadores, estudiantes vs. autoridades universitarias, universidades vs. gobierno, regiones vs. capital, ruralidad vs. urbanidad… todos con intereses tan legítimos y respetables como parciales y específicos. Una sociedad libre convive con el conflicto, con el bullicio, con miles de voces, unas contra otras con el fin imponerse. En las dictaduras, la norma es el silencio, solo el monótono discurso oficial.

En las democracias, existe el conflicto porque también existe un mecanismo para resolverlos: la regla de la mayoría. Periódicamente, las democracias efectúan elecciones libres, justas y transparentes para que sus ciudadanos den un mandato claro a la opción que genere consenso. Los conflictos continúan, pero hay un mandato popular que establece una victoria parcial y temporal a los sectores que reúnen a la mitad más uno. Esa es la consecuencia lógica de suscribir el pluralismo, somos plurales y diversos por tanto, no iguales o diferentes, siendo distintos entramos en conflicto y la democracia es, fundamentalmente, un conjunto de normas que canalizan el conflicto de manera institucional, pacífica y electoral.

En las dictaduras ocurre de forma diferente, (sea una teocracia, una autocracia, un totalitarismo, de dogma comunista o fascista, de cualquier color) en los regímenes de fuerza, de facto, se solucionan los conflictos con represión, amenaza, cárcel, censura, persecución, exilio o muerte. 

Debemos preguntarnos, ¿una democracia auténtica requiere forzar la paz y la seguridad interna con ejercicios militares permanentes e imprevistos? Pues no. Tener que llegar a tan desesperada actuación sería indicativo de que el conflicto y el malestar son tan profundos que la necesidad de elecciones libres, justas y transparentes es urgente. Pero las dictaduras (particularmente una que ha tomado conciencia del absoluto desprecio popular en la que cayó) prefieren militarizar todo. ¡Hasta disfrazaron a Nicolás Maduro de militar siendo civil!.

Este es un intento claro por cerrar la “bóveda del miedo” como suele decir el colega Jhon Magdaleno. Para callar al pueblo ya no sirve el “carnet de la patria”, tampoco están funcionando las cadenas de radio y televisión a cada instante, dejó de funcionar la persistente censura en los pocos medios de comunicación que aún operan, tampoco funciona la operación Alacrán, no funciona ilegalizar a los partidos, hoy hacen mano de la implantación de un estado policíaco, una versión “permanente” e “imprevista” de la Semana de la Patria  Perezjimenista. Una Semana de la Patria con Esteroides, que durará quién sabe si un mes, un año o por toda la eternidad, hasta la segunda venida de Chávez, nuestro comandante supremo y eterno. ¿Cuánta estupidez y ridiculez junta puede entrar en el consejo de ministros?.

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