El Covid-19, las elecciones y el último legado del MAS

Administrar una situación como la que estamos viviendo es algo que no se lo podemos desear ni a nuestro peor enemigo, Dudo que Jeanine Añez haya soñado jamás con llegar a ser presidenta de Bolivia, pero si lo hizo alguna vez, su caso sería ese de la máxima que recomienda no soñar porque los sueños se hacen realidad (y eso es terrible).

La situación de la Presidenta boliviana debe ser compartida con muchos de los gobernantes actuales. Pienso en Pedro Sánchez en España, o en Macrón en Francia, y estoy seguro que ellos realmente no hubieran querido por nada del mundo pasar por las actuales circunstancias. Si una adivina de las de Shakespeare les hubiera dicho que esto iba a pasar si llegaban a dirigir sus países, tal vez hubieran tomado recaudos y no se hubieran presentado a las elecciones que los ungieron.

Bolivia la tiene peor que los grandes países, aunque no estamos sufriendo tanto como España o Francia, porque para empezar somos mucho más pobres, para continuar hemos tenido un gobierno durante 14 años cuya principal (aunque no única) debilidad era precisamente el sector de la salud.  Nos toca enfrentar la emergencia sanitaria y la enorme crisis económica que se nos viene y que será durísima.

En estas circunstancias, lo ideal sería tener un gobierno estable, con el aval de una legitimidad salida de las urnas, porque todos (menos los masistas) podemos coincidir que aunque la Presidenta es legítima y legal, el suyo es un mandato transitorio y menos sólido en muchos sentidos que uno emergido de una votación.

Sin embargo, el detalle que no debe ser olvidado ni relegado por nada del mundo, es que esa herencia la tenemos del MAS, de Evo Morales y su entorno que, primero al violar la Constitución y luego al hacer fraude, nos escatimaron a los bolivianos la posibilidad de tener un gobierno legítimamente elegido y que ya estaría en funciones desde enero de  este año, lo que en estas circunstancias hubiera sido aún más importante. Ese fue el último acto de gobierno del MAS.

Indigna que los responsables de esta canallada, reitero, la violación a la Constitución y el fraude, sean ahora los que pretendan imponer su agenda sobre los plazos razonables que deberían darse para que pueda tener lugar una elección manejada adecuadamente, y tengan el tupé de hacerlo en nombre de respetar la democracia.

Aclaremos que no se trata sola mente del día de las elecciones, se trata de todo el ritmo de reuniones, masivas o relativamente pequeñas, que se requieren para que tengan lugar elecciones democráticas. Parece ser que este ejercicio se podría hacer de mejor manera, sin entrar en riesgos para la salud ni de los electores ni de los candidatos, un poco más tarde, digamos, un par de meses después.

El partido de Evo Morales, quiere imponer sus propios ritmos y teniendo la mayoría en el Congreso lo va a lograr sin que se haya escuchado un pedido de disculpas por el zafarrancho que ellos han causado, sin que hayan hecho el mínimo mea culpa por tener en su cúpula a un puñado de angurrientos corruptos que querían quedarse en el poder por siempre, y sin haber iniciado un proceso interno.

Creo que es importante avanzar en un proceso contra las personas del MAS que participaron del fraude, y de la también fraudulenta y violatoria inscripción de Morales y García para las elecciones del año pasado, incluidos por supuesto los principales beneficiarios de ese exceso.

No deja de arruinarme el hígado leer en redes y escuchar y ver en declaraciones televisivas, con qué desparpajo se presentan y argumentan los representantes de ese partido que está en gran falta.

Crédito: Página Siete

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