El progresismo no solo se aprovecha de los temas económicos
Editorial #513 – La batalla cultural

A principios de la década de los noventa, en la ciudad de Sao Paulo en Brasil, se congregaron diversos actores políticos de izquierda de la región. Ninguno de ellos era aún muy relevante, pero todos coincidían en un mismo diagnóstico: se venían tiempos económicos y sociales complejos, lo que representaría una oportunidad política para ellos. En ese momento, la gran mayoría únicamente soñaba con tomar el poder en sus respectivos países, solo uno presente en ese encuentro ya lo ostentaba desde hace décadas: Cuba.

Hoy, casi 30 años después, el Foro de Sao Paulo pasó de ser una amenaza a ser un proyecto político que logró sus objetivos y destruyó nuestras naciones. Los hermanos Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, los Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, “Pepe” Mujica en Uruguay y Daniel Ortega en Nicaragua, llegaron al poder a saquear y quebrar sus países.

Ese proyecto castro-chavista, en la actualidad disminuido, ha sumado en el último tiempo algunos aliados en un formato diferente, el Grupo de Puebla, grupo encabezado por quienes pretenden tener su propia versión del progresismo socialista en la región, como México y Argentina, pero que en términos reales no es tan distinto.

Quienes creemos en la democracia y la república, y estamos comprometidos en seguir luchando por la libertad, tenemos que partir de dos premisas básicas: 1) la lucha no es local, es regional y 2)  la lucha no es solo política, es también cultural.

La primera de ellas ya es evidente. El proyecto socialista castro-chavista está organizado y su objetivo es dominar el continente. Aferrarse al poder donde ya lo tiene y obtenerlo donde aún no lo ha logrado, desestabilizando a los gobiernos democráticos para lograr su cometido.

En relación a la segunda premisa, todavía son muchos los que aún hoy no se dan cuenta que muchas reivindicaciones sociales históricas están siendo aprovechadas y manipuladas por estos grupos para sus propios fines. En palabras más simples, usan a la gente, sus necesidades y sus aspiraciones a su conveniencia.

El progresismo no solo se aprovecha de los temas económicos, que por la pobreza y la desigualdad en la región son sin duda los de más importancia, sino también de otros aspectos hoy populares, como los raciales, de igualdad, de diversidad, etc. Todo lo que puedan manejar como propaganda les es útil.

Este es un movimiento que, como mencionamos antes, no solo está bien organizado, sino también muy bien financiado. Eso hace indispensable que quienes creemos en las ideas que defienden la libertad, la propiedad, la democracia, la prosperidad y la solidaridad,  también comprendamos que nuestra lucha será más efectiva si no es solo local y nos organizamos a nivel regional.

También tenemos que tener claro que para lograr una verdadera y duradera victoria política, es indispensable imponernos primero en la batalla cultural.

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