Un proyecto intercontinental

Quizá por el impacto que produjo la guerra civil salvadoreña en un sector de nuestra generación,  en los tempranos ochenta del siglo anterior, en la década ulterior prendió rápido el interés por el viejo conflicto español. Desde aquella vez que aparecieron incontables títulos en el remate del puente de la avenida Fuerzas Armadas,  realizando por largo tiempo el vaciado de algunos depósitos caraqueños, nunca más fuimos indiferentes a la suerte de los ibéricos.

Gabriel Jackson ha escrito uno de los mejores libros sobre el desenlace de la II República de la España que lo apasionó tanto que la ensayó también como novela, aunque recibió el injusto ataque de Noam Chomsky. Las memorias de Manuel Azaña todavía nos conmueven profundamente, y, entre otros numerosos autores, Stanley Payne, Paul Preston y Hugh Thomas, a los que irremediablemente se suma Pío Moa, no faltan en la estantería de los interesados.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundado en 1879 por Pablo Iglesias, en un acto de profesión de fe marxista que la entidad abandonó cien años después, tuvo una grave responsabilidad en el trágico desenlace, envalentonado Francisco Largo Caballero y desoído Indalecio Prieto, quien fue de los muy pocos que vieron venir a Franco.  Hoy, quedando atrás la hazaña transicional de Felipe González, la (anti) escuela de José Rodríguez Zapatero ha dado paso a la de Pedro Sánchez que no sólo fue capaz de remover utilitariamente el difícil pasado español de heridas disparatadamente reabiertas, sino que se ha aliado al proyecto chavista, por darle algún nombre, encabezado por otro Pablo Iglesias.

En  la península que institucionalizó absurdamente la díada izquierda y derecha, presta a toda suerte de estereotipos, surgen severas advertencias, como la de Cayetana Álvarez de Toledo, sobre el papel del otro Pablo Iglesias que ha caricaturizado al PSOE, halando del fondo del baúl a Largo Caballero. El burro de Troya, así lo llamó ella en una importante sesión parlamentaria, generosamente financiado por las mafias que se hicieron del poder en Venezuela, es promesa cierta de  la debacle española, como un día lo fue Chávez Frías y nadie quiso escuchar, consumando la calamidad.

Quisiéramos adivinar la versión equilibrada, por la que tanto se afanó Jackson, en torno a los días que corren, allende la mar;  además, leída e interpretada por el salvadoreño Joaquín Villalobos. Empero, el ejercicio será para después que cesen las alarmas, porque transitamos un sombrío proyecto intercontinental que tiene por epicentro a la Venezuela emboscada y  ya quebrada que el otro Iglesias fielmente representa.

Luis Barragan
Últimas entradas de Luis Barragan (ver todo)

Comentarios

Comentarios

Guayoyo en Letras