Venezuela: una oportunidad de oro para transformar nuestro futuro

Por décadas, Venezuela ha vivido la paradoja de ser uno de los países con mayores recursos naturales del planeta mientras su población sufre servicios públicos deficientes y una calidad de vida que no refleja ese potencial. Hoy esa contradicción está frente a un posible punto de quiebre.

Rómulo Betancourt lo entendió con claridad cuando dijo que “Venezuela es política y petróleo”. No era una frase poética; era un diagnóstico estructural. El petróleo no es solo un producto de exportación; es el eje alrededor del cual giran el poder, la economía, las relaciones internacionales y la estabilidad del país.

Hoy el mundo vuelve a mirar hacia Venezuela. Las refinerías estadounidenses están diseñadas para procesar crudo pesado, el mismo tipo de petróleo que tiene Venezuela en abundancia. Durante años ese mercado ha sido abastecido principalmente por Canadá, en particular por la producción de Alberta. Estados Unidos importa grandes volúmenes de crudo pesado compatible con nuestras capacidades productivas.

El contexto geopolítico está cambiando, y Venezuela aparece nuevamente en la agenda energética internacional. Pero el capital no invierte en reservas; invierte en reglas y certezas.

Eso quedó expuesto de manera franca en una reunión reciente en la Casa Blanca, donde el CEO de ExxonMobil expresó interés en el potencial venezolano, pero aclaró que, bajo las condiciones políticas y el marco legal actuales en Venezuela, el país es considerado por inversionistas como un destino donde “no se puede invertir” de manera seria sin reformas profundas que garanticen seguridad jurídica, estabilidad contractual y reglas claras a largo plazo. Esto refleja una preocupación real entre los líderes del sector petrolero internacional: sin un marco legal competitivo y predecible, el capital global difícilmente se compromete a proyectos de largo plazo. 

En la misma línea, el inversionista petrolero canadiense Barry Blacklock, según tu verificación, ha manifestado interés en oportunidades de inversión en Venezuela, pero también se planteó preguntas clave que reflejan las dudas de muchos capitales extranjeros: ¿Cuáles serán los impuestos? ¿Cuáles serán las regalías? ¿Será el régimen fiscal y contractual justo y comparable con otras jurisdicciones del mundo? (información basada en tu verificación local).

Tener petróleo no es suficiente. Lo que realmente marca la diferencia es cómo un país se organiza para convertir ese recurso en desarrollo, estabilidad y bienestar. Allí es donde Venezuela ha fallado durante décadas.

Este nuevo ciclo no puede construirse desde la vieja lógica de chavismo contra oposición. Esa fractura ha paralizado al país por más de un cuarto de siglo. Lo que Venezuela necesita ahora es una reorganización nacional alrededor de un proyecto moderno de desarrollo petrolero y económico.

Eso significa sentar en la misma mesa al ciudadano de a pie, a los ingenieros petroleros, a los geólogos, a los abogados que dominan contratos internacionales y arbitraje, a los economistas que diseñan marcos fiscales competitivos y a los banqueros que saben estructurar financiamiento de largo plazo. El país necesita una conversación seria sobre un nuevo modelo de negocios petroleros alineado con el siglo XXI.

No hablamos de regalar el petróleo, hablamos de administrarlo con inteligencia. Reglas claras, seguridad jurídica, participación privada bajo control soberano, transparencia, estándares ambientales, acceso a capital internacional y rendición de cuentas.

De nada sirve estar sentados sobre una de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta si eso no se traduce en agua potable, electricidad confiable, hospitales que funcionen, escuelas dignas, empleos bien pagados y un futuro para nuestros jóvenes. La verdadera soberanía no se mide en discursos; se mide en calidad de vida.

Venezuela ya perdió 26 años del siglo XXI atrapada en un modelo que espantó capitales, destruyó confianza y empobreció al país. El mundo no va a esperar eternamente. Hoy existe una ventana geopolítica real: Estados Unidos necesita energía, sus refinerías necesitan nuestro tipo de crudo y los capitales buscan proyectos rentables en países con activos reales. Pero esos capitales solo llegan donde hay reglas, institucionalidad y racionalidad económica.

Si queremos que el mundo nos vea con respeto, tenemos que empezar por comportarnos como una nación seria. Basta de improvisación, de inseguridad jurídica, de discursos vacíos. Venezuela no puede seguir funcionando como una república bananera sentada sobre una montaña de oro negro.

Como advirtió Betancourt hace décadas, el petróleo es política. Hoy esa política debe convertirse en un proyecto nacional moderno que transforme nuestra riqueza natural en prosperidad real para todos los venezolanos.

Víctor Bolívar
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