Pequeño retrato de la miseria venezolana

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Foto: Ybarra Zavala para la revista TIME en el artículo «Venezuela is dying»

Cuando la intensidad de la noche abraza las calles de Valencia, la oscuridad hace presencia y el frío se hace más denso, una masa de personas acampa afuera del establecimiento de un “supermercado”. A la intemperie y a la suerte de la inseguridad, madres, padres, y otra decena de venezolanos esperan y descansa en medio de la absoluta soledad. Les espera una jornada movida al día siguiente, la misión principal de la mayoría de los venezolanos en este siglo XXI, la nueva dinámica del “hombre nuevo” que tanto idealizo el chavismo: buscar algo qué comer.

Al ver la escena a través del vehículo donde me desplazaba, sólo vi miseria retratada en aquel lugar. Un grupo de personas, que a lo largo de la crisis se organizaron para encarar la situación, ya sea sacándole provecho al vender productos regulados o sencillamente paliar la hambruna de su familia con uno o dos productos que logren conseguir. Ellos pueden ser llamados como sea (bachaqueros, especuladores, acaparadores, pobres) sin embargo son sólo el reflejo de la crisis y consecuencia de la misma.

En Venezuela se ha impuesto un modelo fracasado, que a juicio de sus precursores lo muestran como un fuerte sistema político pero vulnerable a cualquier amenaza. Si no son las potencias extranjeras es una página web, si no es la derecha es la frontera, si no son los empresarios son los venezolanos que le da hambre. Sistemáticamente, se nos ha impuesto el modelo de la miseria y  cada vez que el presidente Maduro se dirige al país, retrocedemos un año más en progreso y calidad de vida.

De manera progresiva, para aquellos venezolanos que estaban durmiendo afuera del mercado aquella noche así como a otros más,  se les ha arrebatado su futuro y cualquier deseo de cambiar, se les impuso que calidad de vida es una bolsa mensual con unos diez productos básicos para subsistir. La “revolución” se quedó sin discurso y busca acoplar la crisis es nuestra normalidad. Quieren pintar de “natural” que maten a decenas de personas todos los días, quieren que sea normal la búsqueda de un medicamento agotado, que sea común la hambruna e innovador la pérdida acelerada del poder adquisitivo del tan devaluado bolívar.

Declaraciones del diputado Eustoquio Contreras recomendado que “hay que aprender a vivir bien con menos” es una absoluta falacia y una falta de respeto para todos. Es reconocer que no están capacitados para resolver las distorsiones y problemas económicos, que no están a la altura para surtir de medicamentos y alimentos todos los establecimientos de éste país.  El puesto le quedó grande a Maduro y su gabinete, y detrás de él toda la izquierda desgastada que lo apoya, que aun teniendo buenas intenciones se hundieron por la lealtad que los ata a éste proceso que acabaron hace tiempo. Pareciera que la nueva revolución consiste en cómo introducir la hambruna, inseguridad y crisis en la normalidad del venezolano.

Por ello, siempre cuando vea la escena de ciudadanos haciéndole cacería a los productos básicos para poder comer o acampando fuera de establecimientos de “supermercados”, cuando vea a enfermos martirizándose en la búsqueda de medicamentos o que maten a decenas de nosotros diariamente, seguiré alzando mi voz en contra de esto, seguiré mostrando mi desagravio y repudio a esta realidad. Porque aunque insistan en normalizarlo en el discurso oficial, esto NO ES NORMAL y a diario debemos repetirlo para nunca confundir lo que está bien y lo que no.

Quiero finalizar agregando que también la oposición perdió la brújula hace rato, se ve desorientada en un mar de críticas y contradicciones a lo interno que debilitan a la MUD y los alejan de la aprobación. Sé es político y se enfrenta la situación con altura o no lo es. Sean oposición y no lo hagan a medias. Tengan coherencia, para eso fueron electos.

 

Elías Castro
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