La historia de Venezuela según mi mamá

Era la mañana del martes 4 de febrero de 1992. Yo tenía once años y dormía en la parte de arriba de la litera de mi cuarto, esperando otro día de colegio. Lo inusual fue que desperté y abrí los ojos ya sin sueño. No entendía por qué mi mamá me había dejado dormir de más cuando, de repente, ella entró al cuarto intempestivamente y le pregunté:

  • Mami, ¿qué pasó?
  • Trataron de matar al presidente. No hay colegio.
  • ¡¡¡Eeeeeeeeh!!!

Mi hermano Stevan de nueve años y yo nos levantamos de golpe, emocionados. No porque estuviésemos a favor de los enemigos del Gocho, como le decían al presidente Carlos Andrés Pérez. ¡Estábamos felices por no tener clases! ¡Todo el día para jugar en el parque con nuestros vecinos! Claro, no sin antes conocer por televisión al nuevo personaje que llegaba a nuestras vidas: Hugo Chávez Frías.

Pasaron los años y tanto mi hermano como yo hicimos nuestras vidas. Él se fue a Estados Unidos y yo me quedé en Venezuela. Luego él siguió a Dubái hasta que terminó en Alemania. Más nunca tuvimos un cuarto para dormir los dos solos. Llegaron las parejas, los hijos, las obligaciones y la distancia. Hasta diciembre del 2025.

Fue cuando mi mamá llamó para decir que mi abuela había salido bien de una operación al corazón, diciéndome luego: “…y Stevan me dio la sorpresa de que viene del veintiséis al tres, pero él solo. ¡Vente! Sería la primera vez que tengo a mis tres hijos juntos en mucho tiempo”. Porque también está mi hermano Adrián, quien vive cerquita de ella y es doce años menor que yo.

Qué plan tan formidable terminó concibiendo, sin saber, el cardiólogo de mi abuela. Mi hermano Stevan y yo volvíamos a estar juntos en un mismo cuarto para hablar con la luz apagada antes de dormir, como cuando éramos niños.

Días maravillosos que terminaron ese sábado 3 de enero de 2026. Una madrugada donde también desperté sin sueño, pero gracias a mis cuarenta y cinco años que me levantan cuando les da la gana. Sin embargo, logré dormir otro rato hasta que entró mi mamá de la nada:

  • ¡¡¡Agarraron a Maduro!!!
  • ¿Ah?
  • ¡¡¡Lo dice CNN!!!
  • ¡Coño!

Me levanté emocionado. Volvería al mismo edificio a ver a mis vecinos en el parque, solo que más calvos y gordos.

Un 4 de febrero de 1992 y el 3 de enero de 2026. Dos momentos en donde mi mamá anunció el giro de la historia venezolana. Dos momentos exactamente separados por treinta y tres años, diez meses y treinta días. Dos momentos que marcan principio y final de una etapa en la historia de Venezuela llamada Chavismo.

Y ese 3 de enero a mi hijo Tobías también lo despertó su mamá para darle la noticia: “¡Toby, agarraron a Maduro!”. No le quedó sino emocionarse por las razones correctas. Obviamente no había clases. Lo curioso es que también recibe la noticia a sus once años, como yo en el ‘92. Ojalá disfrute de una Venezuela libre, que dure mucho más de treinta y tres años, diez meses y treinta días. Aunque de eso nos enteraremos más adelante, cuando Tobías tenga cuarenta y cinco años y yo setenta y nueve.

Reuben Morales
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