DE LA NEGACIÓN Y EL AUTOENGAÑO…

Por Mariana Areyan

img 0762-copyEstudié durante un año en EEUU, recuerdo que una compañera colombiana dijo abiertamente que la gente le parecía gorda o más gorda con respecto a la gente de su país de origen, no lo dijo en tono de crítica ni burla, solo compartió su primera impresión, se armó un revuelo en el colegio, se hirieron susceptibilidades, algunos se sintieron ofendidos, otros se molestaron, otros se burlaron de ella en tono sarcástico, siendo Estados Unidos es uno de los países con el mayor índice de obesidad en su población adolescente.

 

En varias ocasiones he participado en conversaciones con extranjeros sobre Venezuela, tanto personalmente como vía internet, he visto cuando ciertas personas manifiestan su preocupación por  temas como la delincuencia, el sistema judicial y el oscuro realismo mágico que se vive en  las zonas fronterizas, a lo que otros compatriotas reaccionan diciendo que les molesta que hablen “mal” de Venezuela.  Pienso que compartir preocupaciones, percepciones y experiencias negativas, no es hablar mal de Venezuela, los hechos son los hechos y cada quién le da su valoración.  Ocultar las situaciones del país no es la mejor manera para mejorar,  todos los países, tienen  sus encantos y desencantos, la verdad siempre estará ahí, como he mencionado en otra oportunidad “Lo que niegas te somete…

 

Entonces, como resulta mucho más sencillo engañarse y atacar al otro en lugar asumir y afrontar, suponemos que los jóvenes estadounidenses seguirán así…

 

Estamos en tiempos extrema susceptibilidad, nadie puede decir su opinión libremente en las redes sociales sin que las personas que no están de acuerdo reaccionen con insultos, o se sientan ofendidos, antes de darse la oportunidad de iniciar un debate e intercambiar ideas, al final, son solo eso, ideas.  Ese punto de la susceptibilidad guarda una estrecha relación con el autoengaño, creo que mientras más susceptible sea el individuo mayor es la negación.

 

bicycle built for two vintage photoEl autoengaño, viene en presentación individual  y colectiva, puede ser aprendido, no sé de dónde ni cómo se aprende, puede ser a través del proceso de socialización y adaptación al sistema del cual pertenezca el individuo o puede ser la manifestación de la negación de darnos la oportunidad de conocernos  y aceptarnos como realmente somos. 

 

Esto de la negación y el autoengaño resulta complicado, en ocasiones se pueden alcanzar tales niveles al punto de creerlo genuinamente, resultando más difícil la aceptación y por lo tanto el cambio.  Todos sufrimos de eso en mayor o menor escala y en diferentes circunstancias, unos se engañan con sus sentimientos, otros con sus pensamientos, otros con sus gustos. 

 

He visto en reiteradas ocasiones eso de que Venezuela es el país más feliz del mundo, no se quién realiza esa estadística y tampoco se en que se basa, a mi me cuesta creer eso.  Creo que los venezolanos podemos ser los más alegres, divertidos, joviales y entusiastas, pero estos niveles de violencia jamás tendrán coherencia en un estado de felicidad, pienso que somos evasivos y  ese vicio del autoengaño, le ha hecho creer a muchos que somos “los más felices”, y está bien creer eso, la incongruencia se presenta cuando nos hace ruido que alguien opine lo opuesto. 

 

Cuando otra persona nos causa ruido con su forma de ser y de pensar, seguramente estamos proyectando en ellos situaciones internas, un ejemplo tan sencillo como que los chavistas son los adecos del 2000: viajes, joyas, whisky y rumba, se odian porque son iguales y lo niegan. 

 

Así somos, como individuos y como colectivo, como dice Joaquín Sabina:

Corre, dijo la tortuga,

 Atrévete, dijo el cobarde,

estoy de vuelta, dijo un tipo que nunca fue a ninguna parte…

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