Astucia versus fuerza

La represión ha recrudecido los últimos días. Han sustituido las ilegales y nocivas bombas lacrimógenas por balas calibre 7.62 mm (armamento de guerra) para reprimir, mutilar y asesinar a quienes hoy están en la calle y que cada día son más, producto de la indignación generalizada que se ha viralizado y se esparce como pólvora por todos los rincones de Venezuela.

El Táchira: frontal contra la tiranía castro chavista desde siempre, Mérida se rebela a pesar de estar cundida de Tupamaros y colectivos asesinos, pero, Barinas, la cuna del finado ex presidente Chávez, se ha volcado de lleno en contra la tiranía y el statu quo local. Turbas enardecidas concurrieron ante los altares rojos sagrados de la ciudad (casa de nacimiento de Hugo Chávez, Comando de la Guardia Nacional y otras instituciones), fundiéndolos en llamas.

Es inútil, ilógico y hasta atrevido pensar que quienes hoy responden con proporcionalidad del medio con que los reprimen y asesinan, sean tildados de radicales, extremistas, infiltrados y terroristas por los líderes de “oposición” que buscan congraciarse con todos, jugando un rol politiquero deprimente y dándole la espalda a los venezolanos que son azotados por los invasores.

Es irreversible. Los abusos han sido tantos, y tan cruentos, que la indignación ha superado los límites que el invasor tenía pensado. Quizás, dentro de sus macabras mentes criminales, se hayan figurado que, si agudizaban la represión y mataban a unos cuantos civiles, el resto se aterrorizaría y las aguas se calmarían, al contrario: el espíritu libertador venezolano despertó, ante tantas torturas y desmanes, y hoy no podrán contener el clamor popular de cambio radical del sistema opresor por la libertad.

Hagamos un paréntesis para analizar lo siguiente: El gobierno está utilizando claramente los preceptos del “Arte de la Guerra” de Sun Tzu contra los venezolanos, ya desde hace unos años en los que crearon el escenario bélico artificial llamado “guerra económica”, que les ha dado Patente de Corso para tomar medidas drásticas en todos los ámbitos de la vida civil, económica, penal y legal, suficientes para destruir, con mayor saña, el remanente de las instituciones republicanas que el venezolano tuvo alguna vez para resguardarse ante los tiranos.

Estamos en guerra, y no porque queramos, sino porque nos la impusieron; y como venezolanos dueños de la tierra, tenemos que pelearla, pero antes debemos saber cómo hacerlo para conseguir la victoria.

Lo primero que se debe conocer es que se trata de una guerra asimétrica, esto quiere decir, una guerra sin equidad entre las partes: en donde una ostenta toda la capacidad de fuego y la otra está, “virtualmente”, indefensa. Cito el término “virtualmente” porque no estamos del todo indefensos, somos muchos más que ellos, superándolos por millones, pese que al día de hoy no contemos con la comunicación eficaz para canalizar correctamente las acciones que debemos tomar en cada rincón del país y poner en jaque a la tiranía. Debemos unirnos, con fortaleza de carácter y voluntad, a sabiendas que no será fácil, pero muchos menos imposible.

El miedo es nuestro peor enemigo, ellos lo saben y precisamente es lo que debemos vencer. ¿Y cómo se vence? Poniéndose al servicio de la patria luchando en cualquier terreno y ámbito en contra del invasor. Somos millones en contra de un grupito, ¿cómo podríamos salir vencidos?

Una de nuestras primeras acciones como resistencia organizada debe ser derribar el muro ideológico que nos han impuesto. Saber que con elecciones no habrá cambio alguno de sistema, sino de actores, ergo las directivas del plan opresor seguirán incólumes: saquear a la nación.

También debemos asumir que somos mayoría. Es imperativo armar grupos con personas de confianza, resteados con el cambio, no más de diez, que puedan emprender acciones concretas sincronizadas que tomen desprevenido al régimen invasor. No podría decir por acá que acciones puedes tomar, pero puedes imaginar muchas formas de darle estocadas al regimen y al supuesto clima de “gobernabilidad” que aún persiste y que debe romperse para hacer huir a la bestia herida.

Utilizar herramientas electrónicas de comunicación es imperativo para lograr una efectiva consecución de objetivos en simultaneo. Si tienes un teléfono inteligente, puedes descargar una aplicación llamada Firechat, que te permite usar tu teléfono como walkie talkie (o radio) mediante su módem WiFi. ¿Cómo es esto? ¿Necesito tener saldo o gastar mi cuota de megas para unirme? La respuesta es NO. Firechat usa el chip WiFi soldado en la placa de tu teléfono para comunicarse con el dispositivo más cercano en un radio de 200 metros que esté utilizando esa misma aplicación. Si hay una persona cada 100 metros hasta cubrir un radio de 3 kilómetros o un poco más, todos podrían comunicarse sin gastar un céntimo, dándole nacimiento a una gran “red telaraña”, en donde todos podrían comunicarse al momento, en completa seguridad bajo encriptación de datos SHA256.

Concluyo diciendo que, para lograr la victoria en el tablero del invasor se debe tener cautela. Ganaremos esta guerra sin bajas ni encarcelamientos, con el menor uso posible de la fuerza de choque, utilizando la organización como elemento principal y la sorpresa como ataque. Los golpes que reciban cuando descansen, serán determinantes para sacarlos su zona de confort. Eso nos hará ganar.

Que la indignación no te hunda en la depresión sino en motivación para unirnos inteligentemente y expulsar de una vez al régimen que hoy acudió a la violencia como último recurso, y que con astucia lograremos combatir sin más bajas de la resistencia: los necesitamos para la nueva Venezuela que viene. Cabeza fría para no dejarse amedrentar por el miedo que intentan infundir. La bestia lanza zarpazos cuando está arrinconada. Nuestro deber y objetivo es atarla y enjaularla.

Quedo siempre a las órdenes de quienes quieran libertad.

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