La Venezuela en retroceso

Por increíble que parezca, y así seas defensor acérrimo del Gobierno actual, hay una realidad innegable: Venezuela no está progresando. Y más allá de eso, y aunque se intente solapar, hay algo más evidente: Venezuela, hoy, se encuentra en franco retroceso.

Se pueden mencionar múltiples ejemplos de ello, pero por la relevancia social que tienen en este momento, es preciso abordar tres aspectos: la alimentación, la salud y la democracia.

Y aunque las comparaciones son odiosas, en el análisis político, es necesario establecer marcos referenciales. Y más si se habla de temas delicados como los mencionados, aunque respetando obviamente, las características y situaciones particulares de cada país.

Pero, ¿quién puede negar que Venezuela en este momento se encuentra abismalmente alejada de la calidad de vida con la que cuentan, incluso, naciones hermanas suramericanas? En lugares del mundo, se impulsan políticas públicas para la atención de problemáticas relacionadas con excesos alimenticios, mientras aquí, el Ejecutivo Nacional, distribuye bolsas de comida, que difícilmente pueden satisfacer y cumplir con los estándares nutricionales que requiere una familia.

Porque aunque el discurso oficial, viene cargado de palabras pletóricas, en las que manifiesta su gran vocación en pro de la igualdad, la justicia y la atención social; su bolsa o caja clap (cuando por fin llega), entrega azúcar a personas diabéticas, no entrega alimentos adecuados para veganos o celiacos y, peor aún, no incluyen alimentos indispensables para los niños. Es decir, el Gobierno asume, que toda la población tiene las mismas condiciones y posibilidades de comer cualquier cosa.

En el ámbito de la salud también se ha retrocedido, según el último boletín epidemiológico publicado por el Ministerio de Salud, que le costó el puesto a la ministra de entonces Antonieta Caporale, una enfermedad como la malaria, controlada por más de 50 años, ha tenido un grave repunte. Hasta el punto en que durante el período 2011-2016, se generaron 640 mil 493 casos. Sin ahondar en los delicados números, que reflejan un incremento sustancial en la mortalidad materna e infantil.

Como si toda esta crisis social no fuera suficiente, la crisis institucional y democrática de la República Bolivariana de Venezuela, no se queda atrás. El mundo entero en estos momentos, realiza profundas reflexiones referentes al porqué los ciudadanos del Reino Unido decidieron optar en el referendo (ese mecanismo “rarísimo” que consiste en consultar a los ciudadanos sobre temas delicados para un país), por la opción de separar a su nación de la Unión Europea.

Incluso, a raíz del resultado electoral, el primer ministro David Cameron, quién apoyaba la opción de mantenerse dentro de la Unión Europea, dimitió, y su sucesora Theresa May, obligada por esta situación convulsa, decidió solicitar comicios generales anticipados, para tratar de estabilizar la institucionalidad de su país. Pero eso sí, lo que no se hizo fue tomar decisiones sin preguntarle al pueblo.

Y claro, muchos dirán: eso es Europa, el primer mundo, el desarrollo, la revolución industrial y otras tantas cosas. Está bien, hablemos de algo más cercano. Del vecino y hermano pueblo colombiano. Ese mismo, que también fue llamado a las urnas para que se expresara y definiera su postura sobre el proceso de paz, que se desarrollaba entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP. El resultado, también controversial e inesperado, obligó a las partes a ajustar el acuerdo de pacificación. Y lo más importante, las personas pudieron hablar a través del voto.

Casualmente, en esa misma nación, el día martes 27 de junio de este año, se celebraba una jornada histórica,  en la cual las FARC-EP, entregaban su última arma, poniendo de esta forma fin a un conflicto bélico de más de 50 años. Mientras, su vecino país Venezuela, tenía el lamentable placer de escuchar de su Jefe de Estado las siguientes declaraciones:

“Si Venezuela fuera sumida en el caos y la violencia y fuera destruida la revolución bolivariana, nosotros iríamos al combate, nosotros jamás no rendiríamos. Y lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas1”.

De esta forma y por una curiosidad del destino, Colombia y Venezuela anunciaban al mundo, el mismo día, dos hechos trascendentales aunque diametralmente opuestos entre sí: Colombia, que entra al siglo XXI, luego de una cruenta guerra, que la tenía sujeta al pasado. Y, Venezuela, que desgraciadamente vuelve al siglo XX, por culpa de un Gobierno que amenaza a su propio pueblo con alcanzar a plomo limpio, lo que no pueda con los votos.

Sin embargo, Venezuela puede ser más que esto, más que un sectario declarándole la guerra a los que disienten, más que un hombre con anhelos de caudillo intentando subyugar a quien no se la cala, más que un discurso beligerante intentando demostrar fuerza donde no la hay. Podemos ser más que esto y no hay duda… ¡lo seremos!

1 Pdte. Maduro: ¡Lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas!: 

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