Economía para la gente
El Proteccionismo y sus mitos (VIII)

En el artículo anterior continuamos esta disertación sobre el Proteccionismo, básicamente argumentando a favor del libre intercambio, revisando sus loables consecuencias, y en contra de la autarquía y sus terribles resultados. También continuamos listando y analizando brevemente una serie de mitos que existen en torno al Proteccionismo, y justifican y fomentan su práctica:

Mito #1: Las importaciones (y los déficits comerciales) son malos; Las exportaciones (y los superávits comerciales) son buenos.

Mito #2: Ser una “nación deudora” es económicamente perjudicial.

Mito #3: Las importaciones están destruyendo empleos nacionales.

Mito #4: Debido a la competencia internacional, el sector manufacturero del país está disminuyendo.

Mito #5: Debido a la competencia internacional, muchos puestos de trabajo recién creados son de baja remuneración.

Mito #6: La mano de obra extranjera barata es una ventaja injusta.

Mito #7: La protección es necesaria para contrarrestar el “dumping”.

Mito #8: La protección temporal es necesaria para “comprar tiempo” y adaptarse a la competencia.

Ahora continuaremos nuestras reflexiones en torno a este importante tema, culminando esta serie de artículos sobre el Proteccionismo y sus mitos.

Mito #9: Debemos restaurar una “igualdad de condiciones” levantando (creando) barreras comerciales contra países que tienen barreras comerciales contra nosotros.

Consiste en una estrategia de “cortarse la nariz a pesar de que se trata de nuestra cara”, o de auto-infligirse un daño. Si los gobiernos extranjeros son lo suficientemente tontos como para dañar a sus propios ciudadanos al erigir barreras comerciales, es muy lamentable para esos ciudadanos. Pero no hay razones sólidas para que los consumidores domésticos o nacionales sean castigados por las mal concebidas políticas comerciales de los gobiernos extranjeros.

Además, las represalias comerciales serían hipócritas, ya que las restricciones comerciales nacionales a las importaciones extranjeras, a menudo son mucho mayores que las restricciones extranjeras sobre las importaciones nacionales. La industria local generalmente presiona por protección en base a la “competencia desleal” de los proveedores extranjeros. La hipocresía de esta afirmación se deriva del hecho de que no existen barreras impuestas tan altas por los gobiernos extranjeros a la importación de productos domésticos, pero los productores extranjeros sí deben pagar aranceles domésticos altos al exportar a nuestro país.

Las represalias comerciales pueden ser un juego político muy peligroso. La tarifa Smoot-Hawley de 1930 generó una guerra comercial internacional que ayudó a precipitar la Gran Depresión. Docenas de países respondieron al arancel Smoot-Hawley al erigir barreras comerciales para los bienes fabricados en Estados Unidos. En consecuencia, el valor de las importaciones en los 75 países comerciales más activos cayó de más de 3.000 millones de dólares en 1929 a alrededor de 1.000 millones de dólares en 1932, lo que llevó a la economía mundial a una depresión.

Las represalias comerciales son intrínsecamente contraproducentes. Al reducir el flujo de dólares doméstico, los extranjeros tendrán menos dólares para gastar en nuestro país, lo que eventualmente dañará las industrias de exportación nacionales. Las exportaciones nacionales caen generalmente una vez que se reducen las importaciones. En consecuencia, el empleo en las industrias relacionadas con las exportaciones, que representan una parte importante del empleo en el país, caerá.

Mito #10: El proteccionismo beneficia a los miembros de los sindicatos.

Esto es probablemente cierto en el corto plazo, pero ciertamente no en el largo plazo. Debido al proteccionismo en industrias como la agrícola, el acero, los automóviles, y los textiles, los sindicatos prosperan mediante la imposición de reglas favorables para ellos, y la negociación de salarios súper competitivos. Mientras la competencia internacional no sea muy efectiva, es factible aumentar los salarios y reducir la productividad. Sin embargo, la competencia internacional finalmente reacciona, como inevitablemente lo hace, y las industrias domésticas pasan a estar en una severa desventaja competitiva. Pierden cuota de mercado, despiden a miles de trabajadores, y la afiliación sindical disminuye dramáticamente. Por lo tanto, el proteccionismo puede haber ayudado a los sindicatos en el corto plazo, pero es una causa principal de su actual malestar. No es casualidad que algunas de las industrias sindicalizadas de mayor letargo en el país, como el acero, los automóviles, los textiles, estén también entre las más protegidas.

Conclusiones

En resumen, una economía dinámica es esencial para el crecimiento económico y la creación de empleo, y el proteccionismo sólo obstaculiza las adaptaciones necesarias al cambio económico. Como ha escrito el Premio Nobel de Economía (1974) Friedrich Hayek, los beneficios de la competencia y el crecimiento económico son los resultados de tales cambios, y se mantendrán sólo si se permite que los cambios continúen. Pero todo cambio de este tipo perjudicará algunos intereses organizados, y la preservación del orden del mercado dependerá, pues, de que esos intereses no puedan impedir lo que no les gusta.

Este interés general sólo se satisfará si se reconoce el principio de que cada uno debe someterse a cambios, cuando las circunstancias que nadie puede controlar determinan que uno es el que se encuentra bajo tal necesidad (de cambiar).

El proteccionismo puede proporcionar algunos beneficios a corto plazo a un pequeño número de intereses especiales, pero a un costo mucho mayor para el resto de la sociedad. Las restricciones al comercio internacional son ineficaces, injustas y contraproducentes, y no deben ser impuestas.

Bueno amigos, en este punto concluimos con esta serie de artículos sobre el Proteccionismo. Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
Rafael Avila

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