Una pequeña historia de la banca (VI)

En este artículo continuamos mostrando la evolución cualitativa de la banca como negocio.

En una primera fase, los reinos o gobiernos, se asocian con banqueros y crean este nuevo banco, que inicialmente comienza compitiendo con el resto de la banca por la preferencia del cliente. Pero como los gobiernos necesitaban financiar sus déficits, rápidamente comienza el financiamiento por parte del banco. Si el banco deja de financiar a unos, para financiar al gobierno (o reino), la cantidad de billetes impresos no cambia; pero si para financiar al reino se imprimen nuevos billetes sin el correspondiente depósito de monedas, cada billete pierde valor. Ahora circularán más billetes de ese banco, para la misma cantidad de moneda de respaldo. Si todos vinieran a canjear los billetes por las monedas (p.e. oro o plata), no habrá suficientes para todos. Pero esto pasa en la banca fraccionaria, y el banco gestiona ese riesgo de liquidez, con la ley de los grandes números y el manejo de señales y expectativas de solidez del banco.

Si la gente empieza a notar que cada vez circulan más y más billetes de un banco, y crean que no hay el correspondiente respaldo en monedas, podrían considerar que vendrá un evento de iliquidez del banco, y como saben que el que llega de último a canjear sus billetes, no conseguirá nada, se podrían anticipar (la “huida hacia adelante”) y desatar una “corrida” contra el banco, llevándolo a la quiebra. Lo mismo irá ocurriendo paulatinamente en la cámara de compensación, cuando los bancos canjeen sus billetes entre ellos por la moneda de respaldo.

Si el reino o gobierno continúa con una gestión presupuestaria deficitaria, y que la financia con endeudamientos con ese banco “socio”, que son cada vez mayores; y si a esta situación le agregamos que la expectativa de incumplimiento del pago de esas deudas por parte del reino o gobierno, sea cada vez mayor; es decir, que se incremente el riesgo de impago del gobierno o reino, entonces la probabilidad de una “corrida” bancaria se incrementa.

Y así ocurrió en la historia de la génesis de la banca central: los reinos se endeudan en exceso para cubrir sus déficits, incumplen en los pagos, y se da el estrés de liquidez sobre el banco que financia. Pero que como éste es propiedad (inicialmente en una fracción) del mismo reino o gobierno, continúa el financiamiento. Estas malas señales se concretan en que la gente acude al banco a redimir sus billetes en la moneda de respaldo. Si esta situación se sale de control y exacerba, el banco va a quebrar porque no podrá cumplir con el canje o redención de una suma importante de sus billetes.

Pero en la historia evolutiva de la banca, antes que la quiebra ocurriera, dado que el banco es propiedad del reino o gobierno, se dio un paso importante: se suspende la posibilidad de redención de los billetes de ese banco; ya no se pueden canjear estos billetes por la moneda de respaldo (p.e. oro y plata en su momento). Los billetes de este banco dejaron de ser redimibles.

Por supuesto, el siguiente paso fue prácticamente inmediato. La tendencia natural de la gente va a ser preferir billetes con respaldo que billetes sin respaldo; es decir, preferir billetes redimibles antes que billetes no redimibles. Por lo tanto, los billetes de ese banco que ya no redime pierden valor frente a los demás billetes. La gente deja de aceptarlos en el comercio.

La respuesta a esta natural reacción, por parte de los reinos o gobiernos, no fue entender el error de suspender la redención de los billetes de su banco, originado a su vez en la excesiva emisión de billetes sin respaldo para cubrir déficits fiscales vía endeudamiento, y en los incumplimientos de pago de estas deudas. Es decir, entender que el origen del problema está en un recurrente déficit fiscal que se fue cubriendo con deuda, emitiéndose para ello billetes sin respaldo, deuda que a su vez fue impagada. La respuesta de los reinos o gobiernos fue, por el contrario, otra “huida hacia adelante”: como ya nadie aceptaría los billetes de su banco, se crea el curso forzoso y legal. Es decir, de ahora en adelante sólo serán aceptados y sólo podrán circular los billetes emitidos por este banco.

De esta forma, terminó de perecer lo que restaba del sistema de banca libre. Se sustituyó la banca libre por el sistema de banca centralizada. Ya no habrá redención de billetes por la moneda de respaldo, ni habrá competencia entre billetes de distintos bancos, pues legalmente sólo podrá circular el billete emitido por el banco propiedad del reino o gobierno. Este paso en la evolución de la banca no fue espontáneo; fue impuesto por “razón de Estado”. Luego, lo que ocurrió en esta historia cualitativa de la banca, fue que el reino o gobierno terminó sacando a sus socios, por expropiación o por compra de las acciones de estos, y quedándose con la completa propiedad del banco. Este recorrido es el que en términos generales han seguido todos los bancos centrales en el mundo; y hoy prácticamente vivimos en un mundo de banca central, en el que paradójicamente se ve como extraño y hasta como si fuera una insensatez, retornar a un sistema de banca libre.

La banca centralizada se enfrenta al reto de controlar la inflación, la emisión de billetes sin respaldo, controlar la masa monetaria y la liquidez, el financiar los déficits de los gobiernos, la creación de burbujas, la volatilidad de los ciclos económicos, el crecimiento económico, el ajuste de la oferta monetaria a la demanda de dinero, la competencia entre monedas centralizadas (fiat money), la competencia con criptomonedas y otros medios de pago, el manejo de las tasas de interés, y su autonomía frente al gobierno.

Bueno amigos, con esta entrega concluimos nuestro recorrido por esta fascinante historia de la banca.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
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